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Viernes, 16 de Noviembre 2018
Jalisco | Es autor de Peregrinación del Peyote, uno de los textos pilares para la comprensión de la cosmovisión indígena de México

Ramón Mata Torres escribe por convicción

Tras abandonar el Seminario Mayor, Ramón Mata Torres, autor de publicaciones académicas y periodísticas, es el único cronista de Jalisco que sobrevive a los cambios de Gobierno

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Durante 1962, Ramón Mata Torres abandonó sus estudios de filosofía y teología en el Seminario Mayor, donde se habría formado como sacerdote. “Emprendía entonces un viaje” que marcaría su vida y legado, y se internó solo en la sierra huichola de Jalisco para producir una publicación “pilar” en el entendimiento de la cosmovisión indígena de México: Peregrinación del peyote.

Cuarenta años más tarde (en el 2002), Mata Torres, con 85 textos publicados, se vio “frenado” en su actividad académica por principios de un derrame cerebral. Días antes, el Conaculta había determinado que el “hombre que dedicó 20 años de su vida a cruzar la zona huichola, de orilla a orilla, a pie”, recibiría el Premio Nacional en Ciencias y Artes. Pese a la especulación por su padecimiento, le fue entregado junto a la escritora Elena Poniatowsca, el 17 de diciembre de ese año, en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.

Actualmente, el profesor Ramón Mata vive con su familia a espaldas del Instituto Cultural Cabañas. Su conversación es pausada, sensata y franca; su historia parece inagotable.

— ¿Cómo llegó a Jalisco?

Soy de aquí, pero a Guadalajara llegué después de varios años de viajar y trabajar en distintos lugares cuando era niño. Mi papá murió cuando mi edad era breve, y mi padrastro, al ser militar nos llevó a muchos poblados. Me instalé en Guadalajara, cuando me metí en la escuela del Padre Cuéllar.

— ¿Cuánto tiempo estudió en la escuela del Padre Cuéllar?

Realicé toda la primaria, y me inculcaron valores que ahora conservo con mucho cariño. Creo que fue mi contacto con sacerdotes lo que me llevó a elegir esa profesión para mi vida.

— Pero no es sacerdote…
No, afortunadamente. Tomé una decisión adecuada. Me formé para sacerdote, y al llegar al grado profesional me incorporé al Colegio Mayor, en donde estudiaba teología y filosofía. Después me di cuenta de que no podía cumplir con las exigencias de la profesión, así que me salí a final de año porque en la medida en que vas avanzando piensas en tu carrera y en tu destino, y me di cuenta de que no era lo mío, eso fue en el 60, creo.

— ¿Las ideas de la época lo influyeron, se desencantó de la religión?
Soy creyente, poco práctico pero creyente. Nunca he tenido dificultad con la Iglesia en lo más mínimo. Claro que la convicción que uno tiene es distinta en cada persona. Lo que ocurrió es que no quería ser un padre a medias. Fue una elección oportuna. La propia vida del seminario te enseña cuándo debes retirarte y hacerlo con toda confianza: comprendí que no es mejor el que está dentro que el que está afuera. Entonces tenía 25 años de edad.

— ¿Y qué hizo?
Trabajaba en una compañía automotriz; también me dediqué completamente a escribir. Es algo que siempre me gustó, pero aunque en la compañía me iba bastante bien lo dejé porque entendí que yo no le importaba a la compañía. Si tú no te preocupas por ti mismo, si no te preocupas por tu persona, perderás porque la empresa no piensa en ti, piensa en sí misma y yo me convencí de que no me convenía estar en la agencia.

— ¿Y vivía de la escritura?

Sí, y bastante mal, pero con el tiempo me fui dando a conocer. Siempre me gustó la cultura, y no tuve problemas en publicar mis textos. Escribí por mucho tiempo en un periódico católico que se llamaba La Época, en el Occidental, EL INFORMADOR, el Jalisciense, me sobraba donde publicar porque tenía preparación y buen gusto, una de las cosas que me felicito.

— ¿Cómo se hizo investigador?
Como ya escribía en periódicos y me gustaba, me metí a estudiar periodismo y ciencias de la comunicación en lo que ahora es la Univa; antes era la Universidad Pío XII. Estaba en Pedro Moreno, y poco antes de esto ya me había interesado de las culturas prehispánicas, como los huicholes.

— ¿Antes de estudiar comunicación, ya había cruzado la sierra huichola?
Sí, a caballo, a pie, yo solo, en la noche durmiendo perdido entre los arbustos y recobrando el sentido de la orientación al día siguiente. Y nunca fui armado porque siempre detesté las armas, y nunca he utilizado una.

— ¿También hizo teatro?

Sí, pero fue cuando estaba en el escenario. Creo que era de lo que más me gustaba de estar ahí. Montamos una compañía y cuando íbamos a los poblados presentábamos hasta tres obras el mismo día. El caso es que todos esos conocimientos me llevaron indirectamente a donde estoy ahora. Soy un investigador de la cultura y el arte.

— ¿Cómo llegó a la Universidad de Guadalajara?
En el seminario aprendí muchas cosas sobre arte, que no era necesariamente lo que veían los estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas, pero como me gustaba escribir, investigar y sabía latín, francés y griego, pues por qué no iba a estar yo ahí. El caso es que esa escuela me ayudó a descubrir muchas cosas que yo no sabía, y aprendí más de lo que enseñé. Mucho tiempo salía a investigar sobre arte en todo el Estado. Impartía como nueve materias,… algunas eran español, historia del arte, arte mexicano, sociología de la danza, arte popular, folklor; desde 1965. Duré 37 años consecutivos. No me jubilé a los 30 porque sentía que quería mucho a la escuela. Me jubilé a los 37 porque me enfermé, me dio un derrame y entonces pensé que era más difícil acudir porque tenía que estar presentando comprobantes del Seguro Social.

— ¿Le gusta más escribir que ser maestro?

Me gusta ser maestro porque aprendo de mis alumnos y los demás profesores, y me gusta escribir porque viajo e investigo. Ambas se complementan.

Y algo que me gusta de escribir, es que no escribo por pose. Siempre he hecho mi trabajo por mi cuenta. Anduve muchos años, como 20 investigando la cultura de los huicholes, de menos tengo doce obras sobre ellos. Conozco todas las comunidades indígenas, tanto las de Nayarit como las de Jalisco. He escrito porque estoy convencido de ello.

También fui jefe del Departamento de Arte Popular en el Instituto Cultural Cabañas, y director de la Casa de Cultura de Zapopan. Pero me gusta más lo otro.

— ¿Y cómo ve la promoción de la cultura actualmente?
En Guadalajara hay muchas dependencias que promueven la cultura, pero se debe a que tienen escuelas y alumnos formándose en ellas, pero en los municipios, en donde no hay instituciones de este tipo, además de lo que hacen y reconocen los propios habitantes, hay un olvido del Gobierno. Además de que esto es mal pagado, muy mal pagado.

— Pero usted es muy reconocido.

Sí, afortunadamente, por mi trabajo. Organizo los cursos de información sobre Guadalajara que tienen 34 años, he organizado más de mil 600 conferencias sobre esta ciudad. Tengo 17 años de ser cronista, el único que sobrevive porque muchas veces cambian los cronistas con la administración. Por eso también Soy Premio Nacional de Ciencias y Artes, Premio Jalisco 2004, Premio Ciudad de Guadalajara 1995, Premio del Arzobispado del 2000, soy Premio de la Región de los Altos 2002.

— ¿Cuál le emocionó más?
Pues el Premio Nacional, porque ese no se lo dan a cualquiera, y luego, también económicamente, en mi tiempo, en 2002, me dieron 400 mil pesos y los gastos de viaje, hotel y comida. Parece que no, pero es una ayuda.

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