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Finanzas públicas ahorcadas

El arranque de 2026 parece, a simple vista, un triunfo para la narrativa de la presidenta Sheinbaum de las finanzas públicas. Según los datos más recientes, el Gobierno federal inició el año con un desempeño envidiable en la captación de recursos, logrando unos ingresos totales de 814.1 mil millones de pesos (mmdp). Se trata de un crecimiento real del 10.2% frente al año anterior, impulsado principalmente por una recaudación tributaria que no se veía en niveles similares desde 2015.

Sin embargo, al abrir el cofre de la tesorería, lo que encontramos no es un tesoro, sino un complejo entramado de deudas y gastos obligatorios que han convertido este récord recaudatorio en un mero espejismo.

El problema de fondo es que el esfuerzo de los contribuyentes —especialmente a través del ISR y el IEPS— se está yendo por un caño de gastos ineludibles que poco o nada aportan al crecimiento futuro. En enero, el Gobierno tuvo que destinar 60 mmdp al pago de Adeudos de Ejercicios Fiscales Anteriores (Adefas), el monto más alto para un inicio de año en un cuarto de siglo. A esto se suma una nómina pública que parece no tener techo: se gastaron 179.6 mmdp en servicios personales, un incremento del 26.9% respecto al año pasado y la cifra más alta desde que se tiene registro en 1990.

Dicho de manera directa: todo el dinero extra que entró a las cajas del Estado ya estaba gastado antes de llegar. La suma del incremento en sueldos y el pago de deudas del año anterior superó el aumento de la recaudación. Esta presión financiera ha obligado al Gobierno a aplicar la guillotina en los lugares más sensibles. Mientras la presidenta Sheinbaum habla de fortalecer al Estado, la realidad muestra recortes brutales en secretarías clave: la SEP cayó 33.6%, Pemex un 31.8% y el sector salud un 2.5%.

Lo más alarmante es que el tijeretazo oficial no discriminó entre prioridades políticas y derechos fundamentales, ensañándose con los pilares del bienestar social. Mientras la nómina pública se infla sin control, el recorte a la Secretaría de Educación Pública del 33.6% en enero simplemente no debería de existir en un país con enormes rezagos en educación. El sector Salud tampoco se salvó, con una caída del 2.5% en su gasto y un avance programático de apenas el 5.9% de su presupuesto anual, lo que se traduce en clínicas con menos recursos y servicios estancados en la parálisis operativa.

Incluso el rubro de "Estado de derecho", que engloba seguridad nacional y justicia, presentó una contracción del 4.4%, enviando un mensaje peligroso de debilidad institucional en un momento en que el gasto en seguridad pública y justicia no debería ser opcional. Cuando observamos que, en la distribución de la inversión física, la educación recibe apenas 5 pesos de cada 100 y la salud solamente 4 pesos, queda claro que para este Gobierno salud y educación han pasado a ocupar un segundo plano.

Pero el dato que debería encender las alarmas es el desplome de la inversión física, que se hundió un 30.3% en comparación con enero de 2025. Estamos ante el nivel de inversión más bajo desde 2008. Al recortar el dinero que se destina a infraestructura, hospitales y escuelas, el Gobierno está hipotecando la capacidad de recuperación económica del país. Como lo hemos escrito antes: una economía sin inversión es una economía sin motor.

El caso de Pemex merece una mención aparte. A pesar del cuento de la "soberanía energética", la petrolera sigue siendo un lastre para los mexicanos. En enero, Pemex aportó 18.7 mmdp a la Federación, pero el Gobierno le devolvió 24.7 mmdp vía transferencias. El resultado neto es una pérdida de 6 mmdp para el Estado mexicano, dinero que sale de los impuestos de los ciudadanos para alimentar a ese barril sin fondo.

Al final del día, lo que los números revelan es una administración atrapada en su gasto corriente. Se recauda más, sí, pero se gasta de forma ineficiente y se invierte menos que nunca. Si la tendencia de este inicio de 2026 se mantiene, estaremos confirmando lo que ya se percibe en otros indicadores: un país que se resigna a la mediocridad económica mientras celebra cifras de ingresos que se diluyen en el pago de nóminas y deudas.

Israel Macías López. Economista, Profesor en la Universidad Panamericana en Guadalajara.

 

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