Martes, 21 de Octubre 2025
Suplementos | Los latinos en Estados Unidos podrían cambiar el rumbo de la elección de este martes

La política Tex-Mex

Los latinos en Estados Unidos no sólo son una minoría que podría cambiar el rumbo de la elección de este martes, ahora sus descendientes ocupan escaños de poder

Por: EL INFORMADOR

VETERANO. Bill Richardson asegura que el“voto latino va a decidir la elección”  /

VETERANO. Bill Richardson asegura que el“voto latino va a decidir la elección” /

GUADALAJARA, JALISCO (04/NOV/2012).- El primer presidente latino ya nació, pero no creo que sea yo”, contesta Julián Castro, la estrella hispana ascendente del partido demócrata. También catalogado como el “Obama Latino”, Castro es alcalde de San Antonio, Texas, y fue el encargado de pronunciar el discurso principal de la convención demócrata que designó a Barack Obama como candidato a repetir periodo al frente de la Casa Blanca. Castro es la cara más visible de una “nueva generación” de políticos latinos que no reniegan de sus raíces mexicanas, cubanas o puertorriqueñas, pero que buscan trascender su identidad. Una hábil mezcla de un político con valores latinoamericanos como el apego a la familia o los principios sociales católicos enmarcados en la cultura del esfuerzo y el individualismo que exige el mainstream político de la Unión Americana. Los nuevos rostros de la élite política de los latinos en Estados Unidos se convierten en personajes atractivos no sólo para el electorado de habla hispana, sino en verdaderas figuras nacionales que se codean con la clase dirigente de demócratas y republicanos.

Julián Castro se convirtió en el primer latino en emitir un discurso en la Convención Nacional Demócrata. Con una narrativa que mezclaba conceptos en inglés con algunas palabras significativas para el electorado latino pronunciadas en español, Castro resaltó el apoyo de Obama a los latinos y contó su historia como una de éxito y superación  personal. Al igual que otras figuras latinas de la política americana como Bill Richardson, ex gobernador de Nuevo México o Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles, Castro es un defensor a ultranza del libre comercio y crítico de las medidas de acción afirmativa, a pesar de que él mismo fue beneficiario de éstas para acceder a universidades del tamaño de Stanford o Harvard. “Ése era otro Estados Unidos, hemos cambiado”, ha dicho Julián Castro.

Para el alcalde de San Antonio, la séptima ciudad más poblada de todo Estados Unidos, la historia de nacionalismo chicano de sus padres no ha sido fácil de ocultar. La madre de Julián, y de Joaquín su hermano gemelo quien es un minuto más chico que él y que es representante por Texas, fue durante décadas uno de los mandos más importantes del movimiento de La Raza que defiende los derechos de los mexico-americanos.  Como lo cita Jordan Fabian en un perfil que hace sobre Castro para Letras Libres: “Mi madre creció en una época en la que había muchas razones para salir a la calle y protestar derribando puertas. Pero una de las bendiciones de mi generación es que la luchas han ayudado a que Estados Unidos progrese y, nosotros somos los beneficiarios”.

Los latinos en Estados Unidos ya no son una minoría que pueda ser ignorada tan fácilmente. Según proyecciones del Pew Hispanic Research, este martes 6 de noviembre votarán en la elección presidencial alrededor de 12 millones de latinos, un poco más de la mitad de los 22 millones de latinos registrados ante los colegios electorales. Y en los Estados claves como Florida, Nevada, Colorado y Ohio, existen más de tres millones y medio de votantes latinos registrados, que si salen a votar pueden cambiar el rumbo de la elección. Incluso, el presidente Obama, uno de los principales impulsores del ascenso de la carrera política de estos nuevos cuadros latinos, considera que el aumento de la población latina con derecho a voto en Texas o Arizona trastocará en algunos años los equilibrios demográficos que han permitido que los republicanos ganen siempre estos Estados del Sur de los Estados Unidos.

Con ritmo latino

Los latinos son la siguiente revolución electoral en Estados Unidos, y los demócratas parecen comprenderlo mejor que los republicanos, que se han divorciado incluso de su base latina con credo evangélico.

Estos nuevos políticos Tex-Mex pueden ser morenos o claros; sureños o norteños; mexicanos o guatemaltecos; de derecha o de izquierda; liberales o conservadores, pero lo que no pueden prescindir es de una firme vocación religiosa. El electorado americano no discrimina entre religiones, el ejemplo es la elección de 2012 donde sólo Barack Obama profesa el credo protestante (Mitt Romney es mormón y Paul Ryan es católico; Joseph Biden también es católico). Sin embargo, el 79% de los votantes estadounidenses nunca elegiría como presidente a un ateo. Es mucho más fácil que un musulmán se siente en el Despacho Oval de la Casa Blanca a que un agnóstico, aunque sea blanco y con educación en las mejores universidades de Estados Unidos, logre acceder a la presidencia. Para la cultura política americana, la religiosidad no es sólo un símbolo de trascendencia, sino que es una muestra de ética y confiabilidad. Recordemos que los presidentes americanos no juran la Constitución de los Estados Unidos emanada de la Convención de Filadelfia, sino la Biblia.

Así, la “nueva generación” de políticos latinos en los Estados Unidos son religiosos (ya sean católicos o protestantes), creen en el libre mercado y en el capitalismo “a la americana”, no son proclives a defender a la migración ilegal (porque ataca el Estado de derecho), creen en la cultura del esfuerzo y del desarrollo individual y le conceden valor a la comunidad, pero no a la identidad. Son una clase política profundamente mediatizada, y, como en el caso de Castro, muchos ni siquiera hablan español. Es el caso de políticos como el cubano-americano Mel Martínez, senador por Florida, y conocido por sus posiciones extremas en torno a temas como el bloqueo económico de Washington a la Habana.

El modelo de asimilación identitaria que ha dominado en los Estados Unidos es el llamado Melting Pot (crisol en español). Es la creencia arraigada en la sociedad americana de que los migrantes deben asimilarse a los valores y principios de la cultura estadounidense. Digamos que el latino tiene que dejar de ser como es para asimilar los valores universales que se encuentran en la raíz del “sueño americano”: el mérito, el esfuerzo personal y el progreso individual. Julián y Joaquín Castro, Bill Richardson, Mel Martínez y otros latinos destacados de las grandes ligas políticas de los Estados Unidos, son el producto más refinado de un sistema político que ha sabido integrar eficazmente a las minorías en los últimos 30 años. Y aunque será más fácil ver en un futuro a un latino en la Casa Blanca que en la Moncloa o en el 10 de Downing Street, los nuevos políticos latinos en Estados Unidos tienen mucho más de “Tex” que de “Mex”.

Tapatío

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