Entretenimiento | Patterson hizo su primer hallazgo arqueológico en un campo de patatas Leonardo Patterson tuvo una carrera muy accidentada Asegura que descubrió un templo en Veracruz y que no vende obras falsas, pero en diversas ocasiones ha sido acusado de contrabando; apenas en abril la policía alemana le confiscó unas mil piezas procedentes de México, Perú y Costa Rica Por: AP 12 de octubre de 2008 - 09:48 hs MUNICH, ALEMANIA.- Leonardo Patterson hizo su primer hallazgo arqueológico en un campo de patatas en su país de origen, Costa Rica, cuando apenas tenía siete años de edad. Se trataba de una pieza de cerámica que, según su primo, podía tener miles de años de antigüedad. Ese hallazgo despertó en Patterson la fascinación por el arte pre-colombino, una pasión que ha marcado su vida y ha iniciado una carrera muy colorida en que ha sido acusado de contrabandear y vender obras falsas. Patterson se ha hecho famoso en la comunidad de coleccionistas de arte y curadores como un vendedor astuto con un nervioso tartamudeo y una actitud humilde. ``Ese tipo es una leyenda en su campo'', dijo Michael Coe, un profesor de antropología de Yale, ya jubilado, quien denunció a las autoridades que una exhibición de Patterson en España, en 1997, incluía posibles falsificaciones. ``El ha tenido una carrera que parece increíble''. En abril, la policía de Munich confiscó a Patterson más de 1.000 antigüedades aztecas, mayas, olmecas e incas luego de una investigación internacional y de una cacería a través de Europa. Las autoridades de México, Perú y Costa Rica dicen que algunas de las piezas en la exposición, valuadas en más de 100 millones de dólares, fueron robadas e intentan su devolución. Patterson insiste en que no ha hecho nada ilegal y que se limitó a ensamblar una exhibición de varios coleccionistas. ``Todos esos objetos los obtuve en Europa. Yo no trafico ilegamente'' con obras de arte, dijo Patterson, de 66 años, en una rara entrevista de tres horas de duración con The Associated Press. No fue su primer problema con la ley. En 1984, el FBI lo acusó de intentar vender un fresco falso, presuntamente de la época maya, a un marchante de arte en Boston. El comerciante fue sentenciado y recibió libertad condicional. Al año siguiente, volvió a ser detenido por llevar a Estados Unidos huevos de tortugas marinas, una especie en vías de extinción. El caso de Patterson muestra lo difícil que es demostrar quien es el verdadero propietario de una antigüedad o cómo fue adquirida. Inclusive algunos de sus detractores dicen que Patterson es un chivo expiatorio y que existe escasa voluntad de confrontar a coleccionistas opulentos, museos y dueños de galerías que podrían haber robado obras de arte. ``Hay que tomar medidas enérgicas contra marchantes y museos'', dijo Karen Olsen Bruhns, una arqueóloga de la universidad de San Francisco que suele examinar artefactos confiscados por agentes aduaneros en Estados Unidos. ``Es un negocio intrínsecamente fuera de la ley''. Los ancestros de Patterson eran campesinos y él se inició en el negocio de antigüedades como intermediario de cazadores de tesoros y coleccionistas en la década de 1960, cuando el comercio de tesoros pre-colombinos carecía de toda vigilancia. En la actualidad, su apartamento en Munich está repleto de carteles de sus diferentes exposiciones. Hay fotos de Patterson con el papa Juan Pablo II y con el ex alcalde de Los Angeles Tom Bradley. Sostiene que conoció a los artistas Willem de Koonig y Salvador Dalí. También tiene un apartamento en París, fue designado representante diplomático de Costa Rica ante Naciones Unidas, asegura haber descubierto una tribu en Costa Rica y un templo en Veracruz, México, y es un prolífico padre de 13 hijos, que procreó con seis mujeres diferentes. Los padres de Patterson eran jamaiquinos. Creció en Cahuita, una aldea costarricense en la costa del Caribe. Domó caballos y cultivó yuca y ñame. Su única educación formal provino de un primo que usó como texto de estudio una Biblia. Luego que su madre falleció, Patterson partió a los 15 años hacia San José, la capital de Costa Rica, y trabajó como aprendiz para un joyero. Poco después, un vendedor de antigüedades contrató a Patterson como guía para una expedición destinada a buscar tumbas en la selva, con el propósito de encontrar artefactos antiguos. Entre tanto, su labor como joyero lo hizo viajar a Miami, donde le contaba a su casera historias acerca de antiguas máscaras y estatuas que vio en cuevas de la selva. Cuando la casera vio un documental en la televisión acerca de Paul Clifford, un coleccionista millonario y arqueólogo aficionado, ella le escribió acerca de Patterson. Clifford presentó a Patterson con prominentes dueños de galerías en Nueva York. De esa manera, el costarricense comenzó a trabajar como corredor de antigüedades. Para fines de la década de 1960, Patterson mudó su negocio a Nueva York, importando y vendiendo piezas de colección cuyo valor oscilaba entre los miles y los millones de dólares. En la década de 1970, los gobiernos comenzaron a firmar la convención de la UNESCO para evitar el tráfico ilegal de propiedad cultural. Fue entonces cuando Patterson comenzó a tener problemas en Estados Unidos, donde fue acusado de intentar vender un fresco maya que era falso. El no impugnó los cargos, diciendo que agentes del FBI le habían incriminado falsamente, pues tenían una venganza contra él. Además, aseguró que el fresco había sido autenticado por un arqueólogo. En 1985, cuando todavía estaba en libertad condicional, Patterson trajo huevos de tortuga desde México y fue detenido en el aeropuerto de Houston. Patterson dijo a la AP que había traído con frecuencia esos huevos a Estados Unidos para comerlos, pero que no los declaró en Texas pues el avión hacía una escala antes de llevarlo a Nueva York. Aunque Costa Rica lo designó agregado cultural ante las Naciones Unidas en 1995, interrogantes sobre sus previos arrestos lo obligaron a renunciar algunos meses más tarde. Patterson comenzó a pasar más tiempo en Europa, donde viven cinco de sus hijos. España está investigando a Patterson por presunto tráfico de antigüedades. El coleccionista envió parte de su colección a Munich, alegando que había decidido devolver los artefactos a sus propietarios alemanes. La policía española alertó a las autoridades de Alemania, que confiscaron en un depósito de Munich la colección, embalada en más de 100 cajas. La acusación contra Patterson es que violó una ley que prohibe mudar propiedad cultural que ha estado en un país durante más de 10 años, sin previa autorización del gobierno. Patterson dice que la investigación demuestra que las autoridades de España no pueden demostrar que estuvo involucrado en contrabandear artefactos de América Latina. El está seguro de que no podrán acusarlo de nada, y que logrará concretar su sueño de construir un museo en Europa y un centro vacacional en Costa Rica. Sus críticos no se sienten sorprendidos por esas aseveraciones. ``El siempre aterriza de pie'', dijo Coe, el profesor jubilado de Yale. ``Es una persona asombrosa''. Alexandra Olson colaboró para este despacho desde la ciudad de México. También colaboraron con este artículo los periodistas de AP Marianela Jiménez en Costa Rica y Harold Heckle en Madrid, y la investigadora de AP Barbara Sambriski en Nueva York. Temas Artes Plásticas Artes Lee También El Festín de los Muñecos cumple 20 años; anuncian el cierre de un ciclo Cantos de tierra y exilio: Illapu vuelve a Guadalajara Un octubre artístico para celebrar los 31 años del MUSA Guadalajara: la ciudad que respira arte Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones