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Lunes, 19 de Noviembre 2018

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Control a un buen negocio

Por: EL INFORMADOR

Con la aprobación de reformas en el Senado para acotar y controlar las comisiones que están cobrando los bancos en México por los servicios que ofrecen, lo menos que puede decirse, es que se trata de una decisión sorpresiva.

Si algo ha sido recurrente en las páginas de los diarios y en los programas informativos de radio y televisión, es el malestar general que están causando las altas cuotas que cobran las instituciones financieras a sus clientes y, en cambio, las restricciones cada vez mayores en el otorgamiento de créditos o en los intereses que pagan por los ahorros.

También ha influido un factor externo: el impacto creciente de la recesión económica estadounidense en la vida cotidiana de los mexicanos, al incrementarse el desempleo, reducirse los envíos monetarios de los migrantes y, en general, al encarecimiento de los precios de los productos y servicios en territorio nacional. Los legisladores saben bien que el factor que desencadenó este problema fue la falta de supervisión y de regulaciones del sistema financiero de la Unión Americana.

Por todo esto, no es extraño que los legisladores de todos los partidos representados en el Senado de la República hayan coincidido en aprobar las reformas que imponen topes y restricciones a los bancos en el cobro de sus servicios, en el uso de los datos de sus usuarios para realizar promociones y en el otorgamiento indebido de tarjetas de crédito no solicitadas, por ejemplo.

Tampoco será extraño que las modificaciones legales sean aprobadas por una abrumadora mayoría en la Cámara de Diputados para que cobren vigencia en el país.

No les falta razón a los banqueros cuando se defienden argumentado la libertad de mercado. No obstante, están frente a un malestar generalizado. La mayor parte de la gente considera que las instituciones financieras se han pasado de la raya cuando cobran hasta 20 pesos por una consulta de saldo en cajero automático, o cuando se niegan a financiar actividades productivas.

Más vale que los bancos consideren que el horno no está para bollos en su resistencia, y que aprecien que su negocio todavía sigue siendo sumamente rentable.

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