Jueves, 16 de Octubre 2025
Suplementos | Por: José Luis Cuéllar de Dios

Aprender de ellos

Dar sin que nos duela

Por: EL INFORMADOR

La madre Teresa de Calcuta, ciudadana india de sangre albanesa, fundadora de la Misioneras de la Caridad, ha sido uno de los seres humanos más estimulantes que han pisado el planeta tierra. Personaje ejemplar que reavivó las llamas de la esperanza de los miles de millones de pobres que viven en la más cruel de las precariedades. Esta gran mujer acuñó una frase que pronto se hizo referencia obligada en términos de caridad, de solidaridad, de generosidad, de altruismo: ¿Alguna vez han experimentado el gozo de amar dando hasta que nos duela?

Bien conocía la condición humana esta coetánea de todos los santos; efectivamente dar duele, así se trate de tiempo, dinero, conocimiento, el ser humano se resiste a entregar. El gran dilema de la humanidad, en este sentido, ha sido y tal parece que seguirá siendo: DAR O CONSERVAR. La gran mayoría de los seres humanos transitan la ruta de su vida tapándose los ojos y no escuchando los dolientes clamores de los más vulnerables. Tratando de descubrir la desconcertante indolencia y desdén histórico hacia la discapacidad, estuve comparando culturas filantrópicas de diferentes países. En los aquellos llamados de primer mundo la filantropía es una cultura general donde priva la obediencia a principios establecidos en las constituciones, leyes y reglamentos que para tal efecto se han venido aplicando desde hace tiempo. Adicionalmente cada persona obedece a su propia conciencia, existiendo claramente una tendencia hacia el dar.

Por lo que toca a los países subdesarrollados esa cultura general de obediencia no existe dado que son naciones donde la corrupción se ha convertido en un sello distintivo de la vida cotidiana. La caridad se limita a aquella promovida por la religión y escasean los casos de dar por convencimiento, como cultura adoptada.

La madre Teresa de Calcuta le puso un limite a la caridad: hasta que nos duela; al reconocer que dar duele, el reto de contar con ciudadanos solidarios es formidable, habrá entonces que aceptar que hay que luchar contra una sociedad rebelde, materialista e indiferente que de pronto ejercita filantropías frívolas y cínicas que se manifiestan en simulacros de hipocresía. La ausencia de una verdadera cultura altruista tiene un efecto devastador, socialmente hablando. La falta de caridad provoca tristeza, frustración, dolor y soledad. Habrá que reconocer que en nuestro país poco educamos a nuestros hijos en la cultura de la solidaridad, nuestro propio concepto filantrópico es sumamente opaco, indefinido, blando, en pocas palabras desesperadamente anodino.

El asunto va mas allá, dar sin que nos duela no sólo se refiere al dinero, fundamentalmente es igualar derechos y oportunidades para lograr pasar de privilegios personales al bienestar colectivo. Es valido aspirar, como meta, educar a esta y las siguientes generaciones en la cultura de la caridad como apuesta a su personal realización. Debemos convencernos que el egoísmo en cualquier modalidad es intolerable.

Convencidos que el amor es el guerrero que vence en toda batalla, aspiremos más allá de lo dicho por la madre Teresa: DAR SIN QUE DUELA  recordando que la solidaridad es la suma de cada uno de nosotros. Amen de los amenes.

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