Marco Rubio, “entre la espada y la pared”
El 18 de diciembre de 2014 el presidente Barack Obama emprendió una arriesgada apuesta al tratar de aproximarse a Cuba y reiniciar una nueva era de relaciones bilaterales. El razonamiento de Obama se basaba en que no tenía sentido continuar con una política de aislamiento a la isla, cuando en cinco décadas las presiones emprendidas desde Washington no habían provocado imponer cambios políticos y económicos al interior del país caribeño.
Sin embargo, la clase política que estaba ligada en ese entonces al exilio cubano, se oponía a esa posición de la Casa Blanca, entre los que destacaban los senadores Bob Meléndez de Nueva Jersey, Ted Cruz de Texas y Marco Rubio de Florida. Todos se oponían a darle una “recompensa” al gobierno de los Castro.
En aquel entonces, Marco Rubio -actual secretario de Estado estadounidense- sostenía -y continúa en esa postura- que “Cuba necesita cambiar… los cubanos necesitan libertad económica”, y que, para lograr un acercamiento y apertura con Cuba, se debería pasar por un cambio político real, elecciones libres y respeto a los derechos humanos. Hoy, casi 12 años más tarde, el actual presidente, Donald Trump, está decidido a tomar “control” de Cuba: “Podría ser una toma de control amistosa, puede que no sea una toma de control amistosa”, ha dicho el mandatario. Sin embargo, algunas negociaciones -aparentemente en lo “oscurito” entre Washington y La Habana- que desde hace algunas semanas sostienen, para llegar a un acuerdo con la satisfacción de Estados Unidos, no están consideradas los cambios políticos, ni que tampoco desaparezcan del mapa de influencia en la isla la familia Castro. Y esto, ya es un problema que ha provocado reacciones en contra en la comunidad del exilio cubano, quienes dicen estar decepcionados de la postura del gobierno estadounidense.
Y en medio del “torbellino” de posturas y opiniones esta Marco Rubio, quien ahora como responsable de la política exterior está en una disyuntiva entre lo que pudiera estar pensando “su jefe” de la oficina Oval y lo que él mismo -como cubano de sangre- siempre ha promovido para lograr la liberación total de la tierra de sus ancestros. Rubio, de acuerdo a lo que dice Trump, está negociando llegar a un acuerdo con La Habana para generar un cambio total, pero el presidente estadounidense en uno de sus arranques por lograr el objetivo “a como dé lugar” puede cambiar las reglas del juego y llegar a acuerdos -como lo hizo en Venezuela- y dejar a su secretario de Estado “entre la espada y la pared”.
Usted, ¿qué opina?