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Sábado, 16 de Diciembre 2017
México | Tren Parlamentario por Vicente Bello

Pregunta mordiente

Tren Parlamentario por Vicente Bello

Eran como dos enormes barcos en un mar embravecido por la borrasca. El Senado y la Cámara de Diputados, un día después del avionazo, no encontraban asidero para cimentar un posicionamiento más allá de las lamentaciones por la tragedia humana, que después de la conmoción ahora ésta ha comenzado a caer como cuchillo sobre los corazones de los familiares de quienes se fueron.
Las dos cámaras se preparaban para remitir condolencias a todos los que ahí, en el encontronazo aquél, murieron. Senadores y diputados, sin embargo, han comenzado a navegar en medio de dos interrogaciones, y muchas conjeturas: ¿Fue un accidente o un atentado?

Ni los más recalcitrantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) se atrevieron a incursionar, públicamente, en el terreno de las conjeturas. Hay que esperar, decían, unánimes casi. Esperar los resultados de las indagatorias.

La versión (conjetura) de que habría sido un atentado se paseó sin embargo por pasillos y oficinas de las dos moles de cemento del Congreso (el palacio de San Lázaro y el edificio de la Torre Caballito). Llamó la atención, porque este rumor ganó una tendencia generalizada en el territorio donde se exige el anonimato declarativo, el del “off the récord”.

Este rumor, que corría con el tranco de un caballo desbocado, se nutría de lo que siempre se han alimentado los rumores: la falta de información; ésta muchas de las veces por ocultamiento. Y de las mismas declaraciones que se vertieron en el momento de la tragedia; atropelladas unas, empapadas otras con la perniciosa costumbre de los hombres en el poder de decir a ultranza que es blanco cuando todo el mundo mira negro.

Verbigracia: Las llamas crepitaban en todo lo alto y Marcelo de los Santos (gobernador de San Luis Potosí, que hacía una hora y media —17:30—, martes 4, había despedido en el aeropuerto de la capital potosina a Mouriño y a Vasconcelos) decía a un conductor de televisión que habría sido un accidente.

Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes, en el maremágnum que vivió la noche del martes 4, hablaba como quien tiene convicción de lo que dice. Y presumía que habría sido un accidente.

En cambio, Felipe Calderón, en su mensaje desde el Hangar Presidencial (regresó precipitadamente de una gira por Jalisco), no hizo mención de la palabra accidente. Y dio a Mouriño el trato implícito de un héroe caído.

En abono al terreno de las conjeturas, José Luis Zapatero, presidente del Gobierno español, de donde era oriundo Mouriño, incluso dijo que la muerte del secretario de Gobernación había ocurrido en el marco de una feroz lucha que el Gobierno mexicano sostiene contra el crimen organizado, concretamente contra poderosas bandas del narcotráfico.

Con Mouriño murió también José Luis Santiago Vasconcelos, el que hasta hace unos meses fuera el zar antidrogas de México, y asesor de Calderón desde hace unas semanas en el combate al crimen organizado. A la muerte de Vasconcelos le precedieron amenazas de muerte continuas, una de las cuales por poco se cumplía en diciembre de 2007.

Desde que murió acribillado en una calle de la Ciudad de México, Florentino Ventura, el policía mexicano que se ganó el aura del mejor policía del país por haber logrado la aprehensión de Caro Quintero y de Don Neto, en 1986, no moría otro mexicano con ese sello de súper policía, que para muchos ya tenía ganado Santiago Vasconcelos, el aprehensor de los peces gordos del narcotráfico detenidos en los últimos 10 años.

Por todos estos hechos, y por la perniciosa y consabida costumbre de la gente en el poder de ocultar lo que muchas veces está a la vista desde el sentido común, es que ese rumor de que fue un atentado ha comenzado a cobrar fuerza, rebasando fácilmente al de por sí lento vehículo donde suelen ir este tipo de investigaciones.

Prudentes, los legisladores todos coincidían ayer en que el cabildeo por el presupuesto debía posponerse siquiera de aquí al lunes próximo. Pero, no por eso, han dejado los opositores del PRD en insistir en que la investigación debe ser pronta y expedita. Así lo decía Javier González Garza en San Lázaro, como también en el Senado Ricardo Monreal decía que propondrá al Pleno hoy a que se cite a comparecer a funcionarios del régimen como Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes, para que den su versión del siniestro, por la sencilla razón de que un accidente y un atentado son de consecuencias absolutamente distintas para la vida de la República.

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