Domingo, 12 de Octubre 2025
Deportes | Por Jaime García Elias

* Otra cosa...

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

No se engañe nadie, no —con la venia de Jorge Manrique—, esperando ver en el Mundial, por parte de la Selección Mexicana, más de lo que vio en la eliminatoria...
*
Asegurar el boleto, como se aseguró el sábado, venciendo a El Salvador, era prácticamente una obligación para el “Tri”. Lo era por historia: el futbol mexicano ha sido, desde siempre, en todos aspectos, superior al salvadoreño. Lo era por estadística: México estaba mucho mejor posicionado en el hexagonal de la Concacaf. Lo era por el entorno: jugar en el Estadio Azteca, y sobre todo con las tribunas pletóricas, es, para la generalidad de los potenciales adversarios de México, una desventaja sicológica significativa. Lo era por lógica: si México y El Salvador se enfrentan 50 veces en México, el primero debe ganar —o no perder, al menos— más de 45 veces.
Ganar, como ganó el “Tri” —de manera categórica—, lo confirma como uno de los grandes de la zona. Abona, asimismo, a favor del trabajo realizado por Javier Aguirre como técnico nacional. El “Vasco” recibió al enfermito en terapia intensiva. Actualmente, el enfermito “se levantó... y andó”.

*

Conseguir uno de los tres boletos y medio para el Mundial que la FIFA pone a disposición de la Concacaf, estaba —de conformidad con el viejo “Principio de Peter”— en del nivel de competencia del futbol mexicano. Esperar, como consecuencia, que en Sudáfrica sea protagonista, es ilusorio. Eso —volvemos a la historia, a la estadística, a la lógica— estaría en su nivel de incompetencia.
Jugar como se jugó el sábado, debe ser suficiente para mantener el dominio del campo y la posesión de la pelota la mayor parte del tiempo. El equipo que consigue esos objetivos, normalmente estará más cerca del gol y, en consecuencia, del triunfo que el adversario. Esa es la regla. La excepción, que suceda un accidente del futbol.

*

Ya con el pase al Mundial en la bolsa, sería necio exigir que México llegara como favorito al título, a la final, a semifinales... o incluso a cuartos de final. Si nunca ha sido uno de los ocho mejores, es ilógico que se le exija un rendimiento que excede, evidentemente, sus posibilidades reales. Lo razonable, así, estriba en ponerse como meta estar entre los 16 mejores.
Eso es ser realistas. Pedir más, es —para decirlo amablemente— ser ilusos.

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones