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Sábado, 16 de Febrero 2019
Cultura | Enrique Navarro

Visiones de Atemajac

Dr. Atl (V)

Por: EL INFORMADOR

En 1911, de manera inexplicable, Gerardo Murillo decide regresar a Europa, donde permanecería hasta el 14. Fueron tres años de despreocupada vida bohemia entre talleres de artistas célebres, mujeres "glamourosas" y tertulias con intelectuales, pero eso sí, siempre cargando bajo el brazo un lote y carpetas con sus pinturas y dibujos recientes. Vasconcelos, también exiliado en París, no bajaba de "charlatán delicioso" a nuestro querido Dr. Atl, debido a la propensión que el pintor siempre manifestó por mezclar realidad con ficción. Cabían en su inventario, hoy lo sabemos, hechos y cosas plausibles, pero también inexistentes habladas y llamaradas de petate. Cabe detenerse en este segundo autoexilio. ¿Cómo podemos acomodar o interpretar esta segunda estancia europea? ¿Cómo es posible que un temperamento enjundioso, intenso y caracterizado por supuestamente olfatear los conflictos socio-culturales (como las profundas trasformaciones que se avecinaban en México) decidiera hacer mutis, tomar sus bártulos y evadir su realidad histórica? En un espíritu combativo e iconoclasta como decía el Dr. Atl, ostentar todo esto me huele a avestruz metiendo la cabeza en un hoyo protector. Esta etapa será, sin duda, una tacha en su historial: exhibió sus límites, sus debilidades, la inconsistencia de su personalidad. Parece que en lo más climático del episodio revolucionario, él se pasmó. Quiero creer que esto obedece a que cierta inmadurez de su temperamento no soportó tanta "belleza y placer revolucionario", decidiéndose por un "coito interrumpido". Su evidente nerviosismo debía orillarlo, en teoría, a una disyuntiva con dos salidas: o se quedaba para enfrentar las cosas y transformarlas desde la trinchera local o, por lo contrario, buscaría la seguridad o comodidad de un terreno neutral. Optó por la fuga.

Él no tendría que justificar su decisión: cada quien hace de su vida un papalote, pero tampoco que nos vengan con que necesitaba alejarse para pensar las cosas, para tomar perspectiva o para buscar condiciones más propicias para la creación artística. Estas hipótesis no se sostienen ni con alfileres. Se apanicó y se evadió, sin más. Estaba, insisto, en su muy soberano derecho, pero su reacción no corresponde a la imagen atliana que la historia oficialista nos ha querido vender. Sin embargo, estando en Europa, le llegaron los remordimientos. Activista nato, se sumó al comité constitucionalista de exiliados maderistas opositores al usurpador Huerta, quien, después de asesinar al legítimo presidente Madero, buscaba un préstamo francés que le permitiera entronizarse. Desde su sede parisina, el comité cabildeó y publicó libelos denostando al "Chacal", logrando disuadir a los "inversionistas" franceses de prestar 75 millones de francos en una causa dudosa. El Dr. Atl comenzó a sacarse la espinita.

Además, recapacitó en 1914 y decidió encarar su destino. En apariencia eran la Revolución y el arte nacional quienes lo requerían: en realidad, se trataba de la búsqueda de sí mismo. Tal vez se miró en el espejo y no le gustó lo que vio reflejado: la brújula artística se había desdibujado, además, había un desagradable y muy sutil tufo de cobardía en la imagen. Decidió, en una afortunada toma de conciencia, asumir un compromiso más definido y regresar para dar la pelea frontalmente.

navatorr@hotmail.com
 

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