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Sábado, 22 de Septiembre 2018
México | Tren Parlamentario por Vicente Bello

El modelo del egoísmo y la codicia

Tren Parlamentario por Vicente Bello

Por: EL INFORMADOR

A pesar de sí mismos, indefectiblemente los ha vuelto a alcanzar. Y tenía ayer el efecto de un gran viento, que ha traído y llevado consigo el reclamo de que ya nadie puede cerrar los ojos ante un modelo financiero que sólo ha estado causando “codicia” y “egoísmo; “hambre” y “sufrimiento”.

Hace no más de un mes, cuando se le imponían los últimos sellos a la reforma petrolera, quienes integran la Cámara de Diputados se habían topado de frente con el desafío manifiesto de debatir y decidir una ley de peso mayor, como ha sido la petrolera, en función de la revisión de un modelo financiero afincado en el capitalismo que hoy, dentro y fuera del país, miran cómo ha comenzado a entrar en una crisis si paralelo.

Este lunes más de uno se ha puesto a opinar sobre el sistema financiero mundial.
En la Cámara de Diputados, justo en la X Reunión Interparlamentaria México-Cuba, la senadora Yeidckol Polevsky ha dicho: “El orden económico prevaleciente ni es sostenible ni es soportable; no tiene solución posible sin grandes y profundos cambios; los ejemplos de crisis locales, regionales y hemisférica lo demuestran”.

Polveski apostilló: “De ello no se liberarán ni los países pobres ni ricos; muestra de que hoy todos los países lo reconocen, y podemos decir, los países capitalistas de derecha, neoliberales, el propio Sarkozy, plantean que hay que hacer una revisión al modelo económico, que no ha podido sacar de la pobreza a tantos”.

Lunes y martes serán los días de la Interparlamentaria, con sede en San Lázaro. Casi siempre hay parlamentarios de otros países que visitan el palacio legislativo, pero es singular lo que sucede con los cubanos. La gente de a pie —empleados, otros visitantes, asesores, los diputados mismos— suele saludar a los “hermanos de Cuba” e intentar conversaciones cortas, raudas.


En la otra Cámara, la de Senadores, algunos de sus miembros habían hecho hincapié desde temprano que debatirán estos días en torno de la política económica y financiera del país, a propósito de la recesión, que el domingo, por cierto, Agustín Carstens volvió a negar que exista en México.

Yeidckol antes que senadora fue representante del empresariado mexicano de las pequeñas y medianas industrias. Fue ella quien agregó: “La situación que enfrenta la Humanidad es un reto de grandes proporciones. la crisis financiera que se acrecienta aceleradamente es una oportunidad real para crear un nuevo orden mundial en el que el Ser Humano, el desarrollo y las realizaciones culturales, científicas y tecnológicas sean la verdadera inspiración de la economía, y no la meramente especulación financiera”.

Nunca, como ahora, los extremos se han tocado a la hora de plantearse la viabilidad de los modelos económico y financieros de México, y el mundo. Lo que Polevsky hacía era en realidad un reconocimiento al modelo de la economía cubana, tan estigmatizada por los sectores más rancios y favorecidos del sistema financiero y económico en México por influencia de los Estados Unidos, desde hace 50 años.

Ni tan sorpresivamente. Desde otro sitio de la ciudad, el hombre más rico de México, Carlos Slim, cogió el bat, y ha bateado exactamente hacia el mismo sitio donde Polevsky lo había hecho desde San Lázaro, al medio día. Y al sistema financiero mexicano le ha acomodado el palazo a medio lomo. Slim criticó fuertemente a los banqueros por sus excesivos niveles en las tasas de interés de las tarjetas de crédito.

Slim, desde la XIX Convención del Mercado de Valores, ha advertido al gobierno del Banco de México que si sigue haciéndose el tíololo y no impone un techo a tales réditos, la bronca financiera en México, por la falta de pagos, será tamaño familiar.

La semana pasada, los diputados quedaron en que debatirían en ésta sobre la crisis financiera y económica. Los senadores, que también. Ya les ganaron, y lo único que han demostrado es que los banqueros, para muchos de ellos —principalmente los legisladores que controlan las cúpulas—, o son sus amigos, o sus jefes, o les tienen miedo.

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