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Domingo, 20 de Enero 2019

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Suplementos | Lo que el PVEM nos dice de nuestra incipiente democracia

El Verde y la cultura de la legalidad

El PVEM es el actor más comentado de esta elección por lo que nos dice de nuestra incipiente democracia

Por: EL INFORMADOR

El Partido Verde ha resultado de lo más eficaz para 'vender' su marca. EL INFORMADOR / S. Mora

El Partido Verde ha resultado de lo más eficaz para 'vender' su marca. EL INFORMADOR / S. Mora

GUADALAJARA, JALISCO (26/ABR/2015).- El Partido Verde (PVEM) constituye uno de esos casos emblemáticos de nuestra endeble democracia. Es un partido político que hasta hace un par de años no tenía más militantes que cargos políticos. Es un partido sin ideología, pero con propuestas que seducen a una parte del electorado. Un partido que les quiebra la cabeza a los politólogos por su peculiaridad difícil de definir. A nadie de sus integrantes le interesa la democracia interna y basan la totalidad de su estrategia en los spots. Es un caro satélite del PRI, pero internamente tiene relativa autonomía. No tiene aspiraciones de gobernar, pero le gusta ejercer de bisagra. Es un partido familiar y no tiene inconveniente en acordar puestos para las televisoras o para los grupos de interés. Es decir, el Verde es único en su especie.

Sin embargo, cómo podemos definir al verde: ¿Es un partido político moderno de la era digital, sin estructura, pero con un mensaje muy claro en la televisión y en el internet? ¿Es la versión mexicana de los populismos de derecha que gozan de tan buena salud en Europa? ¿Es el negocio de una familia, una televisora y una élite, que busca acordar prebendas cada tres años? ¿Es un satélite del PRI que subsana la poca atracción que tiene el tricolor con el votante urbano y las clases medias?

El PVEM no nació ayer. Debemos remontarnos hasta 1986 para encontrar su origen. Su fundador, Jorge González Torres, comenzó una historia de dominio familiar del partido que actualmente preside su hijo, Jorge Emilio González. La historia de sus alianzas ilustra lo gelatinoso de su planteamiento político: se unió al Frente Democrático Nacional en 1988, al Partido Acción Nacional en el 2000 —aliado de Vicente Fox—, y desde 2006 va en coalición con el PRI a nivel federal y en muchos estados. Su mejor resultado fue en la elección de 2009, cuando obtuvo poco más de dos millones 300 mil votos y constituyó una bancada de 21 diputados. En la elección de 2012, en coalición con el PRI, le dio 2% de votos a Enrique Peña Nieto y, como marca legislativa, obtuvo poco más de 5 por ciento.

Ideología y militantes

En su corta declaración de principios, que consta de sólo cinco páginas, el Verde enfatiza las siguientes líneas como la base su ideología. “Los principios fundamentales del PVEM son Amor, Justicia y Libertad para todos los seres que habitan el planeta Tierra, incluyendo vegetales, animales y humanos. Igualmente, respeto para con los elementos fundamentales de la vida, que son agua, aire, tierra y Sol”.

Ésa es tal vez la principal contradicción del Verde. Un partido político que se define como promotor del amor a todas las especies y que su líder máximo, Jorge Emilio González, no tiene problema en recibir un maletín lleno de billetes para un desarrollo ambientalmente dañino en Quintana Roo. O, tomando un ejemplo reciente, el Verde no tuvo empacho en votar a favor la Reforma Energética, a pesar de que todos los partidos verdes del mundo han condenado el fracking como una práctica que afecta severamente el medio ambiente.

Sin embargo, ¿no encontramos este tipo de contradicciones en todos los partidos? ¿No es cierto que el PAN condenó históricamente el corporativismo y después pactó con la maestra Elba Esther Gordillo? ¿Por qué el Verde debe ser juzgado más severamente por algo que todos hacen?

Las polémicas recientes en torno al PVEM no tienen que ver con sus abiertas contradicciones ideológicas, sino con su reiterada violación a las leyes. No es un tema de gustos, es un tema de Estado de derecho. Si revisamos el informe de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM nos daremos cuenta que las opiniones negativas del Verde se circunscriben a su abierta estrategia de violar la ley para incrementar su intención de voto. Multas por 200 millones de pesos valen la pena cuando el “partido del tucán” logró triplicar su intención de voto  a través de una agresiva campaña. 

Y es que el Verde basa la totalidad de su estrategia de posicionamiento en campañas agresivas en medios de comunicación. Ha sido definido también como un partido-cascarón. Un partido sin militantes. Un partido sin procesos internos. De acuerdo a datos muy interesantes que publicó Alberto Serdán en Animal Político, de 1986 a 2013, el Partido Verde logró afiliar a sólo seis mil 597 personas. Sin embargo, esta tendencia de baja afiliación cambió a partir de que Manuel Velasco se convirtió en el gobernador de Chiapas.

Desde que el Verde gobierna en coalición con el PRI, ha logrado afiliar a más de 732 mil personas de las cuales 148 mil son chiapanecos. El segundo es el Estado de México con 74 mil y Jalisco se encuentra en la cuarta posición con más de 44 mil.

Si bien podemos decir que hasta 2013, el Verde fue un partido sin militancia, hoy en día esa definición no se ajusta con la realidad. Sigue siendo uno de los partidos con el padrón de militantes y adherentes más bajos del país. Ahora es un partido con militantes, pero sin procesos internos y sin participación de los afiliados.

Alianza con el PRI

El Partido Verde vale lo que vale para el PRI. Los comicios verdaderos para el Verde se dirimen en las negociaciones con el tricolor. ¿Cuántos distritos encabeza? ¿Cuántos recursos maneja? ¿Cómo se reparten las listas plurinominales? ¿Qué posiciones negocia en el Gobierno Federal y en las planillas a la Alcaldía? Para el Partido de Jorge Emilio González, la elección se dirime en los meses previos a la contienda, en donde el Verde busca subir en las encuestas para luego negociar con el PRI en mejores condiciones.

Es un método eficaz. El acuerdo entre el PRI y el Verde se resume a una coalición de complementarios: el PRI controla la estructura y el Verde el proyecto de aire. Y es que la Dirigencia Nacional del PRI ha entendido que la marca tiene un techo de unos 35 puntos, por lo que para buscar una mayoría parlamentaria o ser competitivos en elecciones bipartidistas cerradas, es necesaria la inclusión de un aliado que rompa esos límites. En Jalisco, en la elección de 2012, el PRI como marca perdió Jalisco, Guadalajara y Zapopan, sin embargo los votos del Verde le dieron la vuelta al resultado (16 mil en Guadalajara, 12 mil en Zapopan y 51 mil en Jalisco).

¿Por qué votan los que votan por el Verde?


Decimos que el Verde no tiene ideología ni plataforma. Sin embargo, es innegable que tiene propuestas que resultan atractivas para una buena parte de la población (por populistas que sean). Desde los vales de medicina hasta la cadena perpetua o pena de muerte. Son planteamientos que juegan con las emociones de una buena parte de la ciudadanía. El del Partido Verde es un trabajo de acupuntura mercadológica que le permite conectar eficazmente con una parte del electorado harta de los partidos políticos grandes. Populismo y mercadotecnia unidos con un mismo fin. 

No sabemos en cuánto terminará el Verde en esta elección. Sin embargo, una lectura de las últimas encuestas ilustra una contracción de entre tres y cuatro puntos en su intención de voto. Dicho bajón no es capitalizado por los partidos grandes, sino por los partidos pequeños. Los puntos que ha perdido el Verde se han ido a Morena, sobre todo, aunque también a otros partidos de reciente creación. Es un elector distinto, no encaja necesariamente en la ecuación PRI-antiPRI, y que podría ser desde un abstencionista tradicional hasta un desencantado de la política. El Verde no tiene voto duro, por lo que se mueve constantemente entre un círculo de indecisos poco ideologizados que buscan soluciones concretas, sin importar del origen de las iniciativas.

¿Impunidad y sanciones?


¿Qué hacer con el Verde? La comentocracia se encuentra profundamente dividida. Hay algunos como José Woldenberg que juzgan como inadmisible la posibilidad de quitarle el registro. Desde la óptica del ex presidente del IFE, el registro no se debe perder por motivos administrativos, sino simplemente por votos. Hay otros como José Antonio Crespo, politólogo del CIDE, que sostienen lo contrario: el estado de derecho está por encima y si alguien viola “grave y sistemáticamente” la ley, se debe retirar el registro.

Parecería que de acuerdo a la Ley General de Partidos Políticos habría motivos suficientes para retirarle el registro al Partido Verde. La sistematicidad queda muy clara con 11 sanciones por 200 millones de pesos en un periodo de tres meses. Y la gravedad quedó delineada en la sentencia del Tribunal Electoral.

Sin embargo como en un partido de fútbol donde todos los jugadores se ponen de acuerdo para violar las reglas, la solución no es sencilla. Ahí tenemos al Verde, pero también a Andrés Manuel López Obrador, candidato a nada, y que lleva adelantándose en los tiempos electorales desde hace años. O los gastos de campaña de los partidos grandes que difícilmente se ajustan a los topes determinados por la autoridad. Es una decisión muy complicada para el INE, pero lo que es innegable es que omitir el debate sobre una sanción más severa al Verde por su estrategia de violar la ley sistemáticamente mandaría un preocupante mensaje de impunidad. Si el IFE de Leonardo Valdez fue juzgado por su pésima gestión del caso Monex, no hay duda que la conducta del Verde y la actuación de los consejeros serán criterios para juzgar a Lorenzo Córdova como el titular del primer consejo del INE. 

Para evitar que esta problemática  atrape al INE, los consejeros deben comenzar la discusión a fondo sobre este tema. Retirar el registro es la medida más extrema, pero los consejeros no deben tener miedo a considerarla si uno de los jugadores se niega a acatar las reglas. En un país con una débil cultura de la legalidad, el comportamiento del Verde abona al descrédito de la débil democracia que se ha construido.

Dice Jesús Silva-Herzog Márquez que “si resulta tan detestable el Partido Verde es porque nos recuerda la ínfima calidad de nuestra democracia”. Detrás del Verde existe cinismo y pragmatismo. Sin embargo, la democracia, para considerarse de calidad, debe de dotarse de los anticuerpos necesarios para poner en orden a todos los jugadores que se niegan a acatar las leyes. Admitámoslo, el Verde no es el problema de fondo, sino el síntoma de una transición a la democracia que se construyó sobre una legalidad ausente, instituciones débiles y una impunidad que amenaza todo.

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