Lunes, 13 de Octubre 2025
Entretenimiento | Por: Martín Almádez

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Anacleto, Anacleto

Por: EL INFORMADOR

El domingo fue día de Anacleto, según el Santoral. No pude eludir la evocación de dos Anacletos tan distinguidos para el sentir y ser de los jaliscienses. Uno de ellos es del sur y Otro del norte. Uno está poco más de moda que el Otro. Y Uno se encuentra más fijo en el imaginario popular que en los registros de papel y tinta de los archivos municipales, donde el de moda sí se localiza.

El primer Anacleto dista mucho del segundo, en cuanto a calidad moral y datos biográficos, dado que éste caminó la mayor parte del sur de Jalisco bautizando niños y en algunos casos dando los santos óleos, sin negarse en su ruta fortuita, a ser un buen amante de las mujeres solas y de alguna que otra acompañada que le salían al paso por Sayula, Zapotlán El Grande o Apulco. Así nos lo dibuja Juan Rulfo en el cuento que lleva por título Anacleto Morones, de El llano en llamas, libro que - dicho sea de paso- toma como temática mayoritaria, la época y consecuencias históricas de las que fue protagonista nuestro segundo Anacleto: el Anacleto de moda, y me temo que por eso mismo el más conocido, es Anacleto González Flores, en nombre de quien se han realizado recientemente muchas acciones civiles, religiosas y hasta gubernamentales. Y cómo no debería ser así, luego de que en vida encabezara la mayor defensa laica que se ha hecho del catolicismo en estas tierras, y propiciar con ello, la enfurecida reacción de la ley Calles.

González Flores, declarado mártir cristero, luego de la beatificación realizada en el Estadio Jalisco, en 2005, año mundial de la Eucaristía, decretado por Juan Pablo II, es una de las figuras con mayor fuerza de convocatoria en los últimos años: la beatificación, la iniciativa de la Arquidiócesis de Guadalajara por construir el Santuario de los Mártires, los festejos por el 80 aniversario luctuoso, y la llegada de un gobierno reivindicador de sus causas han propiciado que la iconografía de Anacleto González Flores, lo que su movimiento significó y significa para la historia de Jalisco, sean lo suficientemente esclarecedores para ser tomados como elementos de análisis, de revisión y de redefinición de la cultura laica y religiosa de los jaliscienses. Anacleto más vivo que nunca, más cotidiano y con mayor fuerza que en vida, ha sido motivo de debates y disertaciones tanto entre los diputados como en la opinión pública, ha removido la relación entre los poderes fácticos y constitucionales y ha ocasionado que se exija replantear la relación entre la Iglesia y el Gobierno, principalmente, en la formulación y naturaleza de las políticas públicas.

La presencia pues, de Anacleto, en cualquiera de sus dos biografías casi opuestas, está viva y hasta podría decirse que ese nombre es un componente identitario de la cultura contemporánea de nuestro Estado. O por lo menos, la comparación no deja de ser un buen divertimento para el análisis de la moralidad, a veces doble, de los jaliscienses.

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