Martes, 21 de Octubre 2025
Suplementos | La gente reduce o simplifica la noticia o el hecho original

Nada nos hará temblar

Los rumores son especulaciones no confirmadas que se intenta difundir por ciertas personas

Por: EL INFORMADOR

      En estos días han surgido y se han expandido como reguero de pólvora, una serie de rumores, lo que, por cierto, no es nada nuevo en cuanto a que se den, sino su contenido, que seguramente, amigos lectores, conocen, ya que se le dio una gran difusión.

     El problema no es tanto que exista este tipo de comunicación informal tan nociva, sino que muchos la crean , la propaguen a través de los rumores y, además, le pongan de su cosecha.

     Es por ello que hemos querido tocar este tema, primero desde el punto de vista sociológico y después iluminarlo con el Evangelio de este domingo.

     Los rumores son especulaciones no confirmadas que se intenta difundir por ciertas personas, con un objetivo determinado, y que condicionan el comportamiento de los demás hacia él por encima de la información objetiva.

Al no ser información constatada, rara vez se difunde de forma abierta, aunque esto no impide que se extienda de forma rápida.

     La forma tradicional y más usada de extender un rumor ha sido siempre el “boca a boca”; pero con la aparición de las redes sociales en el internet, la sociedad ha aprovechado el anonimato que da este medio para extender todo tipo de rumores.

     Los rumores transmiten con enorme eficiencia la información social, ya que tienen enorme potencial manipulador, porque existen personas que tienden a ajustar la propia visión del mundo a la percepción que éste tiene de los otros.

     El rumor parte de una interpretación de alguna noticia o de algún acontecimiento; la gente reduce o simplifica la noticia o el hecho original, por alguna razón de protección; también acentúa o amplía detalles de la noticia o del hecho, por conveniencias personales o de su grupo de referencia.

     En un rumor se pueden identificar tres actores: el que defiende el rumor, el que se beneficia del rumor y el que se perjudica con el rumor.

     En general, los rumores reflejan ambientes o situaciones de represión dentro de un grupo, deseos insatisfechos de personas que creen el rumor, crisis de legitimidad y condenas al pasado.

     Ha sido y es usado como herramienta política, tanto como comercial, aparte del uso individual que le dan las personas anónimas para aventajar o perjudicar a alguien o a algo, o simplemente dejarle en mal lugar sin beneficio directo para el que inicia el rumor.

     No cabe duda de que --con respecto a la vida de Jesús-- esta realidad contrasta enormemente, de un extremo al otro, ya que en el Evangelio todo es transparente, escrito tal cual fue y que, ciertamente, dado que se escribió en otro tiempo y para los habitantes de una cultura muy distinta a la nuestra --sin que ello le socave la universalidad de su mensaje--, se requiere el estudio y la interpretación inspirada y documentada, como lo hace la Iglesia Católica, que es depositaria de la Verdad revelada.

     Lo dicho, predicado y enseñado por Jesús, en ningún momento ni ninguna ocasión pretendió ni pretende manipular en lo más mínimo a nadie. Un atributo de Jesús fue el ser respetuoso de la libertad de los oyentes; Él exponía su doctrina y dejaba la opción abierta para que le creyeran o no, ciertamente advirtiéndoles a los oyentes sobre las consecuencias de hacerlo o no, mas nunca con la intención de influir en su decisión, sino porque siendo Él la Verdad, tenía que hablar con la Verdad completa; y como lo afirmamos, sus exposiciones eran directas, claras y precisas, sin ambages ni medias tintas, exentas de lo que ahora se conoce como mensajes subliminales o cosa por el estilo.

     Así lo contemplamos en el pasaje evangélico de este domingo, cuando Juan Bautista, aun sabiendo que sus discípulos lo dejarían para seguir a Jesús, les presenta abiertamente al que era el Cordero de Dios; lo mismo cuando estos discípulos le preguntan a Jesús dónde vive, y Él les responde que “fueran con Él y lo verían”. Él no tenía nada que ocultar, ni recurría al manejo de la información para suscitar beneplácito entre la gente.

     Conozcamos bien a Jesús y veremos que con Él a nuestro lado, todo es claridad y nada nos hará temblar.  

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx                

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