Sábado, 04 de Abril 2020
México | Menores de 24, la mitad de los infectados en el DF

Jalisco es la cuarta Entidad con más casos de sida

En las grandes metrópolis como el DF o Guadalajara el uso de preservativos durante las relaciones íntimas no es un hábito arraigado

Por: SUN

CIUDAD DE MÉXICO.- Según el último reporte presentado en marzo del año en curso por el Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/sida (Censida), Jalisco es el cuarto Estado con más casos de sida acumulados, con 10 mil 437.

La Entidad sólo está por debajo del Distrito Federal, que tiene 22 mil 126 casos; el Estado de México, que registra 14 mil 453 y Veracruz, con 11 mil 872.

El director de la organización civil Letra S, Alejandro Brito, explicó que los habitantes de las metrópolis son “más tolerantes y abiertos en la sexualidad”, convirtiendo así al VIH en “un fenómeno urbano”.

“En el medio rural es donde menor frecuencia de casos existe, lo que puede atribuirse a la cultura social que presenta más tabúes con relación al sexo”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, en inglés) señala que en México 40% de las nuevas infecciones de VIH se presentan en jóvenes de entre 15 y 24 años, y los homosexuales tienen 50% más probabilidades de infectarse.

En las grandes metrópolis como el Distrito Federal o Guadalajara, en donde los jóvenes tienen mayor acceso a información sexual, el uso de preservativos durante las relaciones íntimas no es un hábito arraigado.

Según diversas encuestas, los jóvenes declaran que en su última práctica sexual utilizaron preservativo, pero ese uso no se repite en los siguientes encuentros. Ante este panorama, Brito considera que “no se trata sólo de dar condones, sino de crear estrategias de distribución para que lleguen a las poblaciones mayor expuestas”.

Argumenta que existe un déficit de inversión en la prevención, pues se destina más recursos a la atención de las personas que viven con VIH que a tratar de evitar nuevos casos.

Por si no fuera poco el problema, los adolescentes y adultos jóvenes se están convirtiendo poco a poco en el sector más vulnerable a contraer la enfermedad. El mismo reporte del Censida revela que 31 mil 314 hombres de entre 15 y 29 años y que 38 mil 981 mujeres del mismo rango de edad padecen del virus.

Sida, de eso no hablan los jóvenes
CIUDAD DE MÉXICO.-
El sida no es un tema para los veinteañeros. Saben cómo se contrae y cómo se previene, pero no le temen. A diferencia de los que crecieron en los años 80 y 90, los jóvenes no conocen artistas y deportistas que lo padezcan. El riesgo más grande que ven en no utilizar condón es el embarazo.

Como consecuencia de ello, los menores de 24 años representan 50% de los nuevos infectados de sida, según datos del sector salud divulgados en marzo de 2009. El Centro Nacional para la Prevención y Control de VIH (Censida) revela que poco más de 35 mil jóvenes mexicanos viven con sida.

En 2005, la Encuesta Nacional de la Juventud reportaba que nueve de cada 10 aseguraban conocer el condón y cómo se utilizaba, pero 40% de los entrevistados admitía que no lo utilizaba.
Dos años después, el Censida informaba que el sida representaba la cuarta causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), los menores de 24 años representan un sector de la población que puede potenciar la transmisión de esta enfermedad, razón por la cual resulta preocupante que aumenten las cifras de jóvenes portadores.

La Fundación Mexicana de Lucha contra el Sida señala que los treintañeros eran quienes más se infectaban de sida en los años 90, pero la tendencia cambió en la década que corre: ahora los menores de 24 años representan el 50% de los contagiados.

Una palabra lejana

Laura tiene 20 años. Cuando se le pregunta si recuerda cuál fue la última ocasión en la que habló de sida con sus amigos o pareja, simplemente no lo recuerda: “Nunca hablamos de eso, las niñas de mi edad sólo se preocupan por no quedar embarazadas, tengo amigas que se les ha roto el condón y primero corren por una pastilla de emergencia que por una prueba para detectar VIH; es más, ni siquiera lo piensan, no es un tema, al menos no entre mis amigos”.

Tampoco recuerda haber escuchado una campaña sobre el tema en radio o televisión. Sabe que el condón es el único método anticonceptivo que la puede proteger del VIH, pero no se preocupa por protegerse cuando tiene sexo.

Según datos del Censida, 20% del total de infectados tienen entre 12 y 24 años.
Néstor, de 22 años, es uno de ellos. Vive con VIH desde los 18. Se contagió cuando cursaba el bachillerato. Hoy está a punto de terminar la carrera de Contaduría en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La noticia es que vivir con el virus es su prioridad número cinco, antes está conseguir empleo, una casa, comprarse un automóvil, conquistar a una chica y, finalmente, recordar que tiene sida.
Toma retrovirales de última generación, de forma gratuita, pues el sector Salud se los da. Es fuerte, musculoso. Su apariencia es la misma que la de otro joven de su edad completamente sano.

La palabra sida le parece lejana porque para él ya no es sinónimo de muerte. Nunca pensó que se contagiaría a los 18 años, se le hizo fácil no cuidarse. Simplemente se fue de fiesta una noche. Estuvo bebiendo alcohol en un sitio donde todos los presentes parecían estar sanos. El sida no se ve.

Le perdieron el miedo

A pesar de que se están contagiando, según las cifras de Censida, los jóvenes no temen al VIH.
Sus amigos, sus artistas y sus deportistas no parecen estar infectados; la radio que escuchan, la televisión que ven y las páginas de internet que consultan no parecen estar ocupadas por hablar del tema.

En 1989, dos mil 840 mexicanos ya vivían con VIH, 20 años después, la cifra se transformó en 130 mil 969. Según datos del Censida, México ocupa el lugar 16 en América Latina y el 42 a nivel mundial en número de casos de VIH. Argentina, Brasil y Colombia son los países de la región con más casos.

Y se estima que por cada caso registrado hay dos fuera de la estadística.
Pablo, de 41 años, recuerda que en los 90 las chicas solían exigirle un condón al momento de ir a la cama, pero ahora observa que las veinteañeras no parecen tener al VIH en su radar vital.
José Antonio Izazola, director de Censida y especialista en el tema desde hace más de dos décadas, dice que “los jóvenes usan más un condón por miedo al embarazo y al virus del papiloma humano que por protegerse del VIH”.

David Alvarado fue uno de los primeros jóvenes en formar una organización civil de lucha contra el sida, a finales de los 80. Hoy dice que hace 20 años ellos suponían que los jóvenes de esta época en población urbana tendrían información suficiente de qué es el sida y cómo prevenirlo.
“No nos equivocamos, es verdad, ellos saben qué es, cómo se contrae, cómo se previene, pero no es una preocupación para ellos”, dice el iniciador de la Fundación Mexicana de Lucha contra el Sida.

Los retrovirales

David Alavarado y el doctor Izazola sostienen la misma teoría: el miedo se perdió cuando los retrovirales mejoraron. El tratamiento hoy da posibilidades de vida de hasta 30 años para los pacientes que viven con VIH.

El sida tiene muchos matices. Los jóvenes de finales de los 80 y principios de los 90 vivían la enfermedad de una forma más cercana: sus artistas se morían de sida, conocían o sabían de enfermos en fase terminal, eran testigos del deterioro que ocasionaba el VIH. Ahora los retrovirales permiten que la enfermedad no se note, que los portadores vivan hasta 30 años sin desarrollarla.

Son gratuitos en el sector salud y aunque llegaron tarde a México, desde 2004 el IMSS cuenta con ellos.

Izazola se atreve a decir que si un joven se contagia hoy y se somete a un buen tratamiento, puede que viva con una buena calidad de vida por lo menos hasta que salga un nuevo retroviral con todavía mejor tecnología o la cura a la enfermedad. Cosa que no sucedía en los 90, pues se les recetaba el retroviral AZT en el Seguro Social, pero eran monoterapias, es decir que no había combinación de retrovirales y por lo tanto tenía poca efectividad.

“A partir de 1996 la investigación ha sido fuerte y los adelantos muchos, hoy las actuales terapias antirretrovirales son capaces de reducir la carga en sangre del virus que provoca el sida hasta valores prácticamente indetectables, aunque erradicarlo del organismo sigue siendo una empresa imposible”.

La muerte en cifras dice que cada año el sida le arranca la vida a unos dos mil 400 mexicanos. “Se mueren porque se diagnosticaron tarde o porque no toman retrovirales de última generación a pesar de que la seguridad social del país cuenta con ellos o porque no hubo un buen seguimiento de carga viral para detectar el buen uso del medicamento", lamenta Izazola.

El costo del tratamiento antiretroviral triple es de más de 50 mil pesos al año. Lo que no significa que para el sector salud sea sencillo, pues hace dos años el Gobierno invirtió tres mil millones de pesos por los paquetes antirretrovirales, aún así, hay pacientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que en ocasiones sufren desabasto.

El presupuesto para el virus

Cuando el sida llegó a México, los funcionarios del sector salud se ocuparon del asunto, sin dejar su principal actividad. No había un presupuesto para combatir la enfermedad. Se hacían tres campañas publicitarias durante el año y no más. No se otorgaban medicamentos de forma gratuita.

En 1987 surgió la primer Organización no Gubernamental (ONG) en México que luchó contra el sida. Un año después se creó el Conasida como respuesta del Gobierno.

Con los años, el dinero destinado a la lucha contra el sida fue cambiando. En 20 años creció todo: el número de infectados, el número de muertes y también los costos del medicamento.
“Hoy tenemos mil 500 millones de pesos de presupuesto, de los cuales mil 90 van para medicamentos, pues queremos evitar el mayor número de muertes”.

Explica que las campañas se han centrado más en la población “vulnerable”, como hombres que tienen sexo con hombres o quienes se dedican a la prostitución. “Sin embargo, no se ha descuidado a la población de jóvenes, las campañas para motivar sobre el uso del condón existen. La última estuvo presente en los medios en abril pasado, en plena influenza”, dice el especialista.  Lo malo es que los jóvenes no las recuerdan. Y se siguen infectando.

En cuatro de cada 10 escuelas secundarias públicas y privadas los profesores que imparten clases de sexualidad, promueven la abstinencia, en lugar del uso del condón. Tal vez por ello al menos tres de cada 10 adolescentes no tiene ni idea de cómo se utiliza un preservativo.

Según datos del Censida, México ocupa el lugar 16 en América Latina y el 42 a nivel mundial en número de casos de VIH

Cada año el sida le arranca la vida a unos dos mil 400 mexicanos; la mayoría fallecen porque se diagnosticaron tarde o porque no tomaron retrovirales de última generación.

Más placer, más peligro

Un encuentro casual y el viejo pretexto de que con condón no se siente igual, fueron la combinación perfecta para que Miguel, a los 22 años, se infectara con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Cuatro años han pasado desde aquel día en el que conoció a un hombre “agradable” en el Metro, quien lo convenció de ir a su casa. Tuvieron relaciones sexuales sin protección y meses después su vida cambió.

La pérdida de peso, mareos, vómitos y un estado constante de sueño fueron los primeros síntomas que manifestó.

Entonces, el diagnóstico llegó: “Tienes VIH”, le dijeron los médicos después de varios análisis de laboratorio que le practicaron en la Clínica Especializada Condesa, en la Ciudad de México, que atiende a personas con VIH.

Del hombre que lo infectó no recuerda su nombre, no volvió a verlo hasta hace unos meses, que lo reconoció en la Clínica Condesa cuando fue a su revisión de rutina. “Lo vi y estoy seguro de que sabe quién soy, pero no pude decirle nada. Él también me vio, iba con otro chavo, no sé si su pareja. Lo abrazó, se dio la vuelta y se fue”.

El arrepentimiento por no haber exigido el preservativo quedó atrás, “ni modo, no lo hice y ya no me puedo lamentar”.

Pero el miedo al rechazo sigue taladrándole la cabeza cada vez que decide confesarles a sus hermanos que vive con VIH y es gay. “Por eso no se los he dicho”, reconoce.

La única que lo sabe de su familia es su madre. Ella lo ha apoyado desde que se enteró al escucharlo llorar a solas en su cuarto por días enteros. “No me quedó de otra y se lo dije; entonces lloró conmigo”.

Su vida dio un giro de 360 grados: “De tan bonita que era, ahora es un infierno”, dice con la mirada fija en el pasado, cuando sus amigos poco a poco se alejaron por tener el virus, y sus sueños de convertirse en cantante o cheff se desvanecieron.

Ahora, su preocupación es adherirse al tratamiento para evitar que el VIH avance, tomar el medicamento sin fallar tres veces al día y conseguir un empleo.

“Ya tengo casi cuatro años sin trabajar, busco, les digo lo que tengo y me dicen: ‘Luego te llamamos’, y ahí estoy como menso esperando... y nada”.

Para él, es indispensable que el lugar que en el que labore esté enterado de su condición, “porque cada mes tendría que ausentarme un día para ir a mis chequeos y a recoger mi medicamento”. Es mentira que la sociedad sea más abierta, dice; “si así fuera, no nos discriminarían”.

FAMOSOS CON SIDA EN LOS AÑOS 80 Y 90
Rock Hudson
actor de cine, murió en 1985.
Freddie Mercury
vocalista de la banda Queen, falleció en 1991.
Héctor Lavoe
cantante de salsa, murió en 1993.
Brad Davis
protagonista de “El expreso de medianoche”, en 1991.
Anthony Perkins
protagonista en "Psicosis", en 1992.
Cyril Collard
En 1993, tres días antes de recoger sus cuatro premios César por su primer largometraje “Noches Salavajes”, murió de sida. Fue el primero que habló en una autobiografía abiertamente sobre su condición de seropositivo.
Magic Johnson
hizo público en 1991 que había contraído VIH y se convirtió en el primer jugador abiertamente seropositivo en jugar en la NBA.

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