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Martes, 26 de Marzo 2019

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Entretenimiento | La absenta, por sus particulares características de sabor y efectos, su prohibición a principios del siglo XIX en algunos países

La vida en Shuffle: Absenta para el calor

Hada o hechicera, inspiradora quizás de varias de las más grandes obras de la literatura y las artes plásticas, la absenta también es objeto de libros que lo mismo hablan de su historia, que a través de ficciones novelan los pasajes de la bebida por los bares de Europa.

Por: EL INFORMADOR

Por: Eduardo Castañeda H.

La absenta es una de esas bebidas alrededor de las cuales se han tejido mitos y leyendas. Historias que han sido alimentadas por sus míticos y legendarios bebedores, como ha pasado también con el whisky o con el cognac.

Sin embargo, la absenta, por sus particulares características de sabor y efectos, su prohibición a principios del siglo XIX en algunos países, su carácter transgresor, su halo de elixir mágico, como si fuera casi producto de procesos de alquimia, ha resurgido en los tiempos recientes como una bebida de moda.

Hasta hace poco era prácticamente imposible conseguirla en el país, pero cada vez más bares, al menos en la ciudad de México y Guadalajara, la sirven como una exquisitez que puede llegar a costar más de 100 pesos el breve trago. Incluso en nuestra ciudad, una cadena de licorerías ya la vende, situación que muestra lo ampliada que está su fama.

Y no por nada la absenta despierta tanto interés. Tiene un color verde esmeralda, un sabor anisado que combinado con el agua fría con que se mezcla es perfecto para los tiempos de calor; lo mismo que por sus grados de alcohol (68 o más, dependiendo el país de origen) es ideal también para cuando hay que calentarse.

Personajes como Baudelaire, Verlaine, Picasso, Dostoievsky, Rimbaud, Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Zola, entre miles de no famosos se rindieron ante su color, su aroma, su sabor, pero sobre todo ante sus efectos alucinógenos. Hecha a base de una mezcla hierbas, y en mayor medida de ajenjo, la absenta provoca en quien la bebe efectos parecidos a los de un psicotrópico. Las ideas se prolongan, el tiempo se ralentiza, se tiene una sensación incomparable de placer ante la levedad de la existencia, a la vez que se tiene cierto grado de euforia y algo que podría llamarse sensibilidad erótica.

No es para tenerle miedo, pero sí respeto. Con el alto grado de alcohol que tiene la absenta bastaría para poner borracho a cualquiera, y si a eso se le agrega su delicioso efecto mental, la convierte en una joya líquida para consumirse poco a poco y en ocasiones especiales. Valga señalar que la variedad de ajenjo que constituye la base de la absenta actual ya no es la misma que en sus mejores días, aunque sus efectos son parecidos, no son devastadores como los de la “original”.

El periodo de apogeo de la absenta (absinthe, absinth) transcurre por casi un siglo, de 1830 a 1915 cuando fue prohibida en Francia y antes en otros países, incluido Estados Unidos porque al parecer demasiada gente estaba enganchada y porque había que acabar con el poder que habían adquirido las compañías productoras, como la casa Pernod, en Francia. El mismo periodo en que el moribundo siglo XIX daba paso a las nuevas ideas artísticas y sociales del XX.

Hada o hechicera, inspiradora quizás de varias de las más grandes obras de la literatura y las artes plásticas, la absenta también es objeto de libros que lo mismo hablan de su historia, que a través de ficciones novelan los pasajes de la bebida por los bares de Europa. A la mano tengo Un mythe toujours verte, l’absinthe, de Benoït Noël, de la editorial L’esprit frappeur, de 1999; Absinthe, de Christophe Bataille, editado por Arlea, en 1994, y Absinthe, history in a bottle, de Barnaby Conrad III, editado por Chronicle Books en 1988.

Actualmente la absenta es una bebida de gran éxito en los bares de moda de Nueva York, Los Ángeles, Barcelona, Madrid e incluso Ciudad de México. En Francia, donde la hicieron famosa los pintores y escritores del XIX es un poco complicado consumirla en lugares públicos, si bien todo mundo se la ingenia para traerla de España o Portugal, donde además es muy barata. En Guadalajara una botella de 750 ml. cuesta alrededor de 450 pesos.

La absenta, el aperitivo del siglo XIX reaparece en el nuestro cargada de mitos que la hacen más atractiva. Y uno de esos atractivos, como lo describe Benoït Noel en su libro, es el rito de su preparación. “Toda acción gana al ser ritualizada”, dice, y en el caso de la absenta el antojo comienza a saciarse desde el momento en que se ponen sobre la mesa un vaso pequeño (8, 10 onzas), una jarra con agua fría, una buena botella de absenta, cubos de azúcar, cerillos y una cuchara para absenta (perforada con delicadas figuras geométricas).

Se pone la cuchara en la boca del vaso y sobre ella el cubo de azúcar, se vierte despacio un poco de absenta en el vaso, digamos, dos onzas, es decir, un chorrito, dos dedos, cuidando que bañe el cubo. Enseguida se enciende el azúcar y de inmediato se procede a llenar el vaso con el agua haciendo que se termine de deshacer el endulzante. La mezcla tomará un color blancuzco-verdoso, al haber emulsionado la absenta y estar lista para alimentar el viaje. El placer entonces cobra forma, y se bebe.

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