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Aprender de ellos

Un día después

Por: EL INFORMADOR

Los logros alcanzados respecto al tema de la discapacidad, no son suficientes en la sociedad mexicana. ESPECIAL  /

Los logros alcanzados respecto al tema de la discapacidad, no son suficientes en la sociedad mexicana. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (17/DIC/2010).- El pasado viernes 3 de diciembre se celebró en nuestro país el Día Internacional de la Discapacidad. Elegí estar atento a los eventos celebratorios con su verba “declaratoria” para luego escribir acerca de lo que, modestamente, opino sobre la situación de este colectivo social cuya realidad sigue siendo cruda, lastimosa e inmisericorde. Baste, en principio, saber que en 26 estados de la República Mexicana los códigos civiles vigentes cuentan aún con cláusulas discriminatorias hacia las personas con discapacidad, incluso, asombroso: la semántica con que se refieren a ellos es altamente ofensiva y se creía desterrada, amén de los escasos y superficiales apoyos que se les brindan. Falta aún más talante humanitario.

En términos cuantitativos y cualitativos la discapacidad vive en el extremo microscópico de la sociedad, las simples declaraciones cargadas de buenas intenciones no han servido para resolverla, mucho menos para evitarla; su atención oportuna y eficaz sigue estando en los terrenos vergonzosos de la injusticia que parece lejos de remediarse. Si bien es justo reconocer que muchas instituciones, publicas y privadas, más los medios de comunicación, sobre todo los que giran anualmente alrededor del evento “Teletón”, han trabajado con la esperanza de que algún día la discapacidad conspire contra la sociedad para hacerla feliz, culturalmente hablando, en muchos sectores de la sociedad se les sigue mirando con desprecio y miedo.

Para encontrar soluciones integrales que dejen de ser esperanzas no cumplidas es necesario asomarnos con decisión, entrega e inteligencia, a su compleja cosmogonía. Su existencia, pero sobre todo su sobrevivencia, no ha dejado de ser un tema misterioso. Si después de esto logramos una inclusión que consista en hacerlos parte de nuestra vida cotidiana, no resulta ilusorio aspirar a vivir en una sociedad libre de discriminación e intransigencia.

Grandes grupos de personas con discapacidad siguen encallados en el total abandono; colectivo impecune y ausente de todo tipo de asistencia. Estamos muy lejos de dignificar su existencia ya que sus heridas siguen abiertas. La tentación de caer en el reprobable crimen de cantar falsas victorias nos lleva, con más frecuencia de la deseada, a no asumir plenamente las responsabilidades. Algunos apoyos de carácter eventual movidos por impulsos pasajeros de lastima más que por un sentimiento de contrición suelen acudir en apoyo de ellos, apoyos que, bienvenidos, por supuesto no disipan su vulnerabilidad. El que de pronto, anualmente a través de la televisión conciten nuestra simpatía, tampoco ha sido suficiente para crear una real y verdadera cultura filantrópica que de paso a la total inclusión de ellos.

Por otra parte, es bueno recomendar a los oficiosos pregoneros de desbordados e insustentable optimismo acerca de los avances en el tema, que el colectivo de la discapacidad sigue derrotado a pesar de las victorias anunciadas por esos optimistas sin recato ni pudor. Darnos la oportunidad de practicar la solidaridad en tiempos que vivimos impensables sucesos de criminalidad es convertirnos, al fin y al postre, en personas más personas.
Lo que ha quedado de evidencia, un día después de la celebración, tibia y musitada, del Día Internacional de la Discapacidad es que con respecto a los logros alcanzados, o lloramos o nos ahogamos por dentro. Amén de los amenes.   

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