Martes, 31 de Enero 2023

Elena Poniatowska y el destino de “El amante polaco”

En la que definió como su “novela más personal”, la periodista y escritora explora las pasiones y heroísmo del último rey de Polonia

Por: El Informador

La periodista y escritora exploró en dos libros la apasionante vida de Stanislaw II Augusto Poniatowski, último rey de Polonia. EL INFORMADOR/ C. Zepeda

La periodista y escritora exploró en dos libros la apasionante vida de Stanislaw II Augusto Poniatowski, último rey de Polonia. EL INFORMADOR/ C. Zepeda

Sin medias tintas y con todas las verdades. La novela más reciente de Elena Poniatowska es de paso la más personal de sus obras, y le acompaña durante su visita a la edición 36 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara donde ayer domingo 27 de noviembre compartió la mesa con la escritora española Rosa Montero para hablar de este singular libro, publicado en dos partes, “El amante polaco” (libros 1 y 2/ Seix Barral), en el que se cuenta la vida de Stanislaw II Augusto Poniatowski, último rey de Polonia (de 1764 a 1795), quien vivió el tiempos de la Ilustración europea y fue amante de Catalina I de Rusia, conocida como “La Grande”.

La literata evoca en su novela una Ciudad de México que vive una efervescencia intelectual, durante la década de los 50, un tiempo en que la vida se centra en la escritura, con todo lo que implica de placer y dolor. Así como se exploran las raíces familiares, la novela es también un ejercicio de memoria que busca explorar doscientos años de una historia ligada a la Premio Cervantes.

Personaje singular

Recuerda Poniatowska que, cuando llegó a vivir a México, “estaba yo muy niña y se me hacía chistoso que se refirieran con títulos —como princesa— a personas en casa; los niños todo lo ven natural, pero más tarde, al crecer y leer, me empezó a interesar este antepasado, aunque no hubiera nada sobre él en español, y me lancé a saber quién era la soberana rusa entonces, la presión que se ejercía sobre Polonia, un país pequeño entre los alemanes y los rusos, finalmente amenazado por los poderosos”.

En ese principio, se comenzó a “construir la historia”, establece la periodista, y así fue que Stanislaw Poniatowski, “tuvo su singularidad en ser muy guapo, un hombre muy educado que bailaba muy bien; claro que después fue su amor y la defensa que hizo de su país, en contra de la que fue su amante —Catalina La Grande—, a quien calificaban como devoradora de hombres, que tuvo amantes por cientos; creo que era férrea, porque ni siquiera era rusa sino alemana, sabía mandar sin duda. Y sobre ella hay muchos libros”.

Pero Stanislaw Poniatowski era ante todo “alguien que tenía cultura, era educado y tenía un sentido social acerca de cómo se conduce un país para que la mayoría aspiraran a tener una vida mejor; él sí ayudó en ese sentido, porque Polonia es una nación pequeña pero heroica, y lo ha sido por muchos años. Y bueno, tuvo el infortunio de no ser más el amante de la poderosa emperatriz cuando ascendió al poder”.

Hecha con gusto

Y si bien la “otra historia” que cruza esta novela es la de su familia en México, señala Poniatowska que no sólo se trata de los que vinieron de Europa, “mi familia materna ya estaba, mi madre era Amor Iturbe, con dos apellidos mexicanos. Fueron hacendados pero marcharon a Biarritz cuando Díaz fue expulsado, tenían haciendas y la boda de mis padres fue en París”.

Con todo, la idea de elegir la novela como el registro para consignar esta memoria doble, refiere la autora, fue “porque me gusta mucho la crónica, la entrevista, el diálogo que se establece y, además, esa es mi manera de aprender, es como leer un libro —aunque no tenga la fuerza, la soledad o la concentración que requiere un libro— pero es ante todo aprendizaje. Creo que quien hace entrevistas, al final de la vida, tiene almacenada mucha información en la cabeza”.

Al final, decidirse a escribir —señaló Poniatowska— surgió a partir de “preguntarme de dónde vengo o qué ha sucedido; lo cierto es que la hice con gusto, pero yo hago periodismo semana a semana, desde hace mil años, es mi oficio y me encanta”

El dato
Golpe de nostalgia

Para concluir, la escritora rememoró ediciones pasadas de la FIL y comentó que “siento que este año vinieron menos escritores. Será que camino y me pongo a extrañar mucho a los que yo veía, y me digo: no está García Márquez, Carlos Fuentes, no está nadie de los que yo veía. Quizá es porque tengo ya casi 91 años y echo de menos a todos los que se fueron antes que yo”.

El peligro de perder páginas

La autora de “La noche de Tlatelolco” destacó que para el periodismo cultural que se hace en el país, el peligro estriba en que cada vez cierran más espacios o eliminan más páginas, “cada vez son secciones más pequeñas, pero sigue habiendo algunas muy buenas, en algunos diarios nacionales, incluso existen todavía suplementos. No sé si estén llamadas a desaparecer”.

La “ventaja inmensa”, dice Poniatowska, ante un panorama así es que “vivimos en un país finalmente grandioso, con un pasado del cual tenemos que ser dignos, lo mismo que de lo que hicieron nuestros ancestros, con su esfuerzo humano admirable. Es una bendición pertenecer a México, hay que dar gracias”.

CT

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