Viernes, 24 de Enero 2020
Jalisco | Piden la intervención de autoridades para proteger la zona

Saqueo arqueológico en la Isla Las Cuevas

El taller de obsidiana más importante de Mesoamérica se encuentra en el Municipio de San Juanito de Escobedo

Por: EL INFORMADOR

SAN JUANITO DE ESCOBEDO, JALISCO.- En el Municipio San Juanito de Escobedo se encuentran enterradas las piezas de un cuento de más de tres mil años. Específicamente es el relato de la ex Isla de Atlitic (ubicada a unos kilómetros de la cabecera municipal, en el corazón de lo que fue la Laguna de Magdalena, secada en la década de los cincuenta), de la que brotan al ras de la tierra miles de fragmentos de vidrio volcánico que se extienden como una gran alfombra de 15 hectáreas y que son la evidencia de que ahí existió el taller de obsidiana más grande y especializado de Mesoamérica.

Ahí también hay seis hoyos profundos escarbados recientemente y que le recuerdan al arqueólogo Phil Weigand, que “esta gente de San Juanito de veras que es feroz en el saqueo… no sé si más que los de Santa Rosalía (donde se ubica otro sitio arqueológico), pero ahí se dan”, dice molesto con su español pintado aún de su lengua materna, el inglés, durante una visita que realizó a finales de abril por la zona.

Aún descontando las piezas que adornan las casas del pueblo o que ya cruzaron la frontera a cambio de 50 mil ó 60 mil pesos (precio estimado en el mercado negro para vasijas pequeñas de la región), Phil Weigand tiene documentadas puntas de proyectiles de hace cinco o siete mil años; entierros del periodo Formativo Temprano (mil 500 a mil 900 años antes de nuestra era), con cerámica que se parece a la de Capacha (Colima) y a la Costa de Jalisco; distintas plataformas de la industria de obsidiana; un posible juego de pelota; una pirámide acostada en un cerro; una capilla que los españoles construyeron encima de estructuras (una de las primeras que se construyeron en el Occidente del país); 12 cuevas artificiales construidas por culturas precolombinas (sólo quedan dos y media); puertos de canoas usados antes de La Conquista; en el cerro de enfrente se ubica El Mirador, una fortificación desde la cual protegían el pueblo; y ofrendas de indígenas Wixárika (huicholes) que peregrinaban a este sitio considerado como “sagrado”.

Lo relevante de esta mina del pasado es que es la única del Occidente de México que tiene una secuencia de vestigios de tres mil años a la fecha.

En San Juanito Escobedo, no todos han optado por el saqueo como estilo de vida. Desde hace cinco años, un grupo de alrededor de 40 personas creó hace cinco años el Patronato Las Cuevas (como se le conoce al sitio arqueológico), a través del cual buscan recursos para resguardar y rescatar el pasado de su pueblo que hasta el momento sigue mutilado y que es considerado por los Weigand y por otros arqueólogos como Michael Spence como uno de los sitios pretéritos más importantes del Occidente del país.

Intercambios comerciales


No sólo en la actualidad los yacimientos son como una “minita de oro”. Por lo menos en el sitio también conocido como La Otra Banda (término que usaban despectivamente los de San Juanito Escobedo porque ahí acudían los huicholes), vivieron alrededor de tres mil personas la explotación de la obsidiana —que provenía de La Joya, ubicada a cinco kilómetros— permitió el auge económico de la región y la participación en rutas de intercambio desde el Suroeste de Estados Unidos hasta Centroamérica.

En el sitio arqueológico Guachimontones se han encontrado navajillas que coinciden con las de San Juanito Escobedo, lo que significa que el taller funcionó antes del 450 de nuestra era; pero el apogeo fue del año 700 hasta la Conquista.

Aunque es una zona “industrial”, es difícil de mostrar al turista porque lo que hay son desechos de obsidiana. Sin embargo, debajo de esta “basura”, aún sobreviven las plataformas en las que hacían las navajas.
La isla también es conocida como Las Cuevas, porque hay excavaciones artificiales dentro de la toba, que es material volcánico que no tiene más de 10 mil ó 15 mil años de antigüedad.  

“Eran 12, actualmente sólo quedan dos y media. Las otras fueron destruidas para la extracción de la ceniza del volcán. Ahora ya están localizados a la entrada del pueblo, se supone que no están minando por allá”, comenta el especialista.

Una de ellas simula una herradura en la entrada y está formada como un tubo, pues tiene salida por otro lado. “Está muy saqueada, pero ahí es donde limpiamos un pozo y encontramos artículos de cinco mil años de antigüedad, son proyectiles de la época arcaica, en la que mataban caballos, mamuts y ese tipo de animales. Esta cueva entonces fue hecha hace muchísimos años, tal vez como una vivienda. Pero el depósito está arruinado por el saqueo y no podemos saber a ciencia segura”.

En ésta han encontrado tumbas estilo El Opeño (1,800-800 antes de Cristo), y de la tradición Teuchitlán, con arquitectura de círculos concéntricos, en sitios cercanos como La Providencia y la Laguna Colorada.

En su opinión, la otra es más interesante porque tiene arquitectura al interior: hay un altar con asientos, todos excavados en la toba; un fogón destruido por los saqueadores y un pequeño manantial que fue utilizado tanto en tiempos prehispánicos y recientemente por los huicholes.

Entre el brillo de los pedazos de obsidiana desbalagados, se encuentran trozos huerfanitos de vasijas “elegantísimas” policramadas de la Costa de Nayarit, turquesa de Nuevo México y jade que probablemente proviene de Guatemala y Costa Rica, lo que comprueba la importancia de la ruta de intercambio comercial.

“Esto lo comprobamos a través de pruebas de activación de neutrones, a excepción del jade, que viene del Sur, pero es difícil determinar los yacimientos de donde provienen porque tiene mucha más variación química y no se presta al análisis”, explica el estadounidense, que desde hace más de 40 años está enamorado del pasado del Occidente de México.

— ¿Qué hubiera sucedido sin la minería?
— Se hubiera reducido a minas de cristal, al tule, los pescados. Pero el sitio sin obsidiana no hubiera tenido la importancia internacional en América, era un punto clave para esta enorme red de comercio del Pacífico, porque aquí no hubo influencia del Centro de México.

A flor de piel hay evidencias de los intercambios de jade, navajillas de obsidiana, cerámica “elegante” y turquesa. Pero hay estudios que comprueban que se intercambiaron textiles, como el algodón, chocolate, concha y sal.

En una de las partes más altas de la isla se encuentra La Ciudadela, una estructura prehispánica encima de la cual los españoles construyeron una capilla y que actualmente está destruida; a unos 10 metros, también se ubica un probable juego de pelota, que podría ser de los más grandes de México.

Isla sagrada

Atlitic era un sitio sagrado en el que los Wixárika (huicholes) dejaban ofrendas, pero la abandonaron desde que secaron la laguna de Magdalena con la intención de utilizar las tierras para el cultivo.

“Al no haber agua perdió su importancia ceremonial, entonces cómo podemos tener isla sagrada si ya no hay laguna. Por eso se cambiaron a la Isla del Alacrán. ¿Cuándo comenzaron a venir a este lugar?, es para adivinar, seguro hace cientos de años, pues llegaron aquí también con la intención de llevar navajas de obsidiana y cristales de corso”.

Acelia Weigand es dicharachera y suelta las palabras conforme le llegan a la mente. No le importa decir en plena plaza de San Juanito de Escobedo que nada más porque “se ven blanquitos, se sienten con derecho de maltratar a los huicholes que venían a sus cultos. No querían indios en el municipio, aunque esta comunidad era indígena: la memoria ha desaparecido”.

Por ello, para la pareja de arqueólogos, es fundamental tanto iniciar estudios de lo prehispánico como de lo etnográfico. “Es muy fácil hacer la poligonal de la isla, es de un kilómetro cuadrado más o menos. La delimitación sería por la ex playa y debe ser una zona verde, sin saqueos, en el que se dé importancia a la arquitectura, al taller, y su relación con Los Guachimontones, con el Palacio de Ocomo (su sueño es que se realice una ruta cultural de los tres sitios, pues permitiría ver la secuencia prehispánica de la región)”.

INAH desestima la importancia del lugar


El Patronato de Las Cuevas ha solicitado al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que proteja y restaure todo el patrimonio de San Juanito Escobedo. Hasta que una persona solicitó permiso para extraer hormigón del sitio, la arqueóloga Marisol Montejano, del Centro INAH Jalisco, visitó el lugar el pasado 14 de abril.

La conclusión es que no daría la autorización, pero comentó a los integrantes del Patronato que la zona no tenía arquitectura monumental, por lo cual sería difícil destinar recursos para la zona (la institución tiene un millón de pesos para todos los proyectos del Estado, por lo que es prácticamente imposible destinar presupuesto).

María Ignacia Hernández ha sido una de las más apasionadas por evitar el saqueo. “Es probable que la gente que lo pone a la venta sea de Tala, creo que ahorita están vendiendo tres piezas de cerámica”.

Cuenta que se desmoralizaron después de que la arqueóloga señaló que ya no podrían incluir a Las Cuevas en la Ruta Arqueológica (que incluye 10 sitios y encabeza la Secretaría de Cultura desde 2008) las más apasionadas en esta lucha, cuenta que se desmoralizaron, pero cada que vuelven a platicar con los Weigand, se inyectan de ánimo para conseguir su objetivo.

La isla también forma parte de los recuerdos de infancia de la gente, ya sea porque ahí paseaban con sus padres o porque sus abuelos les contaban que ahí se escondían las mujeres en tiempos de la Revolución Mexicana.

Temas

Lee También