Martes, 14 de Octubre 2025
Jalisco | La espléndida exposición que el escultor mexicano Javier Marín presentó en 1996 en el Museo del Palacio de Bellas Artes...

La Escultura en México (5)

La propuesta figurativa de Marín esta perfectamente permeada por el espíritu crítico de la posmodernidad...

Por: EL INFORMADOR

Recuerdo, todavía deslumbrado, la espléndida exposición que el escultor mexicano Javier Marín presentó en 1996 en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. Se trataba de un conjunto de monumentales terracotas ensambladas y de bronces. Todas las piezas representaban soberbias figuras humanas tanto femeninas como masculinas y todas reflejaban la atractiva visión que el artista ha venido sustentando en torno al misterio -aún hoy inmarcesible- de la carnalidad y ánima humanas.

Quedó claro, además, que la obra escultórica de Marín postula una vuelta de tuerca más de una de las vertientes mas poderosas del arte mexicano: me refiero a la tradición figurativa. Esto no sería extraño si no se presentara en medio de un momento mas bien proclive a la abstracción, el geometrismo o el arte conceptual. En nuestro medio, salvo quizá el maestro Zuñiga, los escultores optan, hoy en día, por las tendencias antes citadas. Marín, por tanto, deviene en artista contestatario: privilegia la representación de un mundo reconocible. Las modas y corrientes estéticas de nuestro momento no le funcionan como vehículo de transmisión. Opone verismo a la -frecuente- ambigüedad de los lenguajes actuales.                    

Habría que puntualizar, no obstante, que la propuesta figurativa de Marín esta perfectamente permeada por el espíritu crítico de la posmodernidad: sus personajes  delatan la angustia y deformaciones del acontecer contemporáneo. Esta denuncia se traduce, por tanto, en formas, senos y músculos exagerados; en cromegalias penosas; en posturas y teatralidades patéticas.

Lo mismo resaltando las costuras y las juntas de los diversos moldes o experimentando “pátinas”, que violentando sus figuras, ya sea esgrafiando gruesas texturas o insertándoles cables, grapas y metales,  la técnica toda del maestro se orienta a servir con fidelidad su -a mi juicio- premisa fundamental: conjurar por la vía de una alta expresividad, los excesos de la realidad humana actual. Los juegos de luces, las altas bases y escenográficas museografías para exhibir las piezas colaboran-su obra lo pide a gritos- para tal propósito.             

Originario de Uruapan, Michoacán (1962); egresado de la licenciatura en artes visuales de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM (1980-83);  deudor de los cánones estéticos de la Grecia clásica, del Renacimiento, así como del modernismo de Rodin, Javier Marín ha logrado amalgamar en sus creaciones el drama contemporáneo entremezclado con las resonancias de un pasado idealizado. Sus piezas trasudan, en suma, junto con los -en ocasiones inconfesables- hedonismos clasicistas, los rictus angustiosos del humano contemporáneo.

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