Martes, 21 de Octubre 2025
Suplementos | “El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen desposada”

El acontecimiento clave de la Historia de la Salvación

“El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José”

Por: EL INFORMADOR

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     En el cuarto y último domingo de Adviento la liturgia presenta, en el evangelio del capítulo primero de San Lucas, una escena, y en ella, ya no ansiedades y esperanzas, sino la presencia oculta y real de Dios el Verbo Eterno en el bendito seno de una mujer: de María. Así es el principio, la manifestación, del misterio:

     “El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María”.

     Angel es el nombre de un mensajero, y a Gabriel le ha sido dado el privilegio de acudir a encontrar, en una aldea pequeña de un país también pequeño y pobre, a una doncella sencilla, pequeña, para proponerle el plan divino y esperar de ella la respuesta de aceptar o no --pues tiene el don de la libertad-- recibir en su seno y dar a luz nueve meses después, ser Madre del Hijo de Dios.

Alianza salvífica, plenitud de los tiempos

     San Pablo, en su carta a los gálatas --los creyentes de Galaxia--, les relató: “Pero cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, el cual nació de mujer, sometido a la Ley, con el fin de pagar la liberación de los que estaban sometidos a la Ley, para que llegáramos a ser hijos adoptivos de Dios. Así pues, ya no eres esclavo, sino hijo, y por eso recibirás la herencia por la gracia de Dios”.

     Allí, en esa aldea, en Nazaret, se manifiesta el misterio con la alianza entre Dios invisible, omnipotente y eterno, y la creatura, la mujer; allí fue la manifestación del proyecto divino.

Dios te salve, la llena de gracia

     María fue escogida entre todas las mujeres de su tiempo, y fue adornada no con adornos terrenales, sino con gracia y virtudes. Plena, llena de hermosura.

La “llena de gracia” la llama el mensajero, ”Keparitomene”, en griego: la llena de gracia, abundancia, plenitud.

     Y le transmite el mensaje: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios...

...concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”

     La humilde doncella de Nazaret escucha sorprendida la invitación de ser la Madre del Mesías, del Salvador.

     Por siglos las mujeres de Israel desearon que de sus entrañas naciera el Esperado. María fue la elegida así. La Luz, la Vida, la Santidad, el Príncipe de la Paz, la Palabra Eterna, para ser hombre espera el consentimiento de ella.        “¿Cómo podrá ser esto, puesto que permanezco virgen?”, pregunta, y responde el mensajero: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra...

...y el que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios”

     Es el momento de abrir las conciencias a este acontecimiento clave de la Historia de la Salvación. Pero siempre a la luz de la fe y bajo la acción interior de la gracia.

     Este anuncio es el principio del poema de la redención, cuyo sol de irradiación ha de ser Cristo, fuente de toda vida divina y de gracia santificante.

      El mensajero espera, con respeto. Ella, doncella en la tradición israelita, ha entendido la importancia del mensaje y la gravedad de su respuesta. Ha sido llamada para ser la madre del Salvador.

     Consciente de su pequeñez, con humildad, con entrega absoluta se pone las manos del Señor y le contesta a Gabriel : “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

     Y se realizó el gran misterio: “El Verbo de Dios se hizo hombre y empezó a vivir en el seno de María”.

El Angelus

     Es una devoción muy antigua del pueblo cristiano, y se puso en práctica para rezarlo tres veces al día, al llamado de las campanas.

     Primero a la aurora, y va cambiando, como cambia el tiempo con la salida del sol. Así, a la aurora, en la Iglesia --la catedral en las ciudades, la parroquia en los pueblos-- dan nueve toques lentos espaciados y los fieles rezan el Angelus al despertar.

     Y a la puesta del sol, esa hora melancólica del crepúsculo,  de nuevo la campana invitaba a la oración del Angelus.

     El poeta potosino Manuel José Othón, en su poema “El himno de los bosques”, va descubriendo ruidos y rumores del bosque y culmina con alegre canto de las campanillas del templo de la aldea y el canto del Angelus.

Así canta el pueblo cristiano

     “El ángel del Señor anunció a María”

y concibió por obra del Espíritu Santo.

Ave María...   

     “He aquí la esclava del Señor.

Hágase en mí según tu palabra”.

Ave María...

 

     Y el Verbo se encarnó

y habitó entre nosotros.

Ave María...

     Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar

las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

     Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, a fin de que, habiendo conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, lleguen por su pasión y su cruz a la gloria de su resurrección. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, Señor Nuestro. Así sea.

José R. Ramírez Mercado

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