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Miércoles, 20 de Noviembre 2019
Suplementos | La imagen de Cristo como Rey, corresponde a la imagen esencial de Dios, del Dios omnipresente

¿Vive Cristo Rey en nosotros?

El martirio es una vocación muy especial que no es dada a todos, sino sólo a algunos a los que Dios elige, con el fin de que sean testigos hasta el extremo de fidelidad, obediencia y amor a Él y a su Evangelio

Por: EL INFORMADOR

     La historia de muchos mártires de las persecuciones religiosas en México, en España y en otras latitudes, canonizados o no, que entregaron su vida por Cristo y por el Evangelio,  suele ser muy semejante entre sí. Casi todas tienen el común denominador de que ellos, en algún momento de su proceso hacia el martirio, reconocieron o proclamaron a Cristo como Rey, como una expresión, con los labios, de lo que en realidad ellos vivían. Su vida estaba sometida al reinado, al señorío de Jesucristo.
     El martirio es una vocación muy especial que no es dada a todos, sino sólo a algunos a los que Dios elige, con el fin de que sean testigos hasta el extremo de fidelidad, obediencia y amor a Él y a su Evangelio. Dicho en otras palabras, el Señor nuestro Dios permite que algunos de sus hijos sufran, a ejemplo de su Hijo primogénito Jesús, todas las consecuencias --aún las persecuciones, torturas y hasta la pérdida de su propia vida--, por ser auténticos discípulos y vivir conforme a su voluntad, a su plan de Salvación, que no es otro que declarar su reinado y hacerlo realidad en la vida.
     Para quienes no son llamados a esa singular vocación, pero que sí desean ser auténticos discípulos de Jesús, la diferencia estriba en que si bien, la vida no termina con una muerte cruenta y violenta por causa de Él, sí la han de entregar poco a poco, día a día, en la vida cotidiana, en los deberes de estado, ahí donde el Señor los coloque y envíe a cumplir con su misión. Y eso no es posible si no se vive, al igual que los llamados al martirio, el señorío, el reinado de Jesús.
     Cabe señalar que es preciso que estemos bien conscientes de que ese reinado es sobrenatural, no un reinado al estilo del mundo. La imagen de Cristo como Rey, corresponde a la imagen esencial de Dios, del Dios omnipresente, todopoderoso, clemente y misericordioso
     Vivir, pues, ese señorío, supone, como origen, que el cristiano reconoce a Jesús como el único, exclusivo Rey --y no sólo de los cielos y del universo, sino como su Rey y Señor personal--, y con ello acepta, con amor, que no se pertenece a sí mismo ni a otro ser humano, sino total y absolutamente a Él.
     De ahí se deriva que toda su vida, su persona, sus pertenencias, sus afectos, sus inclinaciones, sus anhelos e ilusiones, y aún su pecado, son en realidad de Jesús y estarán sometidas siempre a su señorío, y  que, por lo tanto, todos sus pensamientos, sus palabras, decisiones y acciones, serán conforme a lo que Jesús quiere de ellas; y no son otras que las mismas que Él observó durante su vida pública, pues Él vino a enseñarnos todo ello con su palabra y su ejemplo. Y es precisamente el Espíritu Santo quien hace posible la vivencia real y efectiva de este reinado, de este señorío; mas para recibir al Espíritu, es preciso proclamar antes con los labios y con el corazón, la aceptación de Jesús como el único Señor personal.
     Quienes no lo aceptan, proclaman y viven como tal, terminan por convertirse en falsos reyes de sí mismos, de los más cercanos a ellos, de aquellos con los que se relacionan, y hasta de su vida religiosa. Y como es el egoísmo lo que los mueve a caer en esto, seguramente se convertirán también en verdaderos tiranos, que sólo utilizan tanto a las personas como a las cosas, para su propio bien.
     Jesús, en el Evangelio de hoy, reconoce su reinado; mas no, insistimos, como un reinado de este mundo --es decir al estilo del mundo o sometido al mundo--, sino uno conforme la voluntad de su Padre, que es el Reino de Dios; y el hacerlo lo lleva a su sacrificio y a su muerte, pero también a su resurrección y a su glorificación, sentándose a la derecha del Padre, lo que significa reinando eternamente junto con Él.
     Todos los seres humanos estamos llamados a compartir esa gloria, siempre y cuando aceptemos, proclamemos y vivamos ese reinado, ese señorío de Jesús en todas la áreas de nuestra vida.
     ¿Es Jesús, real y verdaderamente, tu Señor personal, el Rey de tu vida?


Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx


    

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