Dos grandes -grande entendido desde el hecho de que seguimos hablando de ellos todavía- admirándose mutuamente. Desde lugares muy distintos, desde territorios disímiles, pero con inquietudes recíprocas. Dos grandes que coincidieron en el tiempo, y cuya obsesión implacable por la imagen los llevó a explorar las posibilidades de la imagen misma desde dos trincheras artísticas: la plástica, y el cine. José Clemente Orozco, el creador de los murales portentosos y desproporcionados que mantienen al cuello siempre en los ángulos incómodos de la fascinación, y Sergei Eisenstein, el maestro soviético de las audiovisuales, desbordado de vida y referente del cine, se escribieron cartas en algún momento de sus vidas. Jamás se vieron en vida. Pero sí se dedicaron palabras. Y esa correspondencia inesperada, que se asemeja mucho a un milagro de la literatura, llegó para los tapatíos en la exposición “Correspondencias: Orozco-Eisenstein”, que se inauguró este jueves en el Museo de las Artes de Guadalajara (MUSA), y que marca el punto de partida para las próximas actividades del Festival Internacional del Cine de Guadalajara (FICG). La galería del MUSA estaba concurrida. La ceremonia de inauguración contó con las presencias de Moisés Schiaffino, director del MUSA, Estrella Araiza, directora del FICG, Alexander Batadeev, Ministro Consejero de la Embajada de Rusia en México, y la curadora Laura Ayala, quienes agradecieron la presencia de los asistentes, y celebraron a su vez la unión inesperada de artistas -y de países- tan importantes, por medio del lenguaje sin fronteras del arte. “Correspondencias: Orozco-Eisenstein” conduce por un recorrido en el que se muestra a un Orozco menos portentoso, sino más pequeño, en bosquejos y borradores, en grabados y caricaturas. Los asistentes se interesaron en particular por esa dimensión menos conocida del muralista. "Nunca había visto que Orozco hiciera dibujos tan pequeños, casi cómics", comentó Daniel Escobedo, de 27 años. "Nada que ver con los murales del Cabañas". Romina, curadora de arte, dijo que asistió porque desconocía por completo que alguna vez los dos maestros tuvieron correspondencia. "Los dos me gustan mucho, entonces es interesante pensar eso, que nunca se vieron pero se escribieron. Es como un 'spinoff' interesante". En la exposición puede mirarse también "Viva México", la película que Eisenstein filmó aquí, que aunque cae en imágenes estereotípicas del país rural, sombrerudo y de acordes rancheros entre nopales, también está cargada de comentarios políticos, contra la injusticia, contra la precariedad del México de su tiempo. Eisenstein era de corazón inquieto. En sus dibujos garabatescos, como si las cosas del mundo entero estuvieran hechas todas de aire, Eisenstein trazó también sus romances tórridos, la pasión irremediable desde la cual vivía los días. En una de sus correspondencias a Orozco, puede leerse "tres veces se cruzaron nuestros caminos (...) tres veces dejamos de pasar la oportunidad de estrecharnos la mano, cosa que anhelábamos desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, el lugar de nuestro encuentro existe aun cuando no se lo fije geográficamente". Palabras que por muchas razones podrían pertenecer a lo improbable, pero que ocurrieron. Una coincidencia que la historia dejó en letras. “Correspondencias: Orozco-Eisenstein”, estará disponible en el MUSA hasta el 2 de agosto.MF