Sábado, 18 de Octubre 2025
Jalisco | Entre veras y bromas por Jaime García Elías

- Malas palabras

“Pacto” y “alianza” eran, en general, buenas palabras

Por: EL INFORMADOR

“Pacto” y “alianza” eran, en general, buenas palabras. Ambas, se decía (modestia aparte), eran manifestaciones de una inteligencia superior; algo, se suponía, privativo de la familia zoológica cuyos especímenes se calificaban a sí mismos —ejem, ejem— como “los reyes de la creación”. Una y otra denotaban la concurrencia de voluntades para un mismo fin... eran, pues, reiterémoslo, buenas palabras... hasta antes de que cayeran, como la manzana de Newton, en la cloaca de la política, y pasaron a ser, por los siglos de los siglos, malas palabras.

—II—

El ciudadano común no las ha incorporado a su vocabulario cotidiano; se limita a oírlas a la distancia; literalmente, “como quien oye llover y no se moja”...

Así, un “pacto” entre PAN y PRD (el duopolio que sustituyó al monopolio del poder que el PRI ejerció durante siete décadas) para que el segundo aprobara en el Congreso el “paquete económico” —esencialmente, más exacciones impositivas al indefenso causante cautivo— planteado por el Presidente (panista) Calderón, mediante la disciplina partidista (eufemismo por sumisión) de los diputados que alcanzaron tal calidad no propiamente por la voluntad de sus teóricos representados, sino por la generosidad con que los dirigentes de los partidos recompensan servilismos, abyecciones y fidelidades, al ciudadano de a pie le suena como los ecos de los rayos que llegan desde lejos.

La aseveración de que ese “flagrante incumplimiento” dejaba sin efecto, ipso facto, el compromiso moral (¡!) de los panistas, de no hacer alianzas con el PRD (“mezclas de agua y aceite”, según la afortunada metáfora que las retrató de cuerpo entero), no precisamente para apoyar de manera conjunta las candidaturas de los hombres más probos y más aptos para el servicio público, sino para frustrar la posibilidad de que “los mejores hombres” del PRI accedieran a los puestos de Gobierno y se los repartieran entre sus compinches, deja confundido al ciudadano común: ¿Estamos ante expresiones de dignidad bien entendida, de respeto a la palabra?... o, por el contrario, ¿estamos ante la confesión implícita de que en la democracia a la mexicana el susodicho ciudadano no pasa de ser el idiota útil que se limita a legitimar, con su voto, pactos (es decir, contubernios) suscritos en las sórdidas mazmorras del poder, y alianzas (es decir, complicidades) establecidas, contra los más elementales principios de la ética?

—III—

Quizás el Día del Juicio (pero ya en la tarde...) salgamos de la duda.

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones