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Martes, 20 de Noviembre 2018

"Lo peor que podemos hacer es olvidar la tragedia"

El autor de origen vasco Imanol Caneyada  nos habla sobre su más reciente novela “49 Cruces Blancas” (Planeta), en la que toca un tema real como lo es el incendio de la Guardería ABC, pero confeccionado de ficción
 

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"Lo peor que podemos hacer es olvidar la tragedia"

Las huellas del incendio sucedido el 5 de junio de 2009 en la Guardería ABC de la ciudad de Hermosillo, Sonora, siguen presentes en la actualidad. ¿Negligencia, corrupción, hacerse de la vista gorda, chivos expiatorios? Las respuestas puede que se encuentren en este libro llamado “49 Cruces Blancas. La novela de un incendio que no acaba de extinguirse”, en el que su autor Imanol Caneyada insiste que es ficción, pero es innegable que los involucrados, desde la Presidencia de México hasta los juzgados, aparecen en ella con su debido grado de responsabilidad, la cual por supuesto nadie pagó con cárcel, o al menos quienes deberían, por la muerte de 49 niños.
En entrevista, el escritor norteño por adopción nos dibuja su panorama sobre la tragedia, tomando como personaje clave a un abogado y ministerio público venido a menos llamado José González, mejor conocido como “Pitic”.

-Eres sonorense por elección, pero de origen vasco. Al leer tu más reciente libro me imagino que es escrito por alguien puramente local, de Hermosillo, sin embargo, me gustaría saber ¿cómo es que llegaste a México y terminaste involucrado en un libro como éste, que aborda un tema que aún duele?
-Tengo ya muchísimos años en México y buena parte de esos años en Sonora. He asimilado la cultura mexicana e idiosincrasia y mi trabajo literario es desde esa experiencia. El haber nacido en España para mí ya queda lejos, sin plan previo me quedé en México y cuando quise darme cuenta ya vivía y me adapté a este país con sus contradicciones y virtudes. Sobre el libro, es un hecho (el incendio de la Guardería ABC en 2009) que como periodista y ciudadano me tocó estar cerca de Hermosillo y sí es mucho más doloroso de lo que creemos.

-¿Qué te llevó a hacer ficción de una historia real como ésta?, en la que aún se siente el calor de las cenizas a casi una década de la tragedia.
-Digamos que no tenía gran cosa que aportar desde la perspectiva de la investigación periodística y documental. Y por otro lado, desde el género de la novela, ha sido algo que nos ha permitido entrar en contacto con la vida íntima de los individuos a través de lo que llamamos personajes, que por más que sean de ficción, para los lectores son seres de carne y hueso que tienen importancia en nuestra vida. Eso es la gran aportación de la novela en términos históricos y humanos, el presentarnos como individuos con una dimensión que tal vez el periodismo documental no puede darnos. Me interesaba más este aspecto que el dato duro que pudiera arrojar más o menos luz sobre el caso, al final asumo que la novela puede ser ese instrumento. Y al final esto me apasiona hacer, escribir.

-Al abordar la historia nos haces sentir en la piel de José González “Pitic”, ¿cómo lograste esa conexión y qué tan fácil o difícil fue desarrollar este personaje?
-Al principio fue difícil, porque no encontraba el personaje que contara la historia. Lo que me pasaba es que contaba la historia desde mi propia indignación, como autor desde mi propio coraje y rabia. Y me di cuenta que si quería contar una historia más y literatura sobre todo, tenía que encontrar una voz narradora que me permitiera distanciarme y acercarme paulatinamente a la tragedia. Entonces fue que encontré a este personaje sínico, nihilista, fracasado, con una relación con la tragedia totalmente lejana, ha sido víctima y victimario de este sistema perverso que en la novela tiene que enfrentar. Es un personaje muy de novela negra, lo que me permitió ir acercándome a la tragedia con una visión más global, en lugar de haberla contado desde la voz doliente de la víctima.

-Desde Daniel Karam, Felipe Calderón, Margarita Zavala, Molinar Horcasitas, Claudia Pavlovich, Eduardo Bours hasta el peritaje Smith, ¿cómo tejiste la historia para contar la verdad y además poner un poco de tu imaginario, sobre todo al tocar estos nombres y el peritaje?
-Esta información dura corresponde con la realidad, es algo que tenía y había acumulado, no tanto pensando en escribir una novela, sino por mi propio oficio como periodista. Una vez que recuperé esa información y reuní determinados datos, me concentré en escribir una novela de forma que su dinámica iba de alguna manera exigiendo esta información puntual que tiene que ver con la realidad y que tiene que ver con el caso de la guardería. Así que puse al servicio de la novela, de la historia y de los personajes, de la estructura y de la trama, la información (alguna quedó fuera porque iba a romper con el ritmo de la novela), así que todo iba en función del mecanismo ficcional del relato. Al principio corría el riesgo de que la novela se pusiera al servicio de esos datos reales, con lo cual podría naufragar la novela y convertirse en un híbrido entre crónica periodística y novela, al final entendí que lo que tenía que hacer era una novela y que esa información iba a apuntalar la historia pero el objetivo no era tanto dar a conocer esa información, porque no son primicias.

-Otra de las cosas que me gustaron es la forma en que ambientas cada escenario, cuidando cada detalle, ¿eso fue una forma de adentrarnos de manera sutil en la tragedia?
-Sí, tiene que ver con eso y tiene que ver que a medida que escribía la novela la ciudad se convertía en un personaje. Descubría que la novela era también sobre ¿qué era lo que le había pasado a esa ciudad después de una herida tan profunda y sangrante?; ¿qué había sido de nosotros? En ese antes y después del incendio, de manera que Hermosillo se convierte en un personaje y esta organicidad de la ciudad me obliga a ver cada uno de los aspectos que menciono, porque dejó de ser un escenario para transformarse en un ente presente.

-¿Hay conexión personal con lo que describes en el libro, como los libros que lee “Pitic” o la música que escucha, y te reflejas en el texto?
-En algunas cosas sí. La decisión de que Pepe “Pitic” tenga estos gustos musicales tiene que ver por ejemplo con algo muy simple, pero a mí me sorprendió mucho cuando yo llegué a Sonora (en 1997), encontrar a gente más o menos de la generación del personaje -que es de mi generación- con el conocimiento que tenían del rock en español, de bandas mexicanas, argentinas, chilenas y españolas, y esto fue como un guiño, un homenaje al personaje que crece escuchando esta música y por eso se me antojó armar una banda sonora con estas circunstancias. Pero sí hay cuestiones como los gustos literarios que están un poco enfrentados a mí como autor, se los presto al personaje y tiene ciertas visiones políticas, sociales y filosóficas. En otros muchos aspectos es muy independiente “Pitic”.

-Por último, ¿la gente encontrará un bálsamo en tu libro, es decir respuestas o consuelo?
-Hasta ahora la reacción de los lectores que han interactuado conmigo en redes sociales o en presentaciones, bálsamo y consuelo no han encontrado. Sí han encontrado impotencia, coraje, dolor. De alguna manera ese dolor contribuye a mantener la memoria viva, porque lo peor que podemos hacer no solamente en esta tragedia, sino en muchas otras que nos han pasado, es olvidar. El olvido está presente en la novela todo el tiempo, la posibilidad del olvido y la necesidad de recordar a pesar de que tal vez la memoria ahorita en lo inmediato no nos parezca útil más que para sufrir, yo creo que a la larga la memoria puede ser la única posibilidad para que no sucedan otra vez tragedias como esta y vayamos transformándonos como sociedad.

Sobre el autor

Imanol Caneyada es narrador y periodista de origen vasco pero sonorense por decisión. Nació en San Sebastián en 1968 y vive en México desde hace 28 años. Aquí adquirió la nacionalidad y ha desarrollado su trabajo periodístico y literario. Entre sus libros están “La nariz roja de Stalin”, ganador del Premio Regional de Cuento de Ciudad La Paz en 2009; “Los confines de la arena” e “Historias de la gaya ciencia ficción”, entre otras novelas como “Hotel de arraigo”, acreedora al Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares en 2015.

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