Miércoles, 22 de Octubre 2025
Suplementos | Jesús buscó un lugar reservado a quienes no eran considerados invitados de honor

¿Comida o competencia?

El hecho de ser aceptado por los demás siempre ha motivado a los hombres a hacer cosas para ganarse el favor ajeno

Por: EL INFORMADOR

     Las comidas en las casas de los fariseos, más que comidas eran verdaderas competencias por las mejores ubicaciones, ya que los lugares de honor definían los “estatus” de las personas, cosa que a ellos les interesaba mucho. El día de hoy no es diferente, porque uno de los “deportes” preferidos de nuestra sociedad es etiquetar a los demás, considerándolos “mejores” o “peores” que nosotros, y para eso usamos infinidad de parámetros, tales como nombre y apellido, marca de ropa, tipo de auto --o ausencia del mismo--, colonia donde se vive, nivel de estudios, salario, gente conocida y muchas otras cosas más.

     El hecho de ser aceptado por los demás siempre ha motivado a los hombres a hacer cosas para ganarse el favor ajeno, o de plano pelear por un mejor lugar en la vida. Sin duda que eso había había pasado el día que Jesús visitó la casa de uno de los fariseos y éste le invitó a comer; posiblemente todos los invitados trataban de acomodarse en el mejor lugar posible, y así obtener el reconocimiento de los demás (y si fuera posible, de Jesús mismo).

     Fiel a sus enseñanzas, seguramente Jesús buscó un lugar reservado a quienes no eran considerados invitados de honor, y ahí se acomodó. No sería la primera vez que era tratado con descortesía. En otra ocasión un fariseo llamado Simón lo invitó a cenar, pero ni lo saludó cortesmente, ni ordenó a sus sirvientes que lavaran los pies de Jesús , y a pesar de esto el Señor no se ofendió, sino que aprovechó para enseñarle sobre el perdón, de manera que el Maestro no tenía conflicto con ello.

     En este día en particular, los fariseos estaban muy interesados en observar a Jesús, con la intención de juzgarle y acusarle, por lo que seguramente les llamó mucho la atención la reacción de Jesús, pues el Maestro decidió tomar la iniciativa y darles una enseñanza  través de una parábola.

     El Señor se fue directo al punto cuando les recomendó: “no busques los primeros lugares, porque si llega otro que es considerado más importante que tú, entonces te van a quitar el lugar que tomaste y eso te va a humillar públicamente; en cambio, busca un lugar menos importante --lo que sería humillante-- y posiblemente el anfitrión te invitará a tomar un mejor lugar, lo que te honrará en público”.

     Esto debió llamar poderosamente la atención de los convidados a la cena, porque después de todo, lo que ellos deseaban era ser honrados en público y aquí estaban escuchando una estrategia para que eso sucediera; sin embargo, la enseñanza de Jesús no estaba enfocada principalmente hacia las valoraciones de los hombres unos a otros, sino a la manera de proceder ante Dios.

     Este mandato pudiera resumirse de esta manera: “Si te humillas ante Dios, a su tiempo Él se encargará de exaltarte delante de los demás”. Humillarse ante Dios no significa castigarse o afligir el cuerpo, como se ha llegado a interpretar, sino más bien doblegar el orgullo y obedecer dócilmente lo que Dios ordena en su Palabra. Los mandamientos de Jesús son un excelente lugar en donde podemos entregar nuestra rebelión y deseo de independencia de Dios, y someternos a lo que Él ordena; aunque este camino pareciera indeseable para el ego humano, su resultado es que tendremos paz y Dios encontrará maneras de darnos una buena opinión delante de los demás.

     ¿Qué significaría entonces que Dios nos exalte delante de los demás, si nosotros nos humillamos ante Él? Hay muchas formas en que Dios exalta al humilde: por ejemplo, permitiéndole vivir de una manera que sea ejemplo para los demás, trayendo armonía a su familia y en sus relaciones con los demás, incluso dándole prosperidad y cumplimiento de sus objetivos, y sobre todo, dejando que esa manera de vivir haga que todos glorifiquen a Dios; es decir, que reconozcan que el favor de Dios está sobre esa persona.

     Sería bueno recordar esto la próxima vez que sintamos el impulso de “buscar el mejor lugar” cuando estemos conviviendo con otros.

Ángel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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