Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Por: Vanesa Robles

Fruta, manos de Huejutla y gula tapatía

''Los hombres comen tacos y tortas ahogadas. Las mujeres comen fruta'', dice uno de los vendedores de fruta picada que se estableció en la ciudad

Por: EL INFORMADOR

Fresca. A los vendedores de fruta se les ubica en muchas de las esquinas de la zona Centro y Minerva.  /

Fresca. A los vendedores de fruta se les ubica en muchas de las esquinas de la zona Centro y Minerva. /

GUADALAJARA, JALISCO (20/ENE/2013).- ¿Cómo está la jícama? Está sabrosa, es de agua. La que sí salió descolorida es la papaya. Échamela descolorida. ¿Va con todo? Con todo y todo… Si hay algo que Simón Franco parece disfrutar cuando trabaja es la plática. Pocas veces se queda callado. Conoce el nombre de sus clientas y sabe cómo son las papilas gustativas de muchas. Escribo clientas para generalizar, porque la mayoría es mujeres. “Los hombres comen tacos y tortas ahogadas. Las mujeres comen fruta”, sonríe Simón. Sabe del tema. Durante 12 años ha vendido frutas, los últimos tiempos en la zona Minerva de Guadalajara.

Simón Franco no vende nomás fruta. Vende fruta sabrosísima, pelada y picada, de lunes a sábado, igual que muchos de sus paisanos de los alrededores de Huejutla de Reyes, Hidalgo.

El Inegi dice que entre 2000 y 2010 medio millón de hidalguenses dejaron su tierra. Seguro cientos de ellos están aquí. “Casi nadie de allá va para Estados Unidos, porque del Norte es puro sufrir”, asegura Simón, con un cuchillo cebollero de mango blanco en una mano de barro.

Apenas dos cuadras al Poniente, Sebastián Franco, hermano menor de Simón, recuerda que uno de los primeros huejutlenses que llegó a Guadalajara, hace unos 20 años, fue Juan, cuñado de ambos. Quién sabe a qué vendría Juan, pero acabó con un puesto de fruta en el barrio de Santa Tere. Juan “jaló” al hermano mayor de Simón y Sebastián, quien luego jaló a Simón, quien se trajo a sus dos hermanos más chicos. Sus paisanos también se vinieron. Nadie sabe cuántos de Huejutla hay en la zona metropolitana. Se sabe que muchos de ellos acuñaron el oficio de fruteros.

¿Te gusta tu trabajo? Simón no pierde la concentración en la naranja que es descuartizada en una tabla de madera limpísima. No se puede distraer porque que hay que tener chiste hasta para picar fruta, dirá un poco después; si el mango o la papaya se parten por el lado malo, se apachurran, se deshacen, se desjugan y la gente no le vuelve a comprar. Luego de un rato responde que no sabe qué tanto le gusta su oficio porque nunca ha hecho otra cosa, desde que terminó el bachillerato y migró a Guadalajara.

No se arrepiente. “En Huejutla hay que chingarle todo el día en el campo por 70 pesos”, relata Alfredo, paisano desconocido de Simón, quien hace unos meses instaló su puesto en las avenidas La Paz y López Mateos, con muy mala suerte, según él. “Ayer saqué nomás 50 pesos”.

Como su esquina es mala, Alfredo se movió a la de la calle Aztecas y Eulogio Parra, en el fraccionamiento residencial Prados Providencia. No duró ni 10 minutos ahí. Un hombre que presumió ser el presidente de los colonos lo corrió a insultos, muy tapatíos, entre los cuales había mucho: “Indio”, “mal aspecto”, “lárgate”. “Me dijo: ‘ya les he dicho que ni pasen por aquí’, como si todos tuviéramos las mismas orejas. Yo le contesté: ‘a mí no me ha dicho nada. A mí, usted no me conoce’”.

Los huejutlenses en Guadalajara son muchos. Los suficientes para que cada vez sea más difícil para ellos encontrar una buena zona que no esté ocupada ya por un paisano, admite Simón Franco, quien junto con sus hermanos se ha hecho de una de las mejores plazas, la Avenida Hidalgo, entre López Mateos y Golfo de Cortés.

A la zona Minerva, llegó desde Santa Tere, recorriéndose para arriba, recorriéndose para arriba. Se instaló en una zona rodeada por bancos, escuelas y oficinas. Una zona de buen diente. Luego luego comenzó a aclientarse. Compró otros dos carros y se trajo a sus hermanos. Cuando a uno le va mal, otro sale a explorar nuevos barrios. Los bancos y las escuelas nunca fallan para el negocio.

Suena más fácil de lo que es, pues además de los presidentes de los colonos, los fruteros deben pelearse con los inspectores de los ayuntamientos y conseguir quién les rente una cochera o un estacionamiento para dejar sus carros.

Los carros de los fruteros de Huejutla en Guadalajara son un tema por sí solos. Son todos idénticos, porque todos sus dueños acuden al mismo herrero, de quien Simón y Alfredo se guardan la identidad, no vaya a ser. Competencia ya hay mucha.

Lo que cambia en el carro, según la condición de cada cual es la funda. Así, el carro de Alfredo que se abre pasos en el negocio a tumbos, está cubierto en el techo y la base con una limpia pero simple lona azul rey. Los carros de Simón y sus hermanos son otra cosa y hacen pensar que si el comerciante no se hubiera dedicado a la fruta, sería muy hacha para el diseño.

La lona es más cara, porque combina rayas rojas y blancas, como las del circo. Simón recortó las orillas del toldo a manera de holanes y, todavía más coqueto, coció un bies blanco alrededor de los flecos. Sobre ellos, se lee el internacionalísmo aviso “fresh fruit”, por si algún gringo anda cerca y trae antojo de una jícama, una tuna, un pepino, naranjas, melón, piña o un combinado, que para el gringo, el mexicano y el chino cuestan lo mismo: 12 pesos el vaso chico, 20 pesos el de a litro.

El pago y el vuelto, cada quién se lo sirve de un recipiente de plástico con monedas. El que se pase de lanza se las verá con el chamuco. Este detalle, el la autogestión en las cuentas, le ha dado a Simón el certificado de buenas prácticas en la preparación de alimentos, de la Secretaría de Salud local.

Y quién sabe quién fue el autor, pero los huejutlenses hacen una salsa de chile de árbol tostado y limón digna de un emperador otomí, ancestro de los fruteros. Para los que no se arriesgan a sufrir, hay chile en polvo que no pica; para los niños, chamoy industrial; para los desabridos, sal de grano; para los tosigosos harto limón; para los europeos que piensan que los mexicanos echamos a perder la fruta cuando le ponemos cualquier cosa, hay fruta a secas.

O, mejor dicho, fresh fruit. “La fruta es del día. Diario me levanto a las cuatro y media de la mañana para estar en el mercado de Abastos a las cinco. Así como yo ofrezco calidad, tengo quién me da cosas de calidad allá. Luego me vengo, saco el carro, lo lavo, y empiezo a pelar”. A las ocho llegan los primeros clientes, los segundos ya no dejan de llegar, sino hasta las cuatro de la tarde. A la cuatro y media Simón levanta el puesto, lo lava y lo guarda.

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábados, el mismo cuento. En otros barrios hay mujeres fruteras, pero muy pocas. Lo que sí es que casi todas son de Huejutla. Y allá, en el pueblo, las remesas son más dulces que las tunas de Simón.

''Hay que tener chiste hasta para picar fruta; si el mango o la papaya se parten por el lado malo, se apachurran, se deshacen, se desjugan y la gente no le vuelve''.

“En Huejutla hay que chingarle todo el día en el campo por 70 pesos”, relata
Alfredo, paisano desconocido de Simón, quien hace unos meses instaló su puesto.

EL DATO


El Inegi

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda de 2010, realizado por Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Huejutla de Reyes, municipio de Hidalgo, cuenta con 122 mil 905 habitantes; de los cuales 60 mil 254 son hombres y el resto, 62 mil 651 son mujeres.

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