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Domingo, 16 de Diciembre 2018

Ida Vitale, memorias de una patria llevadera

La poeta uruguaya habla en entrevista sobre su amor por México, sus hábitos de lectura y su futuro proyecto

Por: El Informador

Ida Vitale ha vivido un 2018 lleno de celebraciones: por su trayectoria recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, para meses más tarde ser anunciada como la receptora del Premio Cervantes, máximo galardón de la literatura en español. Además, recién publicó “Shakespeare Palace”, libro sobre el que platicó en entrevista: “Es un agradecimiento a México; es una historia de la llegada, pero no en forma organizada, sin fechas. Es un género un poco ambiguo, son memorias de una parte de mi vida, orientada a la inserción en un país que no era el mío, y que fue tan generoso que ahora lo siento como mi patria llevadera”.

Con 95 años, la poeta y ensayista uruguaya sigue con la intención de crear. Al preguntarle sobre sus próximos proyectos, comentó: “Tendría que terminar una novela que está allí, está durmiendo hace como 30 años: de repente está totalmente pasada de moda, de intereses. El día que la vuelva a ver, porque anda por Montevideo perdida, quizá sea mi próximo libro”.

En sus 70 años de escritura, la poeta no exploró mucho el género de la novela, aunque sí gusta de él como lectora: “Lo intenté porque me encanta leer novelas, quizá leo más novela que poesía. Me gusta más la novela que el cuento, en el sentido que el puente lo puede atrapar a uno y se acabó. En una novela hay más posibilidad de desarrollo. Es una explicación totalmente privada, no teorizo sobre valores. Para muchos el cuento es más perfecto, porque exige concentración, pero también la novela tiene su encanto”.
Sobre el tiempo… Y la novela

Al platicar sobre sus hábitos de lectura, Vitale reflexiona sobre el tiempo y el ejercicio de leer una novela: “En el siglo XIX la gente tenía tiempo, de repente es una ilusión, no sé si la gente tenía más tiempo que hoy. Pero obviamente a la hora del descanso había menos propuestas: no tenían la radio, televisión, los discos, de pronto hasta las relaciones sociales porque la gente vivía más aislada en sus casas. Eso quizá permitía el tiempo que exige una novela: uno la empieza a leer, la interrumpe, al otro día hay que recuperar, repasar para que no se rompa el hilo. Todo eso pide tiempo y disposición. Siento que la novela hoy es menos narrativa en el sentido de tomar un personaje, lo característico de la novela del siglo XIX. Tolstói, por ejemplo, o Victor Hugo: para empezar una novela se remonta a la familia. Hay una maravillosa novela de Laurence Sterne, “Tristram Shandy”, se remonta a cuando nace y de paso plantea cómo era la familia. Eso ya nadie lo hace hoy. Había tiempo para el escritor y para el lector: ahora se va al grano”.

Y hablando de la novela, la autora de “Procura de lo imposible”, lanza una recomendación: “Hay una estupenda -escritora- inglesa: no es muy conocida, (Ivy) Compton-Burnett; es muy poco leída, pero es notable. Es una novelista que adivina el contorno, la explicación, la descripción; en su momento no fue apreciada, faltaba el contexto; fue una adelantada”.

“De plantas y animales”

Al cuestionar a la escritora sobre su obra ensayística sobresale un libro peculiar, “De plantas y animales”, donde explora con su prosa literaria los diferentes especímenes. La autora platicó que ese texto “surgió por una pequeña colección, ya había alguien que iba a escribir sobre historia, sobre literatura… ‘¿Tú de qué podrías escribir?’-le preguntaron-  y yo dije ‘De plantas y animales’, porque era lo que quedaba. Qué tema tan simpático. Me divirtió hacerlo”.

Aunque la intención fue espontánea, Ida tenía antecedentes sobre el tema: “Cuando dije ‘De plantas y animales’ me pasó lo mismo que cuando escribo un poema: ‘¿por qué dije eso?’ En el fondo tenía la consciencia de que podía, involuntariamente. Había una tía que era secretaría de quien creó el Jardín Botánico en Uruguay. Ella murió muy joven y yo heredé su cuarto: en el ropero había un estante con cajitas blancas, que tenía una planta seca, una semilla, lo que ella guardaba de su trabajo”. 

“Extrañé todo, excepto los picantes”

Ida vivió en México poco más de 10 años, a raíz del exilio que tuvo que hacer con su esposo, Enrique Fierro. Para Vitale, la estancia en México fue agradable, por eso cuando se fue “extrañé todo, excepto los picantes. Siempre digo que no fue exilio: fue llegar y ya tener trabajo. Me encontré con 11 cosas, un plan de tareas. Me di el lujo de pasarles trabajo a otros uruguayos que llegaron. El trabajo se divide en dos partes: algo que uno recibe para vivir y el sentir de que podemos dejar algo, ser útiles a la sociedad. En México me sentí integradísima. Y la integración no depende sólo de uno, sino de la generosidad que nos recibe”.

Sobre el tema del exilio, del cual escribió como motivo poético (como su texto “Exilio”), Vitale comentó sobre la situación de los migrantes y refugiados: “No es la primera vez en el mundo, Europa se constituyó con personas que iban de un lado a otro, no con franceses que se quedaban. Siempre ha habido razones externas, de mucho peso: desde la economía, la política generalmente (huir de un gobierno, de la persecución). Puede ser negativo o positivo. Si no hubiera presiones horrendas sería lo más positivo: sería la manera de armonizar el mundo y no vernos como enemigos. Es el contacto entre los humanos”. 

¡Búscalo!

La editorial Tusquets lanzó en esta FIL una nueva edición de la “Poesía reunida” de Ida Vitale, que recoge trece poemarios en 500 páginas.

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