Suplementos | Dos gachupines en México De Memoria En estos días en que llegan a Guadalajara muchos artistas internacionales, es fácil que se nos olvide que hasta hace poco tiempo nomás no aparecían Por: EL INFORMADOR 26 de octubre de 2008 - 00:08 hs En estos días en que llegan a Guadalajara muchos artistas internacionales, es fácil que se nos olvide que hasta hace poco tiempo nomás no aparecían. O si aparecían, no siempre tenían buena fortuna con la cantidad de audiencia. Acaba de estar en la ciudad Joan Manuel Serrat, un visitante más o menos frecuente, y en los días próximos vendrá uno menos asiduo: Víctor Manuel con su esposa Ana Belén. Serrat y Víctor Manuel pertenecen a una misma generación que desde los sesenta comenzó a dar de qué hablar y a propósito de quienes tengo algunas anécdotas personales. Comienzo con el segundo. Recuerdo que, en la segunda mitad de los sesenta, unos primos fueron a España y como tenemos parentela asturiana por parte de mi abuelo materno, fueron al norte y regresaron hablando de un joven compositor que era muy apreciado por esos rumbos. Se llamaba Víctor Manuel y no volví a saber de él sino hasta años después, cuando se popularizó una canción suya llamada Quiero abrazarte tanto cuya letra siempre me ha parecido un tanto rara (y más cuando la canta Marco Antonio Muñiz). Estando en la preparatoria, un compañero me invitó la entrada a un concierto que tendría lugar en el Teatro del IMSS. Se presentaba Víctor Manuel y aunque casi no lo había escuchado, pensé que sería un buen pretexto para ajustar cuentas con mis antecedentes asturianos. La primera sorpresa fue que el auditorio estaba casi vacío, acaso seríamos unas veinte personas. El artista salió visiblemente contrariado por la escasa audiencia y hasta dijo al final: “Si les gustó hablen de mí, a ver si la próxima vez llenamos ésto”. Por supuesto que eran tiempos muy anteriores a La Puerta de Alcalá, su gran éxito. La segunda sorpresa fue lo bueno que resultó el concierto, con un compositor honesto y emotivo que cantaba de asuntos políticos y sociales sin tapujos, acompañado de un grupo musical pequeño pero solvente. Siempre he pensado que esa fue la mejor época de Víctor Manuel, aunque su cuenta de banco seguramente dirá lo contrario. No creo que los 20 que asistimos en aquella ocasión hayamos influido con nuestro entusiasmo para que ahora se presente en teatros enormes, pero es un hecho que su fama y popularidad crecieron desde entonces. Con Serrat hay otras historias: A finales de los sesenta hizo su primera gira por América Latina y mi tía Doris nos invitó a mis hermanos y a mí a verlo en el Teatro del Ferrocarrilero en el Distrito Federal. La verdad fui a regañadientes pues en esa época no había para mí otra música que no fuera el rock. No recuerdo gran cosa del concierto pero sí que compramos un disco a la salida: aquel de homenaje a Antonio Machado que gracias a mi hermana Gabriela se volvió de escucha imprescindible en la casa a partir de entonces. Desde aquel tiempo me acompañan esas canciones como parte de mi banda sonora adolescente extendida a los primeros años de la juventud con discos como el de Miguel Hernández, Mediterráneo, Para Piel de manzana y esa joya llamada 1978. A principios de los ochenta tuve la suerte de entrevistarlo en su camerino del Teatro Degollado en los minutos previos al concierto de presentación de su disco En tránsito y, entre otras cosas, le pregunté cómo era posible que sin éxitos en la radio ni apariciones frecuentes en televisión siguiera manteniendo un público fiel y creciente. No tuvo realmente respuesta. Me dijo que él hacía aquello en lo que creía sin preocuparse demasiado por el resto. Confieso que, a diferencia de otros que nunca lo han pedido –pienso, por ejemplo, en mi amiga Gabriela Ibañez, seguramente la fan número uno en el mundo- mi fervor serratiano ha disminuido con los años, seguramente por culpa mía; no he seguido la pista de sus grabaciones y actuaciones en vivo en los últimos años, aunque sigo reconociendo en él a un formidable letrista y muy lúcido compositor de canciones. En estos días Serrat fue invitado a Guanajuato para inaugurar el Festival Cervantino y, entre otras cosas, recordó con cariño aquella primera gira que lo trajo a nuestro país y que, al menos a mí, me permitió que sus canciones quedaran registradas en mi disco duro desde entonces. Destacado: Desde aquel tiempo me acompañan esas canciones como parte de mi banda sonora adolescente extendida a los primeros años de la juventud por: alfredo sánchez Temas Tapatío Lee También El Clásico Tapatío cambia de horario Conquistando la cima más alta de Jalisco Resistencia cultural en el tianguis de la Leña La danza contemporánea abre paso al legado en el arranque del FID 2025 Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones