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Lunes, 18 de Noviembre 2019

Contar la noche

Después de obtener el premio de la tercera Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, el autor venezolano Rodrigo Blanco Calderón charla sobre su novela ganadora: “The Night”

Por: Jorge Pérez

Rodrigo Blanco Calderón. El escritor se mueve del cuento a la novela con su nueva obra. EL INFORMADOR

Rodrigo Blanco Calderón. El escritor se mueve del cuento a la novela con su nueva obra. EL INFORMADOR

El escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón publicó su primera novela en 2016, con el título “The Night”. Este año, la novela resultó ganadora en la tercera Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, que se realizó por primera vez en Guadalajara en mayo pasado. Los juegos de palabras, las fallas en el suministro eléctrico en Caracas, el país con un ambiente agreste sumido en una profunda crisis económica, política y social son el telón de fondo en el que se desenvuelven sus protagonistas.

En charla con el escritor, cuenta cómo fue moverse del cuento (género del cual ha publicado varios libros) a la novela: “Creo que me pasó lo que le ha sucedido a otros cuentistas que pasan a escribir novela: darte cuenta de que una historia original pensada para un cuento comienza a extenderse, no solo en el propio texto si no que empieza un mismo personaje a reaparecer en varios cuentos. Eso fue un signo de que quizá había una historia más amplia y común que se estaba gestando. Eso en cuanto a tratar de reconocer el género. Una vez que estuvo claro que hacía una novela, de manera más consciente quise incorporar las técnicas del cuento para la confección de los capítulos. Por eso la novela tiene un rasgo coral, por decirlo así: cada capítulo traté que tuviera la intensidad de un cuento”.

Entre los personajes que habitan esta “noche”, se encuentra uno surgido de la realidad, el poeta Darío Lancini: “‘The Night’ empezó siendo un cuento que no terminé desde 2002 o 2003. Era un cuento que tenía que ver con los juegos de palabras, con un personaje nocturno que anda por las noches en motocicleta por Caracas, entregando mensajes apocalípticos en pedazos de papel, que debían ser descifrados. Terminó siendo el segundo capítulo. Desde esa conexión entre personajes nocturnos y juegos de palabras ya estaba en la órbita Darío Lancini. Pasó mucho tiempo, incluso la muerte de Lancini. Empecé a leer algunas notas sobre su vida y me di cuenta de que tuvo una vida interesantísima: tuve el impulso de investigar e incorporarlo a la novela. Fue un largo proceso de intuición que arrancó en julio de 2010. Al día siguiente de la muerte de Darío Lancini empecé formalmente la novela”.

“The Night”. La novela de Blanco Calderón obtuvo el premio de la tercera Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. CORTESÍA

Entre el arte y la vida

En la novela están presentes varias ideas sobre la escritura como método curativo: incluso en otras artes, como la pintura de Géricault: “Pude encontrar ejemplos como el de la pintura, de ese compromiso radical entre el arte y la vida, como ese caso del pintor francés de comienzos del siglo XIX. Murió a los 32 años, tuvo una vida muy intensa dedicada a la pintura. Una de sus anécdotas es que durante una especie de cirugía en la espalda quiso permanecer lúcido para tomar una especie de borrador para pintar. No sé qué tan cierta sea, es parte de la leyenda. Me impresionó. Creo que la novela reúne también casos de artistas, como el de Lancini, o del personaje inspirado en un caos delictivo real en Venezuela”.

“The Night” es una novela muy ligada a la ciudad, a pesar de tener una sección donde la narración sale del país para acompañar la vida de Lancini: “Para mí fue un proceso natural. Desde que empecé a escribir cuentos mi literatura estuvo vinculada con mi ciudad, Caracas, en el siglo XXI. Una ciudad profundamente violenta, donde suceden para bien o para mal una cantidad de historias a veces muy bonitas, a veces muy horrendas. Son un material de oro para la literatura. El aspecto social o político del relato me vino desde el comienzo. Sabía que quería incluir en la novela una especie de top 10 de los crímenes más horrendos que sucedieron en los primeros diez años del chavismo como gobierno en Venezuela. Eso fue el contexto, tenía claro que quería llegar a otro tipo de historias que a lo puramente coyuntural o periodístico”.

Contar esas historias con el punto de vista de un narrador literario requiere un ejercicio de observación, similar al que realizan los personajes que crean anagramas y palíndromos: “Más que creación lo que hace un escritor es poner atención”, se lee durante la trama. “Es la condición heterogénea de la novela: refleja el proceso de ir escribiendo la historia con los personajes abocados a los juegos de palabras, y tratar de descubrir la conexión con un entorno tan violento como Caracas. Los personajes terminan convertidos en una especie de cabalistas y de detectives, de un modo muy paródico o lúdico, al final trágico… Pero tienen en los juegos de palabras algo tan aparentemente infantil, una especie de oráculo que los conecta con la realidad más sórdida que los rodea”.

Un reportaje de investigación

La parte fuera de Venezuela obedece a retratar la biografía del escritor real que figura en la novela, Darío Lancini. “Esa especie de biografía ficcional sobre Darío fue la más difícil. Me tomó tres años escribir la novela: probablemente más de la mitad de ese tiempo fue la segunda parte”.

El autor continúa: “De Lancini no se conocía prácticamente nada: había reportajes en la prensa después de su muerte, pero eran muy desperdigados. Nada estructurado. Eso me propuse cuando escribía la segunda parte: darme cuenta de que Darío era un personaje muy complejo que no merecía una síntesis sino un reportaje de investigación. Tuve que entrevistar a bastantes personas que conoció para reconstruir su línea de vida, fue lo menos complejo. Lo más complejo fue tratar de entender su personalidad: fue alguien de una timidez casi enfermiza, de una discreción absoluta. Alguien muy celoso de su privacidad. De forma pareja al esfuerzo que me costó, fue muy gratificante: esa segunda parte me permitió salirme de Caracas como espacio narrativo y salir del presente como tiempo, acompañando a Darío en su periplo. Es una pausa en ese ambiente delictivo y opresivo que caracteriza a la primera y la tercera parte”.

En su viaje se menciona a Sergio Pitol, quien conoció a Darío Lancini: “Parte de lo gratificante de la investigación fue descubrir la conexión que tuvo con muchos escritores importantes, como Monterroso, del OuLiPo de Francia”.

Al respecto, detalla: “El caso de Pitol es interesante: Darío lo conoció en Varsovia, durante su periodo polaco, también importante para la carrera y vida de Pitol. Sergio viajó a Caracas en los años 50, conoció a algunos escritores, aunque no a Lancini, porque estaba preso en esos años por la dictadura. Me encantó la relación: fue él quien le entregó a Cortázar un ejemplar de ‘Oír a Darío’, el libro de palíndromos de Lancini que a Cortázar le fascinó al grado de enviarle una carta muy elogiosa. Tiene un papel importante, fue importante también la lectura de los cuentos de Pitol que suceden en Polonia. Los leí para apropiarme de esa atmósfera que quería darle al personaje”.

Sobre el título

El peculiar título de “The Night” proviene de una canción de Morphine, utilizada como epígrafe. Sobre titular en inglés una novela escrita en español, el autor platicó: “Le ha llamado la atención a mucha gente. Para mí fue intuitivo. Desde que empecé la novela tenía el personaje, Matías Rye, los escritores que hablan de lo que van a escribir y no escriben propiamente, que están obsesionados con Morphine. Desde que escribía esa primera parte sabía que la novela entera se llamaría así. No lo hice como un acto de provocación, sino más bien de musicalidad: me gustó que una novela escrita en español se titulara en esa forma. Es un título comprensible, no es una palabra rebuscada. Cuando ha sido traducida el título en inglés genera cierto ruido, pero los editores han defendido el título”.

¡Asiste!

Rodrigo Blanco Calderón estará en la próxima FIL Guadalajara en una mesa redonda de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, junto con Mónica Lavín, Alberto Ruy Sánchez y JJ Armas Marcelo: sábado 30 de noviembre, 20:00 horas, Salón 5.

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