Jalisco
Pedalea, pedalea... (I)
Del “pueblo bicicletero” que dejó de serlo, a la “metrópoli”, hay una diferencia que puede retratarse con un par de cifras: aquél tenía medio millón de apacibles habitantes; ésta es un hormiguero de cinco millones de enajenados
Para que se enteren los que llegaron al cine cuando la película ya había empezado: cuando Guadalajara dejó de ser “pueblo bicicletero” para devenir “metrópoli”, sus coordenadas, “a ojo de buen lechero”, serían las siguientes: hacia el norte, “Las Barranquitas” (actualmente, para efectos de inventario, la Normal); al sur, las colonias del Fresno y —obviamente— del Sur; la Zona Industrial llegaría después; (el Cerro del Cuatro era, desde el pleistoceno, dominio exclusivo de las lagartijas); al oriente, la hoy ex Penal; al poniente, la Minerva. Más allá, todos eran lugares en que —diría el humorista uruguayo Juan Verdaguer— “la mano del hombre aún no había metido el pie”.
—II—
Hoy que la conciencia de que la otrora orgullosa “metrópoli” creció “a lo Gorras” y ha empezado a pagar, al precio de una movilidad cada vez más desesperante, la penitencia por la voracidad de algunos, la negligencia de otros y la imprevisión de casi todos, se retoma, más por fuerza que de grado, el tema de las ciclovías... Algo se tiene que hacer antes de que los colapsos viales, cada vez más frecuentes, se tornen cotidianos.
De ahí el denominado “Plan de Movilidad no Motorizada”, que contempla la adecuación de 15 “corredores” para ciclistas. El proyecto comprende más de mil 500 kilómetros de “ciclovías” (o como vayan a llamarse) y —se supone, se dice, se sueña...— estaría en operación antes de que concluyan las actuales administraciones en los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Se trataría de aprovechar la topografía de la ciudad (mayoritariamente plana o con pendientes suaves), de adecuar pisos y delimitar espacios para que los ciclistas se sientan protegidos: algo que no sucede en el contexto actual, donde la opción de la bicicleta es, por decir lo menos, deporte extremo.
—III—
Del “pueblo bicicletero” que dejó de serlo, a la “metrópoli” —dejémosla en eso, para que nadie se ofenda—, hay una diferencia que puede retratarse, de cuerpo entero, con un par de cifras: aquél tenía medio millón de apacibles habitantes; ésta es un hormiguero de cinco millones de enajenados, que invita a cantar con Benito de Paula: “Gente que para, corre, anda / para casa y si no para trabajar; / a dónde van, quién viene allá; / quién pasa, quién mira, pasa, entra; / ya se fue mi tiempo de soñar...”.
(Mañana, con la venia del lector amable, seguimos con el tema).
—II—
Hoy que la conciencia de que la otrora orgullosa “metrópoli” creció “a lo Gorras” y ha empezado a pagar, al precio de una movilidad cada vez más desesperante, la penitencia por la voracidad de algunos, la negligencia de otros y la imprevisión de casi todos, se retoma, más por fuerza que de grado, el tema de las ciclovías... Algo se tiene que hacer antes de que los colapsos viales, cada vez más frecuentes, se tornen cotidianos.
De ahí el denominado “Plan de Movilidad no Motorizada”, que contempla la adecuación de 15 “corredores” para ciclistas. El proyecto comprende más de mil 500 kilómetros de “ciclovías” (o como vayan a llamarse) y —se supone, se dice, se sueña...— estaría en operación antes de que concluyan las actuales administraciones en los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Se trataría de aprovechar la topografía de la ciudad (mayoritariamente plana o con pendientes suaves), de adecuar pisos y delimitar espacios para que los ciclistas se sientan protegidos: algo que no sucede en el contexto actual, donde la opción de la bicicleta es, por decir lo menos, deporte extremo.
—III—
Del “pueblo bicicletero” que dejó de serlo, a la “metrópoli” —dejémosla en eso, para que nadie se ofenda—, hay una diferencia que puede retratarse, de cuerpo entero, con un par de cifras: aquél tenía medio millón de apacibles habitantes; ésta es un hormiguero de cinco millones de enajenados, que invita a cantar con Benito de Paula: “Gente que para, corre, anda / para casa y si no para trabajar; / a dónde van, quién viene allá; / quién pasa, quién mira, pasa, entra; / ya se fue mi tiempo de soñar...”.
(Mañana, con la venia del lector amable, seguimos con el tema).