Lunes, 20 de Octubre 2025
Suplementos | Donde estemos, procuremos respetar la santidad de estos días, y participar en lo posible en las celebraciones litúrgicas

¡Respetemos los días santos!

Estamos iniciando la Semana Santa y quienes vivimos desde esta perspectivas, hemos de participar y vibrar con las celebraciones para conmemorar la Pasión, muerte y Resurrección de nuestro Maestro

Por: EL INFORMADOR

     Cuando se llevó a cabo el último de los concilios celebrados en la Iglesia Católica, que fue el Concilio Ecuménico Vaticano II, al publicarse las  conclusiones, se suscitó un gran revuelo en el seno de la misma y aun en ambientes laicales, a causa de las múltiples reformas aprobadas en el mismo.
     El revuelo surgió cuando muchos, individuos e instituciones entraron en álgidas y  fragorosas discusiones motivadas por las adecuaciones, tanto en la liturgia, como en cuestiones de doctrina. Los actores de éstas fueron desde los moderados, que luego entraron en razón; los sin estar muy convencidos de momento, aceptaron por obediencia, hasta los radicales que cayeron en cisma, como fue el caso de los seguidores del obispo Lefebre.
     Recuerdo especialmente una controversia en la que se sostenía "que el mundo debía adaptarse a la Iglesia y no la Iglesia al mundo", y que por lo tanto las reformas conciliares no tenían razón de ser.
     Independientemente de que es deber de todo verdadero católico confiar y obedecer a aquellos que el Espíritu Santo ha elegido como autoridades y como pastores de la Iglesia, y a quienes corresponde --como sucesores del apóstol Pedro, primer Papa y a quien Jesús lo encomendó al darle las llaves del Reino-- cuidar del depósito de la fe, a tantos años de ello, pienso que en lo que se equivocaron quienes postularon eso, fue en su planteamiento.
Si hubieran distinguido la forma y el fondo, tal vez hubiese sido más aceptable el postulado.
     Me explico. La Iglesia, como institución, es tanto divina como humana. En la dimensión divina o sobrenatural, precisamente ese depósito de la fe que es la Palabra de Dios, con todos sus mandatos, sus normas y sus lineamientos, es inamovible, incambiable, al grado que la misma Palabra habla de las consecuencias de hacerlo, y es eterna o para siempre; la presencia divina se da, justamente en su Palabra y en la Eucaristía, primordialmente.
     De la Tradición y del Magisterio, podríamos afirmar algo similar, ya que ambos tienes su fuente en la misma Palabra.  
     En su dimensión humana, la Iglesia debe estar al tanto de los avances en el mundo y no tanto adaptarse a ellos, y mucho menos ir en contra, mientras éstos sean para el bien común, y no contradigan sus principios, sino asumirlos y ponerlos al servicio de su misión, objetivos y metas.
De ellos, entonces se infiere que en lo que a doctrina, mandamientos, principios, etc., se refiere, la Iglesia --entendida ésta como la jerarquía y los fieles--, deberá ser fiel a la Palabra de su fundador, Cristo Jesús, Dios y Hombre verdadero, y vivir a pie de la letra, conforme a lo que Él nos enseñó. Todo ello visto desde la perspectiva intelectual, de la razón.
     Mas, cuando se ha tenido la experiencia de un Dios vivo, cercano, amoroso, bondadoso y misericordioso; de ese Dios que es ante todo, Padre por excelencia y que quiere lo mejor para sus hijos, y lo mejor es su salvación eterna, y para ello nos dio a Jesucristo como Salvador; cuando se ha tenido un encuentro con Él y se ha dejado amar por Él, se le seguirá como discípulo auténtico, y se vivirá intensamente como Él vivió. Esto, desde la perspectiva del corazón.
     Estamos iniciando la Semana Santa y quienes vivimos desde esta perspectivas, hemos de participar y vibrar con las celebraciones que, como Iglesia, se tienen para conmemorar la Pasión, muerte y Resurrección de nuestro Maestro, las cuales, unidas a nuestra vivencia personal en el silencio, la meditación, el sacrificio y la oración, le darán su verdadero sentido a estos días; el cual se ha desvirtuado al grado de transformarse en días de asueto, de vacaciones, de diversión y de dispersión --muchas veces ofensiva al mismo Dios--, y todo tipo de excesos; muy lejos de conmemorar estos misterios, antes bien se ignoran, ignorando con ellos al Señor, se denigran con el anti testimonio, y hasta son objeto de mofa e indiferencia.
     Donde estemos, procuremos respetar la santidad de estos días, y participar en lo posible en las celebraciones litúrgicas


Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones