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Domingo, 18 de Noviembre 2018

Cultura

La mente creadora de escenarios

Jorge Ballina nos habla de sus inicios en el mundo del montaje y cómo ha sido el camino que hoy lo coloca como un referente en su ámbito

Por: Jorge Pérez

Trabajo integral. Ballina usa todos los elementos visuales en una escena, el impacto de la luz y el color sobre las texturas y materiales para lograr el ambiente ideal.

Trabajo integral. Ballina usa todos los elementos visuales en una escena, el impacto de la luz y el color sobre las texturas y materiales para lograr el ambiente ideal.

Proyección. En cada elemento Ballina ofrece una visión única de sus conocimientos y amor por el montaje.

Proyección. En cada elemento Ballina ofrece una visión única de sus conocimientos y amor por el montaje.

Omphalos. Uno de los trabajos que Ballina ha disfrutado por el reto al que se enfrentó con este enorme plato en el escenario.

Omphalos. Uno de los trabajos que Ballina ha disfrutado por el reto al que se enfrentó con este enorme plato en el escenario.

Jorge Ballina. Arquitecto de profesión y escenógrafo por convicción.

Jorge Ballina. Arquitecto de profesión y escenógrafo por convicción.

Reconocido. Es considerado como el gran diseñador del espacio teatral.

Reconocido. Es considerado como el gran diseñador del espacio teatral.

El escenógrafo Jorge Ballina colaboró en el montaje de Omphalos, pieza de danza contemporánea de Damien Jalet que se presentó en el Conjunto de Artes Escénicas. Se trata de una coproducción entre el propio CAE y el Centro de Producción de Danza Contemporánea (Ceprodac).

Con formación de arquitecto, Jorge siempre supo que se dedicaría al teatro en el área de escenografía: “Mi familia tuvo mucho que ver, mi papá es arquitecto, mi mamá es escritora, mi abuela era bailarina y coreógrafa. Ninguno se dedicó profesionalmente al teatro, pero sí a otras artes. Desde muy chicos nos llevaban al teatro, a la ópera y al ballet. De ahí me empapé, no recuerdo por qué decidí eso, desde muy chico sabía que quería tener algo que ver con esto. Desde muy pequeño hacía maquetas, mis versiones de escenografías que iba a ver a Bellas Artes. Siempre he sido escenógrafo, es una profesión bastante rara para tenerla tan clara desde chico, pero así fue”, comentó en entrevista.

Ya con una larga carrera trabajando en la escena, su trabajo se caracteriza por un estilo que se adapta al proyecto en el que colabora: “Mi trabajo es muy variado. Trato de hacerle caso a la obra. Cada trabajo es completamente diferente a lo anterior. Es lo que hace interesante y no aburrido este trabajo. Cada proyecto, cada director, cada equipo creativo me manda a otro lado. No se puede imponer un estilo personal como lo puede hacer un pintor, un escritor o un compositor. Está supeditado a que el trabajo depende de los demás, no es como un artista plástico, que es individual”.

Como escribiera Richard Wagner hace más de siglo y medio, se busca una obra de arte total, por lo tanto un trabajo en conjunto: “El éxito o el funcionamiento depende de si lo otro se integra, o si nos integramos al trabajo de los demás. Es más difícil. Por otro lado me gusta, es más satisfactorio personalmente porque tenemos que hacer de lado un poco la individualidad y el ego para integrarnos a una totalidad mayor. Cuando se logra es satisfactorio”.

Esta combinación entre la creatividad y la funcionalidad está intrínseca en la carrera que cursó, pues arquitectura aboga por lo utilitario: “Por eso estudié arquitectura. No es nada más un arte”. Jorge estudió arquitectura sabiendo que se dedicaría a la escenografía, por considerarla una carrera muy completa, con materias artísticas, técnicas y filosóficas: “Todas se aplican a un proyecto concreto. Es lo mismo que se hace en teatro”.

En su trabajo, Ballina ha buscado explorar el espacio y su evolución conforme avanza la trama de las obras: “Me interesa la dimensión-tiempo, que la escenografía se transforme o cambie según cómo la historia se va desarrollando. Me importa el espacio, la composición, crear relaciones y tensiones entre los actores, bailarines, personajes, para contar una historia. La dramaturgia de la escenografía me parece muy importante. En arquitectura todo eso también pasa”.

Siempre en movimiento

Sobre esas diferencias y similitudes entre la escenografía y la arquitectura, Jorge agregó: “La arquitectura se diseña para un habitante que está dentro y que la puede recorrer. En el teatro hay un habitante que está dentro y que la puede recorrer, el actor, pero el que importa es el que está fuera. Por lo general está sentado, estático: hay que mover la escenografía para dar la impresión de que el espacio cambia”.

Para profundizar en el arte de la escenografía, Jorge asistió a un curso en Londres, pero allí decidió no estudiar una maestría, pues descubrió que en la práctica estaba el mayor aprendizaje. Al regresar a México estudió otro curso con Alejandro Luna, con miras a asistirlo en su trabajo: antes de acabar las clases comenzó a ser su asistente y aprendió la parte práctica y el trabajo en equipo: “Mis primeros proyectos solo fueron de danza, después teatro y después ópera”.

Sobre Omphalos

Jorge Ballina platicó las características de la escenografía de Omphalos: “Fue un proyecto muy grande, muy ambicioso del Ceprodac del INBA. Me llamaron en octubre del año pasado para entrevistarme con Damien Jalet, el coreógrafo que viene de Bélgica”.

El escenógrafo presentó sus proyectos previos y por ellos lo eligió el coreógrafo europeo: “Es un trabajo grande, el más grande que ha hecho el Ceprodac, probablemente uno de los más grandes de danza contemporánea en México”, agregó Jorge.

La grandeza del proyecto se refleja en la escena sobre la que los bailarines se mueven (sobre y debajo): un gran plato que evoca la simbología intrínseca en la obra: “Parte del concepto del ‘Omphalos’, el ombligo y una conexión con el cielo y la tierra. Es una combinación entre mitos griegos y prehispánicos”.

El resultado es “una especie de radar o antena gigante, que al mismo tiempo es un plato que concentra la acción. Es curvo, inclinado, provoca en los bailarines movimientos diferentes a los normales. Resalta la escenografía para poder ver algo que sucede en el piso o inclinarlo para que se vea de frente. Hay partes que suceden arriba de la estructura, otras atrás, colgados. Es la superficie de una antena en el espacio y un inframundo en la estructura debajo de la antena. Tiene que ver con mitologías, y al mismo tiempo es una cosa muy científica”.

La plataforma es giratoria e inclinada, con doce metros de diámetro, y al igual que la música original de Ryuichi Sakamoto y Marihiko Hara, la escenografía es esencial para la narrativa de Omphalos: “Todo está muy unido: no se puede quitar nada. Sin el espacio no se puede bailar, sin la iluminación no suceden las cosas que deben suceder, el vestuario, la banda sonora. Todo está ligado, ningún elemento sobra. Quedó una cosa muy integrada, muy redonda. Es un trabajo de colaboración cercano”.

Sobre la inclinación, Jorge aclaró que desde el principio Damien lo requirió, pues ya había trabajado con una plataforma inclinada 34 grados: “Sabía que podía manejar este tipo de cosas. Quería algo que pusiera un reto, que tuviera que ver con la gravedad, provocar cosas diferentes”.

Esta característica se liga al concepto de eje, como conexión entre cielo y la tierra: “Por eso también gira, para ver diferentes puntos de vista y hacer con la luz una especie de eclipses. La iluminación es muy sencilla y muy potente, casi siempre está iluminada la escena con una sola lámpara haciendo unas sombras muy grandes, como sucedería en el espacio”.

Para los bailarines hay varios retos: “Sin duda fue un reto. Provoca hacer posturas y movimientos que no se pueden hacer en el piso. Si ensayan en el piso luego hay que adaptarlos encima de la plataforma. Por lo cual tuvimos que ensayar con la plataforma mucho más de lo normal, con la escenografía”.

Después de haberse presentado en el CAE con Omphalos, Jorge Ballina tiene un par de estrenos próximos en México: “Las Bodas de Fígaro”, en Bellas Artes, con una producción de Mauricio García Lozano que trabajaron para Zagreb (Croacia). En enero de 2019 estrenará el musical “Casi normales”.

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