Domingo, 05 de Diciembre 2021

LO ÚLTIMO DE Suplementos

Suplementos | El origen del Mercado Corona

Historia de un viejo ícono

Aunque el Mercado Corona hoy está en boca de todos, quizá pocos conocen a profundidad el origen de este sitio

Por: EL INFORMADOR

Edificio emblemático. Antes de que existiese el Mercado Corona, cuando en aquel lugar había una plaza. ARCHIVO /

Edificio emblemático. Antes de que existiese el Mercado Corona, cuando en aquel lugar había una plaza. ARCHIVO /

GUADALAJARA, JALISCO (11/MAY/2014).- Dice el dicho que si las paredes hablaran dirían hasta lo que no. Y si los muertos hablarán sería lo mismo, ¿no? El Amo Torres seguro se descocería como un calcetín y nos contaría santo y seña de todo lo que ha sucedido en nuestra Guadalajara, sobre todo entre los cruces de Zaragoza, Hidalgo, Santa Mónica, Pedro Loza e Independencia, calles que guardaban uno de los iconos tapatíos que nos ha dado tanta identidad: el Mercado Corona, que precisamente hace una semana se consumió por un incendio.

La estatua de El Amo Torres (sobre la Avenida Hidalgo) parece vigilar todo lo que ahí sucede y que nosotros —los tapatíos—, atareados por mil y un cosas, no nos damos cuenta porque nuestro pensamiento divaga con las actividades diarias. Es más, ¿saben quién era El Amo Torres? Pues ni yo lo sabía a ciencia cierta, pero fue todo un personaje en la guerra de Independencia. Cuenta la maestra Laura Rueda Rubalcava, investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG), que era un hombre digno y de mirada altiva que jamás se doblegó ante la corona española.

Y como un caballero, murió por la Patria, aunque de la manera más cruel y despiadada. La doctora explica que El Amo Torres, cuyo nombre de pila era José Antonio, jamás perdió una batalla y que fue y es el mejor insurgente que ha tenido la Perla Tapatía, pues él trabajó para el cura Hidalgo desde Guadalajara, para que el sacerdote entrara triunfante con sus tropas. Pero todos conocemos el desenlace, aunque hoy somos libres y soberanos, los héroes que nos dieron libertad fueron capturados y fusilados y —obviamente— El Amo Torres no fue la excepción.

Fue capturado el 4 de abril de 1812; la Junta de Seguridad y Buen Orden lo juzgó por los cargos de traición al rey y a la patria, y lo condenó a la horca, seguida de la decapitación y el descuartizamiento. Fue ejecutado en la Plaza Venegas de Guadalajara el 23 de mayo de 1812. Su cabeza fue colocada en un palo alto y sus extremidades esparcidas en las entradas de Guadalajara: el brazo derecho en Zacoalco, el izquierdo en La Garita de Mexicaltzingo, y las piernas, una en la del Carmen y otra en la Garita de San Pedro. El torso se quedó en la Plaza de Venegas, donde hoy se instala el Mercado Corona. Por eso es que si resucitara El Amo Torres, podría contarnos detalles de ese sitio que en los últimos días se ha convertido en tema de conversación.

Se preguntarán ¿por qué el tronco de su cuerpo fue exhibido en la Plaza de Venegas? La maestra Laura, autora del libro “Mercado Corona y el Abasto de la Ciudad de Guadalajara, una historia del Comercio de las Prácticas Sociales y la Identidad”, señala que desde siempre este lugar en Jalisco fue ejemplo de comercio público y lo que quería la corona española es que los ciudadanos se sintieran atemorizados de lo que podría pasarles si se atrevían a revelarse como lo hizo El Amo Torres.

“Este mercado ha dado a Guadalajara mucha identidad, hay un apego social muy fuerte, personas de muchas colonias van al centro y llegan al mercado, sigue siendo un sitio donde se relaciona la ciudad y el campo, puedes adquirir productos perecederos frescos y favoreces a una economía local, es una identidad muy tapatía”, explica Rueda Rubalcava.
Todos nos sentimos acongojados por el siniestro que ocurrió el pasado domingo, pero hay más historia detrás del Mercado Corona que vale la pena contar, para poder —realmente— calibrar el valor cultural, sentimental y arquitectónico de un referente de la identidad jalisciense.

De casa de obispo a hogar de niñas y enfermos

En la Guadalajara colonial de la segunda mitad del siglo XVI, al iniciar la década de 1570 llegó a vivir un señor oidor —puesto político que en la actualidad sería  un secretario— de nombre Francisco Gómez de Mendiola que también era profesor de la Real Universidad de la Ciudad de México. Este hombre —que se distinguió por ser una persona muy caritativa y generosa—estableció su casa justamente donde hoy es el Mercado Corona, ahí vivió con su hermano y su madre y empezó a notar que había una gran población de niñas huérfanas sin dote y él quería que hubiese un colegio o un orfanato para que esas pequeñas pudieran tener una vida de recato y salir de la casa en cuestión en una vida matrimonial.

“Era muy difícil en el siglo XVI que la mujer viviera sola y era problemático para la sociedad porque se podía prestar para abusos, engaños y demás. Entonces el señor oidor manda llamar a unas religiosa de Puebla, que son la orden de las dominicas y ellas van a establecer el primer colegio de niñas llamado Santa Catalina de Siena”.

Conforme Guadalajara crecía, comenzaron a manifestarse las epidemias y eran necesarios los lugares especializados para tratar a los enfermos, es así que la autoridad decide fundar dos hospitales, el de la Vera-Cruz y el de San Miguel de Belén que estuvo en lo que es hoy el Palacio de Justicia; pero como tenía un espacio muy pequeño y la casa del obispo donde estaban las religiosas dominicas era más grande, entonces se optó por un intercambio de inmuebles.

Entonces el colegio desapareció para edificar el nosocomio que permaneció abierto desde 1588 a 1792. Este hospital tenía un cementerio, una barbería, una enfermería, una botica y las salas de los enfermos, atendía a la aristocracia y a la clase pudiente tapatía. Pero en 1794 la reubicación del hospital se vuelve a dar porque no había espacio para más enfermos, es así que en 1788 fray Antonio Alcalde comienza la construcción de lo que hoy es el Hospital Civil Viejo de Guadalajara y finalmente; la obra concluyó en 1794.

Para esas fechas lo que quedaba del hospital de San Miguel de Belén prácticamente eran ruinas, era un edificio que no se había modificado mucho y que tenía un gran deterioro porque no había dinero. El inmueble paso a ser de la Real Audiencia, lo que hoy correspondería al gobierno del Estado de Jalisco; el Ayuntamiento lo quería y hace una oferta a la Real Audiencia para comprar el edifico, el cual adquiere ya entrando el año de 1800. Se pretendía hacer un cuartel militar, una carnicería y una alhóndiga, pero el proyecto no se concretó, aunque fueron demolidas partes del edificio para la nueva construcción y se limpió el terreno.

Hacia la prosperidad del comercio

Con la llegada de nuevos ideales de libertad, mientras se construía la llamada guerra de Independencia, la autoridad comienza a rentar las antiguas salas de lo que quedaba del inmueble a los primeros comerciantes, para que la sociedad fuera a surtirse de alimentos. Los vendedores montaban cajones de madera y en ellos ponían su mercancía: frutas, verduras y granos, entre otras cosas. Al principio tanto, la población como la prensa se mostraban reacios a que ahí hubiera un mercado porque anteriormente era hospital y cementerio; sin embargo, paulatinamente el público se fue acostumbrando, porque era un lugar muy céntrico y ponía al alcance los alimentos de primera necesidad. En ese momento y ya siendo el siglo XIX al lugar se le da el nombre de Plaza de Venegas en honor al virrey.

Pasados los acontecimientos de la Guerra de Independencia y de que nuestro gran personaje El Amo Torres tuvo su dorso ya mutilado en plena plaza, el edifico quedó derruido hasta que el entonces Gobernador de Jalisco, el general Ramón Corona, decidió reconstruirlo, pero esta vez ya oficialmente como un mercado, esto sucedió en el año de 1888.

Esplendor y caída

En 1891 se inaugura el mercado, nombrado Corona en honor del político asesinado en 1889. El inmueble tenía ocho entradas, una en cada esquina y una más en medio. “Dicen que era de cantera pero no es verdad, era de piedra negra y en la parte de arriba era una especie de modelo neoclásico my sencillo, pero muy funcional, tenía una cúpula con vitrales italianos y proyectaba una luz muy hermosa al interior del mercado”, señala Laura Rueda. El gusto por este mercado duró muy poco: el 15 de noviembre de 1910 sufre un incendio accidental; esa noche había una celebración en Plaza de Armas y uno de los cohetones voló y rompió un cristal del mercado provocando que éste se incendiara por dentro, no había bomberos para controlar el siniestro y a partir de esto la Cámara de Comercio de Guadalajara promueve que se funde un cuerpo de bomberos, el Ayuntamiento no tenía dinero, pero los comerciantes lo pagaron; en tanto que la reconstrucción del mercado comenzó en 1911.

Para la década de los años sesenta el Mercado Corona ya era un edificio viejo y desgastado, por lo que en la administración de Francisco Medina Ascencio se construye uno nuevo, con base en un proyecto del arquitecto Julio de la Peña; el nuevo inmueble conservó los arcos de cuando fue recién construido el edificio por Ramón Corona. Desde entonces (hablando de la década de los años sesenta) no hubo más adecuaciones para el espacio que desde hace una semana es foco de atención, y que será reconstruido.

El arquitecto Alejandro Mendo Gutiérrez detalla que el mercado edificado por De la Peña forma parte de una producción arquitectónica muy particular; el edifico es emblemático y representativo de los valores estilísticos y las corrientes expresivas del momento, porque representaba la producción espacial de ese momento histórico. “De la Peña cuidó mucho los detalles de dejar vestigios o huellas materiales del mercado anterior, del edifico previo que ya se había quemado como el arco que hay de cantera. Todo esto son lecciones que hay que retomar, hay que intentar conservar aquellas partes del edificio de Julio de la Peña que todavía pueden hablar de los valores arquitectónicos que  proyecto el arquitecto”.

Temas

Lee También