Viernes, 24 de Enero 2020
Deportes | A propósito por Jaime García Elías

* “Enchílame otra”

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

La empresa de conseguir el boleto para el Mundial del año próximo en Sudáfrica, según el diagnóstico de Javier Aguirre, se circunscribe a ganar todos los partidos que aún deben jugarse en casa... y conseguir algunos de los puntos que se van a disputar afuera...

Como quien dice, una cuestión de “enchílame otra”.

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Sin el menor afán de que al técnico nacional le salgan más canas (¿dónde las pondría, por cierto...?), al observador común no le queda claro cómo puede tenerse una razonable certeza --y ya no digamos la garantía-- de que esa empresa es factible.

Se dirá que los antecedentes históricos favorecen al “Tri”; que han sido excepciones que confirman la regla de su imbatibilidad en casa, los contadísimos episodios de descalabros del seleccionado mexicano, en el Estadio Azteca, en partidos eliminatorios...

Sin embargo, quien haya observado en los últimos años el funcionamiento del otrora “Coloso del Norte” del área de la Concacaf, estará de acuerdo en que su línea futbolística no tiene con qué espantarle el hipo a nadie. Es posible que México aún merezca el respeto de todos sus posibles adversarios en la zona geográfica en que tiene que ganarse los boletos a Juegos Olímpicos --empresa en la que ya fracasó en el último trecho de la “era” de Hugo Sánchez como timonel-- y campeonatos mundiales. En cambio, es difícil que nadie le reconozca su antiguo rango de “gran favorito” o le cuelgue, actualmente, la etiqueta de “temible”.

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El sábado, ante El Salvador, el seleccionado mexicano fue una triste caricatura de un equipo de futbol propiamente dicho.

Al margen de los descuidos a la defensiva que se tradujeron en los goles y --por ende, en la derrota--, su funcionamiento con la pelota en los pies fue, por donde se viera, lamentable. Lo suyo fue hacer circular el balón a lo ancho de la cancha... pero no a lo largo. Lo suyo fue jugar hacia atrás o hacia los lados... pero no hacia el frente. Y así, con un futbol --si esa cosa merece que se le llame futbol-- envolvente, pero no penetrante, es muy difícil conjugar, en ningún idioma, el verbo atacar. Y sin aplicar imaginación y fuerza física para atacar, la victoria --mejor dicho: las victorias, en plural, porque con una no basta-- es, en toda la extensión de la palabra, una misión imposible.

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