Jalisco
Pedales, pedalea... (y II)
Si crees que haciendo una ciclovía al rato se va a llenar de ciclistas, mejor haz canales: al rato se van a llenar de góndolas
Sería ilusorio pretender que el simple hecho de habilitar y poner en operación mil 500 kilómetros de ciclovías en el curso de los próximos tres años, vaya a reconciliar a Guadalajara (y anexas) con su pasado de “pueblo bicicletero”.
Más ilusorio aún sería suponer que Guadalajara, con el tiempo y el ganchito consabido, se convierta en la versión tropical de Amsterdam o en una reedición de La Habana, por la cantidad de personas que adoptarían el velocípedo como su medio habitual de transporte.
Y más ilusorio todavía, por no decir delirante, presumir que por esa vía vaya a resolverse el creciente problema de la movilidad en esta urbe cada vez más “caótica, apostólica y romántica”.
—II—
Para distancias relativamente cortas, el biciclo puede ser un excelente medio de locomoción... a condición, como ya se ha dicho, de que se tomen medidas para proteger a los ciclistas de camioneros y automovilistas, a peatones y perros de los ciclistas... y a las bicicletas de los ladrones. Para distancias largas, especialmente en las tardes de verano, con aguaceros torrenciales “al estilo Jalisco”, y en los más de 11 meses al año de sol calcinante que por aquí se estilan, quizá no tanto.
De hecho, los habituales participantes e incluso los promotores de los “paseos nocturnos” semanales que, al parecer, ya se han institucionalizado en estos pagos, aprenderían, en cuanto pase a ser rutinario y fastidioso lo que actualmente es divertido, cuán sabio era el inefable Perogrullo cuando sentenciaba que “Una cosa es una cosa, y otra cosa es... otra cosa”.
Eso sí: tienen derecho a disponer de espacios adecuados quienes decidan utilizar —cuanto más, mejor— la bicicleta como medio de transporte. Además, si se acondicionan los andadores para bicicletas, cabe suponer que cada vez tendrán más usufructuarios.
—III—
Si esto ocurre, al final de la historia quedará clavada la espinita de que, si se comprueba que sigue vigente la hipótesis de que “la función crea al órgano”, hubiera sido más sabio, más grato —y más atractivo para los turistas, además— seguir el consejo con que Carlos Enrique (un abrazo, Lic.) obsequió a Fernando Garza cuando éste hizo construir —y después destruir... pero esa es otra historia— una ciclovía por una avenida por la que jamás circulan ciclistas:
—Si crees que haciendo una ciclovía al rato se va a llenar de ciclistas, mejor haz canales: al rato se van a llenar de góndolas...
Más ilusorio aún sería suponer que Guadalajara, con el tiempo y el ganchito consabido, se convierta en la versión tropical de Amsterdam o en una reedición de La Habana, por la cantidad de personas que adoptarían el velocípedo como su medio habitual de transporte.
Y más ilusorio todavía, por no decir delirante, presumir que por esa vía vaya a resolverse el creciente problema de la movilidad en esta urbe cada vez más “caótica, apostólica y romántica”.
—II—
Para distancias relativamente cortas, el biciclo puede ser un excelente medio de locomoción... a condición, como ya se ha dicho, de que se tomen medidas para proteger a los ciclistas de camioneros y automovilistas, a peatones y perros de los ciclistas... y a las bicicletas de los ladrones. Para distancias largas, especialmente en las tardes de verano, con aguaceros torrenciales “al estilo Jalisco”, y en los más de 11 meses al año de sol calcinante que por aquí se estilan, quizá no tanto.
De hecho, los habituales participantes e incluso los promotores de los “paseos nocturnos” semanales que, al parecer, ya se han institucionalizado en estos pagos, aprenderían, en cuanto pase a ser rutinario y fastidioso lo que actualmente es divertido, cuán sabio era el inefable Perogrullo cuando sentenciaba que “Una cosa es una cosa, y otra cosa es... otra cosa”.
Eso sí: tienen derecho a disponer de espacios adecuados quienes decidan utilizar —cuanto más, mejor— la bicicleta como medio de transporte. Además, si se acondicionan los andadores para bicicletas, cabe suponer que cada vez tendrán más usufructuarios.
—III—
Si esto ocurre, al final de la historia quedará clavada la espinita de que, si se comprueba que sigue vigente la hipótesis de que “la función crea al órgano”, hubiera sido más sabio, más grato —y más atractivo para los turistas, además— seguir el consejo con que Carlos Enrique (un abrazo, Lic.) obsequió a Fernando Garza cuando éste hizo construir —y después destruir... pero esa es otra historia— una ciclovía por una avenida por la que jamás circulan ciclistas:
—Si crees que haciendo una ciclovía al rato se va a llenar de ciclistas, mejor haz canales: al rato se van a llenar de góndolas...