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Lunes, 10 de Diciembre 2018

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Suplementos | Por: Brenda Ramos

Telenovelas, pasiones recicladas

El público les abre la puerta a sus hogares, a sus familias y a sus sentimientos. Son las reinas del raiting por mucho. Están llenas de clichés, y aunque incluyen personajes tabú cada vez más, lo hacen con cierta gana de ridiculizarlos

Por: EL INFORMADOR

La cenicienta mestiza.  /

La cenicienta mestiza. /

GUADALAJARA, JALISCO (19/AGO/2012).- Esta es una historia en la que el pasado no se olvida y los pecados nunca son perdonados. De un terrible accidente que marcó su juventud. Con ingredientes de envidia. Obsesión. Secretos. Una separación dolorosa. Donde a pesar de los obstáculos, cuando se encuentren revivirán los sentimientos que dejaron en su niñez. Pero en este pueblo, el amor parece estar prohibido. La pelea encendida por el odio, los celos y la rivalidad será de vida o muerte. Con Angelique Boyer, David Zepeda, Mark Tacher y el primer actor Alejandro Camacho, Televisa presenta: "Abismo de pasión".

Todas las noches, de lunes a viernes a las 21:30 horas, millones de televidentes observan cómo Gael (Tacher) y Damián (Zepeda) compiten por el amor de Elisa (Boyer), al tiempo que muestran sus fornidos torsos, esculpidos cual David del siglo XXI. Elisa es una muchacha de exótica hermosura. Perdió a su madre cuando era una niña y desde entonces vive en un ambiente marcado por la amargura de su padre Augusto (Camacho), quien cree que su esposa lo traicionó antes de morir, y de su exuberante tía Carmina (Sabine Moussier), que se convirtió en la segunda mujer de su padre.

"Abismo de pasión" es la actual versión de Cañaveral de pasiones, una telenovela producida en 1997 por los también actores Christian Bach y Humberto Zurita. Es también el programa con mayor rating de la televisión mexicana con 24.39 puntos, según la última versión disponible (abril de 2012) para consulta en el sitio de internet de la empresa Ibope, líder en la medición de los contenidos televisivos y de audiencias de medios de comunicación. El blog especializado "Más que telenovelas" sostiene la tendencia en su último conteo a la segunda semana de agosto, con 27.2 puntos para esta producción. Ambas fuentes colocan a la parrilla telenovelera completa del Canal de las Estrellas por encima de la más popular de Tv Azteca, "La mujer de Judas", donde con la mirada altiva, Altagracia del Toro (Anette Michel) atormenta al pueblo de Xico, Veracruz, para saciar la sed de venganza que le engendraron 23 años de cárcel y borrar los recuerdos manchados de sangre en su vestido de novia.

“El género de entretenimiento con mayores niveles de audiencia siguen siendo las telenovelas en México y el mundo. Cada vez hay más hombres, más niños y jóvenes, que aunque son los menos, también ven telenovelas”, plantea Heriberto López Romo, investigador de la comunicación y director del Instituto de Investigaciones Sociales S.C.

La televisión de paga y sus canales extranjeros no alcanzan a absorber el consumo de la señal abierta.

En 2010, tres mil 800 capítulos se fragmentaron en 218 mil minutos de emociones para tupir los ojos del público y mover sus corazones. Los datos son de Rubén Jara, presidente de Ibope AGB México, en su colaboración en el libro "Telenovelas en México: nuestras íntimas extrañas", editado por Grupo Delphi el año pasado. Las televisoras han dirigido sus esfuerzos para diversificarse y mantenerse competitivas en las preferencias de una sociedad digital.

López Romo abunda: “Las telenovelas de los años sesenta a las actuales son significativamente diferentes. Primero porque hay muchos tipos: las hay para diferentes targets, con diferentes fondos o planteamientos narrativos. A esto ha contribuido el ingreso, el negocio de la telenovela, nuevos actores y nuevas empresas, como por ejemplo los colombianos que han introducido nuevos géneros”.

Guillermo Orozco, investigador académico de las audiencias televisivas de la Universidad de Guadalajara y doctor en Educación por Harvard, sugiere que se sigue recurriendo a las historias y personajes de siempre, al tiempo que se incrementa el uso de recursos como violencia explícita e imágenes eróticas.

“Es una tendencia creciente. Hay diálogos muy fuertes y se han exacerbado los rasgos de definición de los personajes. Hay más daño y más sufrimiento. Sigue siendo más de lo mismo y mucha gente se va cansando. Eso ha hecho que Televisa y Tv Azteca le traten de meter estos condimentos a su comida”.

Medio siglo de telenovelas

Los brillosos bíceps engarrotados en un juego de vencidas entre Gael y Damián, en "Abismo de pasión", y las vívidas escenas de asesinatos por ahogamiento, asfixia o por entierro prematuro perpetrados por la misteriosa dama de blanco en "La mujer de Judas", prueban tal señalamiento. Ambas son las tramas estelares de Televisa y Tv Azteca.

Con más de 55 años al aire, las perspectivas para discutir la evolución del género son infinitas. Ha cambiado en velocidad e intensidad. Hoy, Televisa domina el mercado nacional y por eso sus héroes y hazañas llevan la pauta en las tendencias del mainstream telenovelero. Y aunque Tv Azteca ha hecho muchos experimentos a lo largo de su existencia, desde hace varios años regresó al modelo tradicional copiando a su eterna antagónica, aún sin alcanzarla.

"La telenovela de Televisa en modelo ‘Cenicienta’ se vende por todo el mundo con mucho éxito, porque donde haya gente pobre, apelará a algo universal." Claudia Quintero, investigadora de medios de comunicación.

Estereotipos de todos y de nadie

Gran parte de las historias en las telenovelas funciona a partir de estereotipos y personajes definidos fuertemente, precisa Guillermo Orozco. “Es una regla clásica: tiene que haber un malo o mala, uno bueno, tiene que haber un conflicto entre ellos que se resuelve con la ayuda de terceros, tiene que haber víctimas y victimarios intermedios. Luego puede haber subtramas en la historia principal, que de alguna manera se conectan. Sin embargo, el andamiaje principal de la telenovela es exponer esos personajes de manera maniqueísta. Ellos (las televisoras) explican que si no es así, la audiencia no logra entender la trama, por lo que tienen que marcarse los límites de los personajes centrales”.

En el modelo Televisa se estableció que el personaje se delimita desde un primer momento y va creciendo conforme avanza la historia. La maldad o la bondad no tenían nada qué ver con alguna condición histórica, geográfica o social, sino que eran características intrínsecas. “Todo lo traen adentro: ya nacieron así”, acota Orozco.

Sin embargo, para todas las historias en televisión, cine o literatura, no hay muchas opciones en fundamentos y funciones que se les puedan atribuir a los personajes, desmenuza el investigador Heriberto López Romo. Una cosa es lo que realmente representan y otra la anécdota con la que toman forma. Las motivaciones básicas son limitadas y se restringen a las necesidades que tienen los seres humanos.

“En los arquetipos basados en teorías de Freud y Jung, hay ejemplos como el héroe, el controlador, el arquetipo inocente, el "joker"… y no muchos más, porque es muy difícil encontrar una nueva motivación. Esos personajes anecdóticamente pueden tomar diferentes formas de acuerdo con lo que está pasando en la realidad, pero en el fondo tienen las mismas motivaciones. Puede haber una Cenicienta más o menos moderna que siempre buscará la transformación si la suerte se lo permite”.

La Cenicienta mestiza

Dentro de la gama de telenovelas que cuentan con mayor audiencia —todas de Televisa—sólo "Un refugio por el amor", que se transmite a las 16:15 horas, tiene un argumento tipo Cenicienta: una mujer de origen humilde, desvalida, que se enamora de un hombre rico, su príncipe azul. No obstante, llama la atención la permanencia de este cuento a lo largo de los años y su presencia en el imaginario colectivo. La actual retransmisión de "María la del barrio" —estelarizada por Thalía, emitida originalmente en 1995 y basada en el guión de "Los ricos también lloran"— en el Canal de las Estrellas es un claro indicio.

La investigadora de medios de comunicación Claudia Quintero, quien ha dedicado buena parte de su estudio a las telenovelas mexicanas y al folklore, refiere que esto tiene que ver con las circunstancias políticas y económicas de los países en vías de desarrollo, en donde la desigualdad y la diferencia de clases son determinantes para las condiciones de vida.

“Cuando empezaron las telenovelas en Televisa, muchas de ellas hablaban de temas muy fuertes, como "Senda Prohibida" (la primera telenovela, 1958), de Fernanda Villeli. Poco a poco se fue viendo que el cuento de la Cenicienta funcionaba muy bien, que a la gente le gustaba y tuvo que ver con la regulación del Gobierno y de la propia Iglesia Católica para la promoción de sus valores. Televisa tiene otros cuentos pero el que supo pulir fue ése: una chica en desgracia, confinada al hogar, virginal, sufrida y abnegada”.

El cuento de la Cenicienta data del siglo XVII, cuando se divulgaba de boca en boca, hasta que Charles Perrault (Francia) lo escribió por vez primera en 1679. El relato trata de una jovencita abusada por su madre y sus hermanas hasta que eventualmente encuentra a un príncipe, quien la reconoce por su belleza interior, y logra la movilidad social por medio de él.

¿Por qué insistimos en esa historia? En una región tan desigual como Latinoamérica, las telenovelas clavan su flecha en la gente cuando tocan las diferencias de clases. Donde convive la riqueza ostentosa con la pobreza extrema, la Cenicienta simboliza un mensaje de esperanza, de personas abusadas que terminan triunfantes después de enfrentar la adversidad. Es una historia de recompensa, no por el trabajo de alcanzar una meta, sino por resistir el sufrimiento.

“La telenovela de Televisa en modelo ‘Cenicienta’ se vende por todo el mundo con mucho éxito, porque donde haya gente pobre, apelará a algo universal. No solamente a eso, también a los desprotegidos, a los que han sido abusados, por eso 'Los ricos también lloran' tuvo tanto éxito en Rusia, donde había muchos oprimidos. Después vendría Thalía con 'María la del barrio' en Filipinas”, comenta Quintero.

Para echar a andar esta ficción, siempre hay un personaje o varios que maltratan a la protagonista —que pueden ser la suegra o la novia del galán—, así como ayudantes que toman la forma de hada madrina o padrino.

Claudia agrega: “Las mujeres que son activas sexualmente suelen ser las malvadas: la buena es íntegra, virginal. La mala engaña, tiene sexo, y su trabajo nada más es maquinar cómo va a fastidiar a la protagonista. Suele ser voluptuosa. El galán es un príncipe, a veces tonto y pasivo, y cumple con ciertos principios. En la telenovela, los malos tienen un final terrible, pocos se transforman”.

Algo que permanece a lo largo de los años, de acuerdo con los estudios de la investigadora, es la representación telenovelera de la Cenicienta como una chica blanca o con la piel clara y el pelo negro o castaño oscuro. El código se puede descifrar de la siguiente forma: somos mestizos, el pelo es su relación con su pasado indígena, campesino, que llama a la gente. No obstante, las Cenicientas deben ser blancas porque son personajes aspiracionales y además, porque eso les permitirá tener movilidad social en un panorama en donde las clases altas están relacionadas con esa característica.

Luciana Jacinto es la protagonista de "Un refugio para el amor". Ella huye de su pueblo natal para trabajar como sirvienta en la ciudad, en la casa de la acomodada familia Torreslanda. Rodrigo, el hijo primogénito de la familia, es el galán con el que Luciana vive un intenso romance. Tendrán que enfrentarse a Roselena, la madre de Rodrigo, quien no acepta a Luciana por su condición social.

Aunque no es explícito, intertextualmente se transmite que Luciana pertenece a una etnia. Está encarnada por Zuria Vega, una actriz mexicana con nariz delgada, ojos color miel y piel lechosa. El productor Ignacio Sada ha señalado en entrevistas que el ficticio pueblo de San Francisco el Alto, de donde es originario el personaje, tiene guiños a los rarámuris de la Sierra Tarahumara. La caracterización indígena de Luciana está básicamente en su ropa, ya que porta una banda ancha de tela que le cubre toda la frente, así como blusas y faldas holgadas preferentemente blancas.

“Si en realidad vas a buscar a una chica de ese grupo al que supuestamente alude el personaje, no se parece. Eso es racismo y no se habla mucho de eso. Televisa ha formado un estereotipo de lo que es el mestizaje en algo que ha sido constante”, sentencia Claudia.

Los cómics de Yolanda Vargas Dulché en los cuarenta ("Lágrimas y Risas"), Thalía, Verónica Castro, Victoria Ruffo o Maite Perroni también llenaron el requisito: piel blanca, cuando mucho trigueña. Nunca oscura. “México es un país sumamente racista”.

De acuerdo con los especialistas, la propuesta de la fisonomía europea (cabello, piel y ojos claros) en las producciones mexicanas no significa que las televisoras estén haciendo una imposición. Al contrario, responde a un deseo latente en la cultura nacional: ser como el otro.

El galán proactivo, la heroína independiente

Hasta hace unos años, el galán en las telenovelas era uno de los personajes más aburridos. Torpe y pasivo. Un perfecto Ken.

“Eso ha cambiado”, opina Pedro Armando Rodríguez, libretista en "Por ella… soy Eva": “Los galanes de las telenovelas de antes eran un peón del ajedrez, no accionaban mucho, quienes lo hacían eran los villanos. También hay una cuestión muy machista en el sentido de que eran seducidos por las villanas, pese a que ya tenían su historia de amor con la protagonista, pero al final ellas los perdonaban”.

Los nuevos personajes masculinos ahora son más humanos. Tienen metas y valores. En "Por ella… soy Eva", Juan Carlos Caballero (Jaime Camil) es un mujeriego descarado hasta que se enamora de Helena (Lucero), una madre soltera. Ambos son víctimas de un fraude, por lo que éste decide disfrazarse de mujer para acercarse a ella, desenmascarar la verdad y reconquistarla.

“Pienso en otros personajes, en el caso de "Una familia con suerte", una comedia también, que tiene a un hombre proactivo (Pancho, interpretado por Arath de la Torre) para quien lo más importante es la familia; es un gran padre. El caso es que realmente ya tienen un conflicto los protagonistas masculinos y son proactivos, toman decisiones importantes, cometen errores, los tratan de enmendar, van tras una meta y los villanos ponen obstáculos”.

Cada vez hay más varones liderando las tramas, señala Pedro Armando. “Ahora lo puedes ver en 'Amor bravío': realmente a quien le afecta toda la situación es al hombre (Daniel Díaz en la piel del chileno Cristián de la Fuente). En el caso de ‘Eva’ también, porque quien va llevando la historia es el varón. Creo que eso también tiene que ver con que las heroínas cambien, porque al no estar todo el peso del protagonismo en ellas hay como una mayor libertad de acción”.

En efecto, los galanes activos comparten pantalla con sus amadas revitalizadas. Son dúos dinámicos. La independencia de la mujer florece en las telenovelas. En “Eva”, Helena es una madre soltera que trabaja para mantener a su pequeño hijo Lalito (Manuel Ojeda), por lo que no es virginal ni está confinada al ámbito doméstico.

Camila Monterde (Silvia Navarro) tampoco es la heroína clásica en "Amor Bravío", sino que busca la transformación de la realidad y está tomando el destino en sus manos. Es entrona, de carácter fuerte, muy a tono con el ambiente campirano del rancho “La Malquerida”, dedicado a la crianza de toros, donde labora como veterinaria.

En las raíces de las telenovelas, hay un concepto de masculinidad y feminidad muy claro, observa Guillermo Orozco. “Y eso únicamente las telenovelas alternativas, como las de Cadena Tres, aparentemente muestran a las mujeres tomando decisiones, como jefas de familia y no simplemente como las que están siguiendo el papel de la esposa tímida”.

En los términos de género, Guillermo sostiene la hipótesis de que aún no hay una verdadera alternativa. Incluso en las telenovelas y teleseries de Cadena Tres, Canal Once y Canal 22, a veces simplemente se invierte la relación de dominación entre géneros. “Es un poco como repetir lo que hizo María Félix, quien se hizo más machista que los machos para poder sobrevivir en ese contexto: tuvo que gritar, dominar, humillar, victimizar… y podía hacerlo porque era muy bonita, pero no modificó el estereotipo”.

En el caso de "Teresa" —cuya cuarta versión se estrenó en 2010 bajo la producción de Carlos Huerta con la actuación de Angelique Boyer— se presenta una mujer fuerte cuyos valores no difieren mucho de los de una mujer dominada, simplemente que ella trata de ser la dominadora. “Teresa se atreve a andar con varios, no es recatada, controla, domina la situación, sale adelante, es muy inteligente, tiene ideas, tiene cara, cuerpo y diálogo. Tiene ambición y no le importa conseguir lo que quiere y a quién aplasta en el camino. Muchas mujeres de la audiencia quisieran tener algo de lo que tiene ella, aunque no todo, pero de alguna manera las hace sentirse reivindicadas”.

Tampoco se trata de achacarle todos los males a Televisa o TV Azteca. Los investigadores opinan que en general, las series y películas, incluso algunas como "Sex and the city" o "El diario de Bridget Jones", conservan elementos que siguen siendo tradicionales a los roles de género: “Eres independiente: sales a trabajar, eres la directora de una gran empresa, pero sigues siendo íntegra. Hay características que persisten: añorar tener un príncipe pese a que no es lo único en tu vida. Ésos son los nuevos estereotipos de la mujer; hay nuevos modelos, pero siguen los viejos valores de clase que se conectan con la religión”, resume Claudia Quintero.

“Es una regla clásica: tiene que haber un malo o mala, uno bueno, tiene que haber un conflicto entre ellos que se resuelve con la ayuda de terceros.”

El homosexual: discriminado o caricaturizado

Al analizar la telenovela como espejo de los cambios sociales, ésta se tarda en reflejar el ritmo en que la realidad se está transformando. “El proceso se va haciendo conforme a la audiencia lo permite. Ha habido algunas telenovelas que adelantándose meten estos temas y les va muy mal. La sociedad es muy compleja, entonces en la planeación de productos tienes que tener cuidado a qué tipo de audiencia le estás hablando. En el país, 40% de los hogares tiene una sola televisión, lo cual significa que lo que ven lo tienen que consensar de alguna forma con toda la familia”, comenta Heriberto López Romo.

La homosexualidad es tabú en muchos sectores del México actual. No obstante, en los últimos años han aparecido al menos un puño de personajes gays en telenovelas estelares.

Los especialistas coinciden en que una de las producciones en la que mejor se abordó esta temática fue "Alma de hierro" —al aire de 2008 a 2009 en Televisa; adaptación de la argentina "Son de Fierro"— en donde el padre del protagonista, Ignacio Hierro (Rafael Inclán), es un hombre que declaró su homosexualidad a los 40 años después de haber estado casado y tenido hijos. Ignacio enfrenta el rechazo de su propio hijo y sostiene una relación que no tiene nada que ver con el estereotipo del homosexual que actúa de manera femenina o flamboyante. “Sin embargo, en el resto de las producciones el homosexual es caricatura, es algo para reírse, para ridiculizar”, opina Guillermo Orozco.

La incursión de los homosexuales en los melodramas es un termómetro de los niveles de tolerancia en la teleaudiencia. Es un proceso en el que se dan cinco pasos adelante y luego se hacen tres para atrás, dice Pedro Armando Rodríguez. “Lo que está sucediendo es que ya se habla más claramente de las cosas. Yo he visto telenovelas toda mi vida y sí me acuerdo que se tocaban muy sutilmente este tipo de temas; no abiertamente, pero uno captaba, entendía y quedaba como la idea”.

En "Por ella… soy Eva", Renato es un chico homosexual que esconde su preferencia debido a la actitud machista de su patrón. La historia refleja el aspecto del homosexual discriminado en un entorno conservador y difícil. Por exigencias de la trama, tiene que actuar de manera sobria y emular a un hombre heterosexual en esas condiciones.

En cambio, algunas participaciones recientes del estereotipo feminizado del homosexual, con vestimenta extravagante y ademanes exagerados, corrieron a cargo de Luigi Lombardi (Sergio Mayer) en "La fea más bella" (2006-2007), "Pastor Gaitán" (Pedro Romo) en "Yo amo a Juan Querendón" (2007-2008) o Meño (Manuel “Flaco” Ibáñez) en "Las tontas no van al cielo" (2008).

“Por lo general, los homosexuales son una caricatura”, reitera Claudia Quintero. “El hombre homosexual y la mujer activa sexualmente son raros, diferentes, se excluyen y así son representados”.

Y las lesbianas, por su parte, brillan por su ausencia.

Hay otros cambios que enfrenta la realidad mexicana y que tampoco figuran. La inseguridad, el crimen organizado, la corrupción; la revolución tecnológica y el debate sobre el aborto son islas temáticas que acaso han tenido referencias superficiales o prejuiciosas.

Esto no es culpa de las cadenas productoras. Para la mayor parte de México y del mundo en general, es más importante encontrar una pareja que vivir una aventura o desarrollarse productivamente en un trabajo.

No obstante, la integración de estas problemáticas o transformaciones sociales resulta fructífera en los casos de Argentina, Brasil y Colombia, que se han convertido en los principales exportadores de guiones, inclinándose hacia un estilo de telenovela costumbrista, es decir, que tenga verosimilitud con la realidad en un contexto determinado. México, en contraste, importa la mayoría de sus guiones.

Independientemente de sus errores y aciertos, la telenovela impone su dominación en la pantalla chica. Sigue cautivando a su público. Es porque a los seres humanos les preocupan las mismas cosas en general, reflexiona Heriberto López Romo. Conservar a la pareja, a los hijos, transmitir lo que sabes, tener control y poder de las cosas en ciertos momentos. Las necesidades básicas sobre las que funcionan las grandes historias son las mismas de siempre. “No importa si estás hablando de 'Madame Bovary' o de 'Abismo de pasión'”.

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La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares del Inegi indica que en 2011 había nueve millones 125 mil 418 casas con alguna clase de suscripción por cable o satélite —30.4% de la población— mientras que 94.7% de las casas en México tiene una televisión y 23.3%, acceso a internet.

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