Cultura | Debate sobre la construcción de rascacielos y su papel como símbolo de progreso Torres, engendros y otras controversias El debate sobre el futuro de las ciudades pasa por la construcción de rascacielos y su papel como símbolo de progreso o especulación Por: EL INFORMADOR 3 de marzo de 2013 - 23:16 hs La Torre Cajasol. La obra del argentino César Pelli permanece detenida en la Isla de la Cartuja, España. ESPECIAL / MADRID,ESPAÑA (04/MAR/2013).- O muy lejos o muy cerca. El futuro de las ciudades europeas se bifurca cuando se considera a los rascacielos como vía inevitable de crecimiento. Algunas urbes, como Fráncfort, han reconstruido con ellos su identidad y su tejido urbano. Otras, como Londres, Milán o Varsovia, apuestan por llevar las torres al centro histórico, a la antigua city o al ensanche de la ciudad. Buena parte de las metrópolis los arrincona en barrios de negocios o en nuevos vecindarios y capitales como París los tiene estrictamente prohibidos en el centro, desde que, en 1972, los 210 metros de la monolítica Torre de Montparnasse osaron hacerle sombra a la Torre Eiffel. Con los símbolos no se juega. Algo así debieron pensar los regidores franceses y algo, en esa línea, ha sucedido en Sevilla, donde la Torre Cajasol del argentino César Pelli permanece detenida en la Isla de la Cartuja, lejos del centro pero vigilada de reojo por la Giralda, otro emblema. Inacabada y en espera de una decisión que incline la balanza entre la amenaza de la Unesco de retirar la calificación de Patrimonio de la Humanidad a monumentos como la Catedral o el Alcázar y la posibilidad de terminar el rascacielos, la Torre de Pelli ve cómo el tiempo le va cambiando el nombre sin que su conclusión permita intuir nada más que un futuro incierto. Los arquitectos sevillanos María González y Juanjo López de la Cruz sostienen que el impacto visual de la torre en esos monumentos es “nulo”, pero denuncian que “este entretenimiento mediático ha anulado discusiones más pertinentes, como la posibilidad de la construcción en altura como alternativa a los crecimientos horizontales de baja densidad, que son los que hipotecan el futuro y el territorio”. Si la arquitectura de firma tiene o no el poder regenerador que se le ha reconocido en los últimos años es algo que los rascacielos hacen mucho más evidente. Por eso, ya que la torre Cajasol existe, son muchos los colectivos que plantean recuperar lo ya construido (31 de las 42 plantas previstas) como viviendas para realojo. Muchos arquitectos proponen la solución de reconducir el problema, es decir: de plantear una zona de rascacielos, más allá de una pieza única, para que la ciudad siga mandando sobre la arquitectura. En las alturas Bilbao y Madrid representan dos caras opuestas a la hora de considerar el futuro del rascacielos y su capacidad recuperadora. Mientras la primera ciudad lo ubica en el centro, la segunda los aleja pero los multiplica. Como opinaban los arquitectos sevillanos, esas decisiones urbanísticas dibujan también modelos distintos de ciudad. Expandidos o concentrados, para que entren en las ciudades antiguas algo tiene que salir. Y en ese grupo de emigrantes urbanos figuran siempre los pequeños comerciantes, los ancianos, los jóvenes y todos aquellos con escasa capacidad adquisitiva para los que la llegada de los estos edificios al centro es indicativo de que su ciudad se ha convertido para ellos en una opción demasiado cara. “Un rascacielos contagia fe en el futuro”, opina la arquitecta Zaha Hadid, autora de la primera torre erigida en el puerto de Marsella y visible desde toda esa ciudad. Hadid defiende la necesidad de íconos para revitalizar las ciudades. Sin embargo, íconos o engendros, nada en el urbanismo español invita a encontrar un lugar fijo para este tipo de obras. Los nuevos rascacielos ya no son prismas rígidos. Las formas que permiten su fácil identificación triunfan entre los colosos de nueva factura. El sello de una autoría reconocible está detrás de los nuevos edificios de Nueva York, que, por encima de la sobriedad, han pasado a presumir de la singularidad de una firma. Es el caso del 8 Spruce Street de Frank Gehry o de la Hearst Tower de Norman Foster. La notoriedad de un autor ha atesorado algunas victorias. Fue ese factor lo que desatascó la construcción del mayor rascacielos de la Unión Europea. Un grupo inversor catarí apostó por Renzo Piano para erigir The Shard, inaugurado hace unos meses en Londres. Ese cambio marca una vía de futuro. Y es que Londres es la ciudad clave para analizar el futuro de los rascacielos en Europa. Allí lo han probado todo: de la resistencia al aplauso. Como sucedió con el barrio parisiense de La Défense, Canary Wharf quiso ser un nuevo suburbio de negocios en el que la normativa urbanística ascendió varios metros para permitir, precisamente, otra torre de César Pelli. Pero hace ya una década que los rascacielos han regresado para hacer más rentable el escaso suelo céntrico. En esa misma línea, si el viaje que va de simbolizar la especulación a representar la sostenibilidad llega a buen puerto, los rascacielos europeos podrían seguir ese camino y trasladarse de los distritos de negocios periféricos a los corazones urbanos. Con información de El País Temas Patrimonio Arquitectura Lee También ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? 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