Miércoles, 12 de Mayo 2021

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Suplementos | Tras 15 años de predominio de la izquierda, vemos los primeros signos del agotamiento

¿Por qué América Latina gira a la derecha?

Tras 15 años de predominio de la izquierda en la región, vemos los primeros signos del agotamiento de su proyecto político. La derecha comienza a recuperar posiciones en todos los países del subcontinente

Por: EL INFORMADOR

La longevidad en los cargos provocó que se repitieran fenómenos de corrupción y sospechas que minaron la credibilidad de gobiernos. EL INFORMADOR / S. Mora

La longevidad en los cargos provocó que se repitieran fenómenos de corrupción y sospechas que minaron la credibilidad de gobiernos. EL INFORMADOR / S. Mora

GUADALAJARA, JALISCO (06/DIC/2015).- En Argentina, acaban 12 años de “kirchnerismo” en una apretada segunda vuelta. En Venezuela, Nicolás Maduro sostiene con pinzas lo que queda del legado de Hugo Chávez, entendiendo que las elecciones legislativas del día de hoy, pueden escribir su epitafio. En Brasil, el Partido de los Trabajadores, encabezado por la presidenta Dilma Rousseff, se encuentra salpicado por la corrupción y la presidenta tiene un nivel de aprobación del 10 por ciento. En Colombia, la izquierda partidista es marginal, y pierde hasta en ciudades tan emblemáticas como Bogotá. En Chile, Bachelet tuvo que cambiar a todo su gabinete para evitar una crisis política profundísima en su país. Y en México, la izquierda se sigue agarrando al carisma de un líder como Andrés Manuel López Obrador con dos derrotas electorales cargando sobre sus hombros.

En Guatemala, en ese pequeño país que juzgó y encarceló a su ex presidente por participar en casos de corrupción, fue electo presidente un comediante de derecha como Jimmy Morales. En Paraguay, no queda ni rastro de lo que fue el proyecto del sacerdote Fernando Lugo, y el Partido Colorado gobierna a sus anchas sin mayor amenaza. En Ecuador, Rafael Correa pierde la capital Quito ante la oposición, uno de los bastiones del oficialismo, y sigue en disputa con los movimientos ecologistas e indigenistas que lo tachan de autoritario. Sólo Bolivia con su proyecto nacional-indigenista, la socialdemocracia uruguaya con el Frente Amplio Progresista, y posiblemente el Perú de Ollanta Humala son gobiernos de izquierda estables y con niveles relativamente altos de aprobación. ¿Qué pasó en América Latina? ¿Qué pasó con aquellos años en donde el subcontinente marchaba hacia una inexorable convergencia de políticas de izquierda? ¿Qué explica el renacimiento de la derecha en el continente?

Diría que hay tres explicaciones para tratar de comprender el repliegue de la izquierda partidista en la región. La primera hipótesis: los gobiernos de izquierda llegaron con un proyecto de democratización, de inclusión y apertura política, que sirvió como excusa para arrasar con algunas libertades asociadas a los viejos regímenes. La segunda hipótesis: los gobiernos de izquierda no supieron manejar la economía y en cuanto el precio del petróleo y de los commodities empezó a bajar, los desbalances económicos fueron imposibles de esconder. El populismo económico los derrotó. Y una tercera, al igual que sus antecesores del periodo neoliberal, la corrupción carcomió las entrañas de sus gobiernos. Exploremos las tres explicaciones al mal momento que vive la izquierda latinoamericana.

¿Fracasaron en la democratización?

Hablar en términos generales, de una región de más de 500 millones de habitantes nos puede llevar a arbitrariedades innegables. Sin embargo, sí podemos hablar de algunas tendencias. Tanto en Brasil, como en Venezuela, Argentina, Ecuador y hasta en Uruguay, la llegada de los gobiernos progresistas también significó la disputa por el concepto de democracia. Los gobiernos de izquierda se alejaron de la visión procedimental de la democracia, y buscaron abrazar una definición amplia de lo que significa la democracia. Para Chávez, Kirchner o “Lula”, democracia era también tener una vida digna, el combate a la desigualdad y la reducción de pobreza. Buscaron pasar de la democracia mínima, la de las instituciones y el voto, a la democracia social, la de la inclusión. El Latinobarómetro 2015 lo que nos dice es que Uruguay, Ecuador y Argentina, tres países gobernados por la izquierda, son los que tienen mayor satisfacción con la democracia. Venezuela, que solía aparecer con un buen apoyo de sus ciudadanos a la democracia durante los años de Chávez, hoy sólo 30% de sus ciudadanos están satisfechos con la democracia. México, gobernado por el PRI, es el país que presenta peor satisfacción con la democracia.

Y es que la mayoría de los gobiernos de la región, que tomaron una dirección de izquierda durante finales del siglo pasado, se enfrentaron a una realidad muy paradójica. Por un lado, todos los estudios dicen que los mecanismos de participación como la revocación de mandato, los plebiscitos o los constituyentes, en Ecuador, Bolivia, Venezuela o Argentina, permitieron que los ciudadanos de estos países se sintieran más incluidos en la toma de decisiones. Sin embargo, lo paradójico fue que esta ampliación de las libertades democráticas contrastó con regresiones muy claras en materia de división de poderes, respeto a la oposición, limpieza electoral y libertad de expresión. Tanto el chavismo, como el correísmo o incluso el kirchnerismo, no fueron capaces de acompañar su “segunda ola de reformas democráticas”, con las garantías mínimas de una democracia liberal: la libertad de expresión, de manifestación, de prensa. Al impulsar su “democracia popular” se llevaron entre las patas garantías mínimas que permiten que una democracia funcione, desde la autonomía del Poder Judicial hasta la independencia de los órganos encargados de arbitrar las elecciones o incluso la posibilidad de que exista una prensa libre que fiscalice a los políticos. El extremo de esta regresión autoritaria en algunas naciones latinoamericanas lo vemos en Venezuela con el encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López.  

¿Populismo económico?

La primera década del siglo XXI, fue de oro para América Latina. Habría que sacar a México, y a algunos países centroamericanos de esa categoría, pero lo innegable es que la región creció a una tasa acumulada de 4 puntos porcentuales. La década pérdida, la última del siglo XX, se recuperaba en pocos años, ya sea por el incremento del precio del petróleo, la manufactura o las exportaciones. América Latina fue, después del Este Asiático, la región del mundo con mayores tasas de crecimiento. Este repunte económico permitió, de acuerdo al Banco Mundial, que en el periodo de 2000 a 2012, la pobreza en América Latina, entendida como aquellos que ganan cuatro dólares o menos al día, cayera de 41 a 23 por ciento. Países como Venezuela redujeron la pobreza en 22 puntos; Bolivia en más de 30; Brasil en 14, y Argentina y Chile en poco más de dos dígitos.

Sin embargo, los buenos tiempos se fueron. La crisis de 2008-2009, la caída de los precios de los commodities y la debilidad del mercado de consumo en los países centrales, vulneraron la capacidad económica de los estados latinoamericanos. Se acabaron los crecimiento del 7, 8 o incluso 9%, ahora quedar por encima del cero, ya era en sí una buena noticia. Los estados se quedaron sin liquidez, las recaudaciones cayeron y ya no era posible blindar por completo la política social. Se acabó un ciclo, y la izquierda en el poder se quedó sin respuestas ante los nuevos retos. Apareció de nuevo, el nunca abandonado del todo, problema de la inflación. Venezuela y Argentina con tasas de crecimiento de los precios por encima del 20 por ciento. De la misma forma, los procesos de nacionalización de industrias golpearon el margen de maniobra de las autoridades políticas. Volvieron los fantasmas del populismo económico: la inflación, la terquedad de controlar el tipo de cambio, el exceso de gasto del Estado, y qué decir de las transferencias de los gobiernos a sus clientelas políticas. El modelo que dio mucho de sí durante una década parece agotarse y ni Maduro ni tampoco Correa o Rousseff saben cómo enderezar la nave.

¿La trampa de la corrupción?

Alguna vez dijo Rafael Correa, que la izquierda llegaba a América Latina a terminar con “la larga noche neoliberal”. En aquellos años, que se extendieron desde la década de los noventas hasta inicios de este siglo, muchos latinoamericanos veían que sus élites políticas eran corruptas, que sacrificaban los intereses de las mayorías y que le entregaban el país al mejor postor trasnacional. Una dosis de nacionalismo y reivindicación de la soberanía, así como una apuesta por una conducción más estatista de la economía, permitió que las nuevas izquierdas latinoamericanas alcanzaran el poder en todos los países de América Latina, menos Colombia y México.

Sin embargo, la longevidad en los cargos provocó que se repitieran fenómenos de corrupción y sospechas que minaron la credibilidad de distintos gobiernos latinoamericanos. En Brasil, José Dirceu, el primer presidente de la democracia brasileña, llegó hasta la cárcel por el escándalo del “menselao”. En Venezuela, el régimen relajó sus anticuerpos para evitar la corrupción y, en paralelo con sus clientelas políticas, se malversaron recursos en todas las direcciones. Qué decimos de Ecuador y la opacidad de los proyectos energéticos, o las sospechas sobre el enriquecimiento de los Kirchner en Argentina. La corrupción, esa que tanto denunciaron los izquierdistas en la oposición, ahora les manchaba no las manos, sino todo el cuerpo. La regeneración duró un tiempo, pero la lógica de la política, y de ganar elecciones, llevó a que los gobiernos progresistas repitieran errores que juraron nunca cometer.

Es innegable que en América Latina hay un cambio de ciclo. Tras una década y media de predominio de las izquierdas en la región, en la actualidad vemos como las sociedades latinoamericanas ya no ven con tan malos ojos el retorno a proyectos políticos que privilegian el mercado, la libertad económica, el comercio y la desregulación financiera. Los años de la izquierda en el poder en América Latina, no son tan catastróficos como muchas veces se proyectan en algunos medios de comunicación. La región termina este ciclo con un promedio de crecimiento por encima de los 4 puntos porcentuales (2000-2014) y de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), más de 70 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza en el periodo de predominio de gobiernos de izquierda. También se redujo la concentración de la riqueza, aunque la desigualdad sigue siendo francamente insultante en América Latina. Estos avances en materia social contrastan con focos rojos que se han prendido en materia política como son la degradación de algunas libertades democráticas, como son la de expresión o la de manifestación, la erosión del marco institucional y los contrapesos democráticos en muchos países de la región, y sin olvidar la extrema dependencia de la mayoría de los estados latinoamericanos a la venta de materias primas al exterior. Vuelve la derecha latinoamericana tras más de 15 años de marginalidad, aunque su proyecto sigue siendo una incógnita.

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