Yalitza Aparicio rompe la invisibilidad
La actriz oaxaqueña convirtió la visibilidad que le dio “Roma” en una plataforma para impulsar los derechos de los pueblos originarios y denunciar la discriminación
Primero creyó que había lugares a los que no podía llegar. Después entendió que los reflectores del cine, los medios y el entretenimiento también pueden servir para visibilizar causas y abrir caminos para otros. Ese es el recorrido que la actriz mexicana Yalitza Aparicio asegura haber descubierto tras su irrupción en la vida pública con “Roma”, la película de Alfonso Cuarón que en 2019 la convirtió en la primera mujer indígena nominada al Oscar a Mejor Actriz.
Originaria de Tlaxiaco, un pequeño municipio de Oaxaca, Aparicio reconoce que durante mucho tiempo pensó que ciertos espacios no estaban destinados para ella. Su percepción, dice, estaba marcada por dos factores que históricamente han limitado oportunidades para muchas personas: ser mujer y pertenecer a un pueblo originario, en su caso la comunidad mixteca.
“En el contexto influye demasiado en tu forma de pensar; en ese entonces la falta de visibilidad en diversos medios también me hacía pensar que hay mundos a los que no pertenecía y que jamás podría llegar”, reconoce en entrevista.
El éxito de “Roma” cambió de forma radical su vida. Antes del estreno de la película, Aparicio trabajaba como maestra en una escuela rural, una profesión que ejercía con convicción y que respondía a su vocación por la educación. Sin embargo, la exposición mediática que siguió al reconocimiento internacional del filme la colocó en un escenario completamente distinto, donde su presencia comenzó a adquirir un significado más amplio que el de una actriz emergente.
“Hoy he aprendido que el apoyo social es clave para alcanzar objetivos. Yo tuve una red enorme: medios, amigos en la Ciudad de México, plataformas y productores que confiaron en mí”, explica.
A partir de entonces, Aparicio decidió aprovechar esa visibilidad para impulsar causas vinculadas con la defensa de los pueblos originarios, la igualdad de género y la lucha contra la discriminación. Ese compromiso la llevó a ser nombrada en 2019 Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO para los pueblos indígenas, un rol desde el cual ha participado en iniciativas internacionales destinadas a promover la inclusión y el reconocimiento de la diversidad cultural.
Para la actriz, el objetivo principal es recordar que las comunidades indígenas forman parte activa de la sociedad contemporánea, aunque durante mucho tiempo hayan sido invisibilizadas en distintos espacios públicos y mediáticos.
“Es poder decirle a la sociedad: ‘aquí estamos, siempre hemos estado’, hemos tenido distintas posibilidades. Muchas veces no nos han dejado elegir, muchas veces no nos han escuchado, pero eso no deja de implicar que seamos parte de esta sociedad”, afirma.
La intérprete señala que uno de sus mayores intereses es acercarse a personas que, como ella en el pasado, sienten que no tienen cabida en ámbitos como la política, la educación superior o la industria cultural. A través de su trabajo y de su presencia pública busca transmitir la idea de que esos límites muchas veces responden más a barreras sociales que a la falta de capacidad o talento.
Con información de El Universal
Espejo de lo real
Aparicio procura involucrarse en proyectos acordes, por eso dice sentirse orgullosa de participar en la miniserie “PeacePeaceNowNow”, que se estrenará este 8 de marzo por Lifetime.
“Elegir universidad implicaba salir de mi comunidad, y eso es un dinero que muchas no tienen a la mano. A las niñas les diría que no hay límites: aunque el camino tenga tropiezos, lo importante es no rendirse”, señala.
Cada episodio se sitúa en un país distinto (Chile, Colombia, Guatemala y México) y a Aparicio le tocó acercarse a la historia de las Abuelas de Sepur Zarco, mujeres indígenas guatemaltecas sobrevivientes de la guerra civil. Conocer a las 14 sobrevivientes, explica, fue revelador por la fuerza con la que han enfrentado abusos y violencia mientras buscan justicia.
“Fue pensar en mis abuelas, en cómo vivieron en su época. Tenerlas de frente fue impactante; más que sentir lástima, fue ver a estas guerreras con la cabeza en alto demostrando que se puede seguir”, apunta la actriz y activista oaxaqueña.
CT