Maite Alberdi: Filmar es aprender a observar y a esperar el momento justo
La documentalista chilena ofreció una Clase Magisterial en el segundo día de actividades del Festival Internacional de Cine de Guadalajara
La documentalista chilena y ganadora del Premio Homenaje Internacional, Maite Alberdi, ofreció una Clase Magisterial en el segundo día de actividades del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Bajo el título “Filmar es aprender a observar”, la cineasta se presentó en una Sala 3 del Conjunto Santander llena, donde la cineasta compartió fragmentos de su trayectoria y filosofía de trabajo que privilegia el tiempo, la cercanía y la construcción de vínculos por encima de la inmediatez.
“Hay que saber esperar, no se le da 'rec' todo el tiempo… hay que saber qué esperar”, afirmó Alberdi ante un público que siguió con atención sus reflexiones. La directora insistió en que el documental no se construye desde la urgencia, sino desde la observación prolongada.
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“Yo escribo un guion con todo lo que vi en la investigación… la investigación es narrativa y práctica”, explicó, al tiempo que cuestionó ciertas inercias del género: “El mal de los documentalistas es, en una escena, ir con quien habla, las reacciones son importantes, la realidad es inverosímil”, dijo entre risas.
Tras su intervención, Alberdi sostuvo un encuentro con medios de comunicación donde profundizó en los procesos creativos que han marcado su filmografía y en la manera en que cada proyecto ha modificado su mirada del mundo. Para la realizadora, el cine documental es una forma de habitar múltiples vidas.
“Los documentales para mí son una forma de compartir la vida… una fábrica de experiencias donde profundizo mis vínculos”, señaló. En ese sentido, considera que cada película dialoga con la anterior. “Una película va llevando a la otra, no existiría sin lo anterior”.
Así, su recorrido —desde "El salvavidas" hasta "La memoria infinita", pasando por "El agente topo"— ha sido también un proceso de aprendizaje constante. Cada obra le ha permitido explorar distintos recursos formales y emocionales, desde la representación de los personajes hasta el uso del archivo o la construcción de relatos íntimos.
Su incursión en la ficción con "En el lugar de la otra" abrió un nuevo horizonte que, según explicó, terminó por influir en su más reciente proyecto, "Un hijo propio", al que definió como “mi película más desafiante en términos de exploración del género”.
Sobre esta última, Alberdi detalló que su punto de partida siempre es la historia antes que el contexto. “Yo siempre parto de las historias… escuchar la historia de Alejandra me pareció insólito”, comentó al recordar el caso de una mujer que fingió un embarazo debido a la presión social. La directora encontró una conexión personal con los temas que aborda. “Tiene que ver con los mandatos de género y la presión social en torno a la maternidad”.
El rodaje en México, además, representó una experiencia natural dentro de su trayectoria. “México es un país que siempre me ha acogido… me sentí muy cómoda filmando con un equipo mexicano”, afirmó, subrayando la cercanía cultural entre ambos contextos.
Para Alberdi, las problemáticas sociales que atraviesan América Latina permiten que las historias dialoguen entre sí, incluso cuando se desarrollan en territorios distintos.
Uno de los aspectos centrales de su trabajo es la relación con los personajes y los límites éticos de la cámara. Lejos de una mirada invasiva, la cineasta construye vínculos a lo largo del tiempo, en un proceso que describe como gradual y basado en la confianza.
“Uno va construyendo las relaciones con los protagonistas muy de a poco… entendiendo dónde está el bienestar y dónde quieren los personajes que uno esté”, explicó. Esta dinámica, añadió, implica también reconocer cuándo no intervenir. “Es un diálogo y un entendimiento a lo largo del tiempo”.
Esa cercanía genera lazos que trascienden la pantalla. Alberdi comparó el final de cada proyecto con una despedida difícil. “Terminar una película es como salir del colegio… sabes que viviste cosas muy importantes con esas personas, pero no vuelves a tener ese cotidiano”. Aunque los vínculos permanecen, el proceso implica asumir una distancia inevitable. “Las pelis me regalan esos vínculos, pero es triste porque pierdo un cotidiano que no vuelve”.
En cuanto a la construcción narrativa, la directora reconoció que el ritmo en el documental es uno de los mayores desafíos. A diferencia de la ficción, donde los giros dramáticos suelen estar definidos, en el cine de lo real los acontecimientos ocurren de manera más pausada. “El ritmo es un tema de montaje”, afirmó, destacando la importancia del trabajo en edición para dar forma a la historia.
Alberdi reflexionó sobre el papel del documental como herramienta para explorar la intimidad y las fragilidades humanas. “Es una gran forma de pensar la realidad y de compartir nuestras fragilidades”, señaló. En su caso, los proyectos surgen de cuestionamientos personales que se expanden hacia lo colectivo. “Las películas me llevan a reflexionar sobre mí… vivimos cosas muy solos y el cine permite compartir ese espacio”.
Sobre el impacto de las nominaciones al Oscar en su carrera, la cineasta enfatizó que más que presión, estos reconocimientos representan una oportunidad para seguir haciendo cosas pues se abren los presupuestos. También destacó la importancia de abrir camino para nuevas generaciones. “Espero haber sido un sueño para otras mujeres directoras que digan: yo puedo llegar”.
En un contexto industrial cada vez más acelerado, Alberdi defendió la necesidad de respetar los tiempos propios del documental. “No podemos pedir deadlines estándar… la realidad no cambia en un mes”, advirtió. Para la realizadora, el verdadero desafío es sostener procesos de observación prolongados que permitan captar transformaciones genuinas, aun cuando estas sean sutiles.
Asimismo, celebró la diversidad de voces dentro del cine latinoamericano, donde —a su juicio— no existe una única forma de hacer cine. “Los directores que destacan tienen su propia voz”, señaló, destacando la riqueza de estilos que conviven tanto en México como en Chile.
En ese mismo sentido, subrayó la libertad creativa que ofrece el documental contemporáneo, un campo que ha ampliado sus posibilidades narrativas más allá de los formatos tradicionales. “Hoy podemos hacer lo que queramos desde la realidad… y no va a dejar de ser real”, afirmó. Esta apertura ha permitido que el género evolucione hacia propuestas más arriesgadas, donde la experimentación es parte esencial del lenguaje.
Finalmente, Alberdi reconoció el papel de las plataformas en la difusión del documental, al permitir que estas historias alcancen audiencias más amplias. “Te da una masividad que no te da la sala de cine”, comentó, aunque también valoró la experiencia colectiva de la exhibición tradicional.
JM