Algo huele mal en el Siapa
Si lo que dice el gobernador Pablo Lemus es cierto, y no hay razones para dudar de ello, estamos llegando a límites nunca vistos. Cito: “Lo que sí les puedo decir es que uno de los motivos por los que hemos estado teniendo mala calidad del agua en las últimas dos semanas en la Zona Metropolitana de Guadalajara es porque… tanto particulares como (entes) públicos… están tirando aguas irregularmente a canales del Siapa”.
Que lo hagan particulares es deplorable; que lo hagan entidades públicas es criminal. ¿En qué momento estas entidades públicas, que suponemos que se trata de ayuntamientos, pues son quienes manejan redes de alcantarillado, decidieron tirar sus aguas sucias a una red o canal de agua potable y por qué tardaron tanto las autoridades en darse cuenta?
El deterioro de las instituciones del agua es preocupante. La Comisión Nacional del Agua (CNA), el organismo rector de temas hidráulicos en todo el país, no tiene recursos más que para pagar la nómina; es un elefante inoperante y centralizado. La Secretaría de Gestión Integral del Agua, un invento del alfarismo, tiene un nombrezote y muy pocas atribuciones reales. La Comisión Estatal del Agua quedó atrapada entre la CNA y la Secretaría, y el Siapa es un desastre operativo de esos que no se arreglan solo con reingenierías.
El gobernador y su equipo están enfocados en la agenda de obras: el nuevo acueducto (que podemos coincidir que es urgente) y la renovación de la Planta Potabilizadora Número 1 en Miravalle, que tiene 70 años. La planta de Miravalle es la más grande, pues trata los 7.5 metros cúbicos por segundo que vienen de Chapala a través del acueducto existente, que está muy deteriorado y operando a la mitad de su capacidad, y por el canal de Atequiza-El Capulín-Las Pintas. Por supuesto que estas obras son urgentes, como también lo son otras que permitan potabilizar mayores caudales en la Planta de San Gaspar y un colector periférico para evitar que aguas negras se vayan al río Santiago sin tratar, sin mencionar la cantidad de redes de agua potable y colectores que hay que renovar.
Sin embargo, todo esto servirá de poco si no se hace una reestructuración profunda de las instituciones del agua. El Siapa está atrapado en un círculo vicioso en el que cada vez cobra menos y da un servicio cada vez más deficiente, lo que provoca que los usuarios no quieran pagar por un agua de mala calidad. Las obras son importantes, pero hay mucho más que hacer. Algo huele mal en el Siapa y no es solo la contaminación de las fuentes de agua potable. Y cuando algo huele mal, nada como ventilar la casa.