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Viernes, 15 de Diciembre 2017
México | Todos aguardan

Sobreviven desplazados de Juan de Grijalva

Hacinados en reducidas e inhabitables “casas”, los refugiados ambientales provenientes de Juan de Grijalva cumplieron un año no sólo de sufrir la tragedia

OSTUACAN, Chis.- Hacinados en reducidas e inhabitables “casas”, los refugiados ambientales provenientes de Juan de Grijalva cumplieron un año no sólo de sufrir la tragedia donde perdieron a sus familiares y su propio entorno, sino también de la incumplida promesa de contar con una vivienda digna con todos los servicios en una llamada Ciudad Rural.

Para estos desplazados, cada día que transcurre la vida es más pesada, pues siguen sin acostumbrarse a compartir baños, cocinas y espacios comunes, luego de que vivían holgadamente, al aire libre, en casas con amplios terrenos.
Los obligaron a dejar el campo abierto, donde estaban sus hogares y tierras, y la maravillosa vista del traicionero Grijalva, para asentarse en parques y espacios públicos de esta cabecera municipal del Norte del Estado, donde física y emocionalmente mueren lentamente.
El dolor emana a cada momento entre los ex vecinos de Juan de Grijalva, al recordar el drama vivido la noche del 4 de noviembre de 2007, cuando la gigantesca ola del Río Grijalva, provocada por un alud que se desprendió de la montaña, sepultó a 25 de sus familiares, junto con el patrimonio de toda una vida.

Junto con los habitantes de Juan de Grijalva, en esta cabecera municipal, también viven un total de mil 700 refugiados de las comunidades de Nuevo Sayula y La Laja, evacuados de sus comunidades por estar asentados en zonas de riesgo del Río Grijalva.

Todos aguardan

Todos están en espera de las 508 viviendas que se construyen en las 80 hectáreas de la Ciudad Rural que se denominará Nuevo Juan de Grijalva, ubicada a 10 kilómetros de esta ciudad, a 20 kilómetros de donde se registró el desgajamiento del Cerro La Pera hace un año y en donde los católicos de esa comunidad celebraron este martes una misa por los fallecidos.
Un funcionario del Ayuntamiento estimó que difícilmente el Gobierno chiapaneco culminará en este mes las casas que les prometieron a los desplazados de Juan de Grijalva. (El Universal)

Los habitantes del poblado Juan de Grijalva viven en albergues y no han sido indemnizados por el anegamiento de sus casas y terrenos a un año de las inundaciones ocasionadas por el desbordamiento de la Cuenca del Grijalva.

CRÓNICA

Coraje e indignación ante oídos sordos


Doña Eloísa Ríos Ramírez se rehúsa a acostumbrarse al ambiente del refugio donde los obligaron a replegarse las autoridades del Estado de Chiapas.
Pero más coraje le da el hecho de que le desplazaran de su natal Juan de Grijalva, sin permitirle que pudiera continuar labrando y cosechando su terreno.
Molesta, acusa que tampoco se le quiere otorgar una indemnización por las nueve hectáreas que allí tenían ella y sus seis hijos; al quedar viuda trabajaron fuertemente para crear un patrimonio.

Relata que parte de su predio se lo llevó el alud ocurrido el 4 de noviembre del año pasado, pero les quedó otra porción donde había una huerta y árboles maderables.

“Ni siquiera me permitieron entrar a cortar unos cedros, que es madera fina. Se los agarraron los de la Comisión (Federal de Electricidad)”, cuyo personal ordena y manda ahora en toda la zona donde ocurrió el gigantesco deslave que ocasionó durante meses el tapón al Río Grijalva.
Doña Eloísa dice que en su casa criaba a sus animales de traspatio, que cuando deseaba los cocinaba para su familia; igual, para su consumo familiar, sembraba maíz, frijol, hortalizas y verduras, para poder comerlos a su gusto. Incluso, se muestra reacia a comer las tortillas de harina que les proporcionan en el refugio común de los desplazados. “Me voy a casa de una señora a cocer mi maíz y elaborar mis propias tortillas que son más ricas”.
Esta chiapaneca de 49 años recuerda que junto con sus hijos, en varias ocasiones se vio obligada a realizar plantones de protesta en la zona de Juan de Grijalva, para exigir la devolución de su terreno o que le indemnicen para comprar en otra parte. “Colocaba un lazo en el camino para impedir el paso, a fin de que escucharan mi queja, pero de nada ha servido hasta la fecha”. (El Universal)

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