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Viernes, 15 de Noviembre 2019
Entretenimiento | El músico, el que gusta de escribir se puso en pausa, apenas está reviviendo, el año pasado retomé esa parte mía.

CONVERSACIÓN: Un hombre y su lugar: Alfredo y el Rojo Café

Era una tarde de septiembre, yo estaba precisamente programando y al mismo tiempo me puse unos audífonos y estaba contemplando por la ventana de mi cubículo un esplendoroso atardecer, lo que escuchaba me tenía extasiado.

Por: EL INFORMADOR

Por: Guadalupe Ángeles. Foto: A.C.

No sé si él se acuerde, pero conocí a Alfredo Saras en el Colegio de la Vera Cruz, a donde nuestra mutua amiga Silvia Quezada nos invitó a leer, yo algunos cuentecillos y él sus poemas. En aquellos años él trabajaba en la IBM, ahora, es el propietario de Rojo Café, autodenominado, Espacio de expresión, un lugar muy especial.

Pero aunque Alfredo no se acuerde, le pido algunos minutos para que nos cuente sobre este sueño suyo hecho realidad, dice sí y aquí está la conversación:

¿Hace cuantos años abrió sus puertas El Rojo Café?

Seis años y meses, el 2 de enero del año 2002, para ser exactos, yo quería abrir el 1 de enero, pero era festivo, quería abrir ese día para “ir con el año”, pero no se pudo.

En 2002 es una realidad, pero ya tenías mucho tiempo con esta ilusión de abrir un espacio para la cultura en Guadalajara, ¿no es así?

Sí, desde 1998, año en que descubro en mí esta vocación de servir al estimulo, difusión, realización y promoción de las artes y el pensamiento, de ahí en adelante fue de búsqueda, hasta concretarse. En 1998 lo que tenía claro era que quería hacer algo para que la inspiración llegara a muchas personas, todavía poco antes de abrir el Rojo Café no sabía que iba a abrirlo, el detonador fue el ofrecimiento de los anteriores operadores de este lugar, que antes era un restaurante de comida española o algo así, yo les había ayudado a hacer algunos eventos artísticos, duraron seis meses con el restaurante, no les había ido bien y me lo ofrecieron a traspaso, eso fue en noviembre del 2001, ese ofrecimiento me hizo revisar muchas de mis ideas y el encontrar un espacio propicio para ellas me hizo aceptar la oferta, ¡sin saber nada de restaurantes!, de ahí en adelante ha sido mucha chamba, y aquí estamos.

¿Qué pasó con el Alfredo Saras músico, el poeta?, ¿tuvieron que descansar, o a la par que el hombre de promoción entraron a Rojo Café?

Así es, el músico, el que gusta de escribir se puso en pausa, apenas está reviviendo, el año pasado retomé esa parte mía (¡por fin!) y grabé mi primer disco titulado Otro Cielo, que he estado presentando en los últimos meses. Y actualmente preparo el segundo disco, lo cual me sienta muy bien. Al mismo tiempo sigo trabajando intensamente en lo del Rojo.

Según me han dicho, en otras partes de la república, cuando se habla de promoción en Guadalajara de la música, el teatro de factura cien por ciento mexicana, se piensa siempre en Rojo Café.

Sí, me he dado cuenta de ello también, y me da gusto porque veo que este foro está sirviendo para lo que fue creado, y eso es un gran compromiso para mí, una responsabilidad que acepto con gusto.

Pero háblame más de eso que llamas “los otros yo” que hay que descubrir, ¿te refieres al tiempo antes del Rojo Café, cuando tú te dedicabas a algo relacionado con la informática?

Sí, antes del Rojo era desarrollador de software en IBM. Verás, lo que quiero decir con los “otros yo” es el contacto con, tal vez, la parte espiritual de nosotros, nuestra esencia, nuestro “verdadero ser”, el que reconoce todas las emociones, el que tiene ideas, el que tiene opiniones, el que reflexiona, el que se ve en el mundo, como parte de él, porque siento que nos distraemos con la actividad del día con día, y nos olvidamos de lo que está dentro de nosotros, pero mira, te cuento lo que realmente me movió a ver si me explico mejor: Era una tarde de septiembre, yo estaba precisamente programando y al mismo tiempo me puse unos audífonos y estaba contemplando por la ventana de mi cubículo un esplendoroso atardecer, lo que escuchaba me tenía extasiado.

¿Qué oías?

No recuerdo, pero era música instrumental, en ese estado se me dispararon muchas ideas, experimenté un estado de plenitud y gozo, espléndido, en medio de esa sensación, como que me di cuenta y dije “¡ándale! que chido es estar así..., que suave sería estar así todos los días, pero que suave sería también si TODOS estuviéramos así todos los días...”. En ese mismo momento me di cuenta de que estaba inspirado, y dentro de las búsquedas que entonces traía, me convencí.

Como verás, hay una motivación existencial en esto que estoy haciendo, el servir a esta causa le da sentido a mi vida, me hace sentir que contribuyo en algo en lo que creo. En ese momento tuve clara mi tesis, o la tesis de mi proyecto de vida: La inspiración como agente de cambio.

O el placer, diría yo, el placer de escuchar música en ese instante...

...Y de ver un lindo atardecer y de escuchar las voces de adentro, la reflexión, el placer por todo ello...

¿Antes te considerabas más egoísta, o por qué esa decisión de dedicarte a una buena causa?

No, más bien como que llegué al tope de mi desarrollo profesional, hice mucho código (de software) y de repente me vino una idea: “¿ a poco así era la vida, y toda la vida iba a ser así?” y me dije, no, yo quiero dedicar mi vida a algo más noble.

Como abogada del diablo, tendría que preguntar ¿no es noble el software?, pero como abogada del arte te diré que coincido contigo en que la mejor manera de usar el tiempo es haciendo esto.

Ciertamente el desarrollo de software también es noble y a mí me encanta, y también ayuda a muchas personas, pues mira, nada menos, si no fuera por software y las computadoras, no existiría el maravilloso messenger, fue más bien, creo yo, que me había desarrollado mucho por ese lado y necesitaba atender otras áreas de mi persona. Ahora, volviendo a lo del Rojo, yo creo que su papel ha sido el de ser un facilitador en el desarrollo y difusión de los artistas y de su obra, Rojo Café ha contribuido a acercar el quehacer artístico de los creadores a más personas.

Por cierto, el 7 de abril se inició un ciclo de lecturas de obra de gente que vive aquí en Guadalajara.

Sí, el ciclo se inicia en abril y será todos los lunes hasta noviembre, Café con letras se llama, y es magistralmente coordinado por los chavos del Colectivo Cafeteros que son con los que hemos hecho nuestra revista La Cafetera del Rojo, ellos consiguieron una beca del CONACULTA-FONCA. Se va a poner bueno.

Ahora, cuéntame del músico Alfredo Saras, o fuiste primero poeta y luego músico, dime.

¿Sabes? yo todavía no me considero músico y mucho menos poeta, pero sí reconozco mi necesidad de tocar y escribir, es que cuando leo a los poetas que vienen aquí o cuando escucho a otros músicos, veo que no me puedo dar esos calificativos todavía...

¿Cómo le ha ido a tu disco que salió en diciembre?

Bien, y yo estoy muy contento con él, estoy muy satisfecho en el resultado final, hay algunas canciones en mi “myspace”: www.myspace.com/alfredosaras, una de ellas es Por el camino del sur, hecha en coautoría con Hugo Barragán.

Me decías que el estilo es como trova, jazz, una fusión ¿con qué más?

Predomina la trova, el bossa, jazz (básico) y la balada como ritmos, las letras no son muy sofisticadas ni poéticas pero si muy sensibles. En este primer disco hay 12 canciones, todas inéditas, 10 son de otros compañeros, y dos son en coautoría con Hugo Barragán. En el segundo disco que estoy preparando son puros temas que he escrito.

¿Letra y música?

¡Sí!

¿Cómo se va a llamar, cuándo sale?

Espero que este año, pienso ponerle Caminos, ya lo veremos, yo creo que sí.

¿Qué ritmos hay en el segundo disco?

En este viene un sabor más campirano con algunas canciones tirándole al folk y ritmos medio country, de ahí que me esté dando por llamarle Caminos, precisamente porque el tema principal es una canción instrumental que me remonta a los caminos de terracería que cruzábamos para llegar al pueblo donde nació mi papá.

¿Aquí en Jalisco?

Sí, La Villita, municipio de Ameca, Jalisco, haces una hora, casi hora y media de terracería después de Ameca, antes era un caserío, ahora ya tiene calles, mi papá era campesino, se llamaba Alfredo Saras también, pero él era “Sandoval” yo soy “Rangel”.

¿Cómo nació en ti la inquietud por la música?, ¿y por el “alma” de las computadoras?

Ha sido una vocación. Simplemente me gustan, me encantan ambas, la música y el área físico-matemática. Con la música desahogo mucho mis emociones e ideas y con mi parte de ingeniero ejercito y desafío mi mente.

Eres hoy, entonces, un hombre pleno que no descuida ni su espíritu ni la parte económica, resuelta, supongo, y con muchos trabajos, con el Rojo Café.

Digamos que estoy en lo que quiero estar y como quiero estar, muy satisfecho sí, pero, como todos, me canso a ratos, y perdón, no debería decir satisfecho, no quiero estar satisfecho porque tengo más inquietudes todavía.

¿Qué inquietudes a futuro, con Rojo Café o ya no?

Con Rojo Café y Alfredo Saras, con ambos. Con Rojo Café quisiera llevarlo a más niveles y lograr todo un centro de expresión y ejercicio de las artes y el pensamiento, con Alfredo Saras, hacer más música.

Dejamos a Alfredo Saras en su lugar, Rojo Café, este sitio donde se le ve ir de aquí para allá como buen anfitrión, al cuidado de cada detalle, para que quienes pasemos por allí para ver una obra de teatro, algún corto cinematográfico, la exposición en turno, a escuchar a algún poeta, o simplemente para tomar un café, podamos sentirnos a gusto, y en esta su actividad cotidiana ha encontrado un profundo sentido a su vida, y una vez más pienso que, aunque diga que no, se ve en él a un hombre satisfecho, pleno con su manera de vivir, por eso, felicidades, y larga vida al Rojo Café.

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