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Miércoles, 17 de Enero 2018

| jaime garcia elias

ENTRE VERAS Y BROMAS Por JAIME GARCÍA ELÍAS

Columna Entre veras y bromas por Jaime García Elías

— Frustración

Lo más fácil hubiera sido convertir en carne de mitin a los 16 mil aspirantes a ingresar a la Universidad de Guadalajara (U. de G.) que fueron rechazados —para decirlo sin eufemismos— en la zafra más reciente. La mesa estaba servida para convocarlos a una marcha (multitudinaria, naturalmente) y llevarlos a corear consignas a la Plaza de Armas: “¡Que el gobierno deje de tirar el dinero en telenovelas y lo invierta en educación!”, por ejemplo.
Sin embargo, por esta vez, al menos, prevaleció el sentido común...
—II—
Por una parte, el rector de la U. de G., Carlos Briseño Torres, en declaraciones radiofónicas, hizo una vivisección en que llegó a la raíz del conflicto: los aspirantes quedan fuera, no tanto por falta de espacio en las aulas, cuanto de su propia incapacidad para el estudio. “Se les olvida decir —dice, en alusión a quienes se lamentan por no haber ‘salido en listas’— cuál es el promedio que tienen o cuál el puntaje que alcanzan en el examen”. Muchos de ellos, en efecto, arrastran insuficiencias desde la Primaria, porque en esa etapa los criterios de valuación, por pura demagogia, son laxos. La consigna es dejar libres todas las plazas disponibles para la siguiente generación. Por ende, que no haya reprobados: “Ahí que los repruebe la vida...”. Llegan a la Preparatoria arrastrando esas deficiencias. No se esmeran por ser competitivos, en función de los espacios disponibles en la universidad pública. “Quieren ingresar a medicina con promedios de 80, o a ingeniería con 70”, sigue diciendo el rector. Soslayan —añade— que “el nivel de educación es elitista. Es para los mejores”.
—III—
Por la otra, el secretario de Educación en Jalisco, Miguel Ángel Martínez Espinoza, anticipa que la dependencia a su cargo, conjuntamente con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), trabaja en una investigación que analiza la oferta educativa y su evidente falta de correspondencia con el mercado laboral. La meta sería “modificar el sistema educativo para orientarlo a las exigencias reales”.
Para no perpetuar, a costa del pueblo y en su propio perjuicio, al esquema perverso de que las universidades sean fábricas de desempleados al por mayor, y para no condenar a los jóvenes a la frustración, ese proyecto urge... ¡para ayer!

EL INFORMADOR 05-02-08 IJALH

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