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Domingo, 17 de Noviembre 2019
Cultura | La OFJ en el Teatro Degollado

Mendelssohn y Calcedo salvaron la velada

Música orquestal “fácil de escuchar” en el último concierto de la Filarmónica de Jalisco

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA,JALISCO.- El vaso medio lleno: la Sinfonía No. 4, llamada Italiana, de Mendelssohn, como casi siempre que se programa, aun cuando la interpretación no se aproxime a la perfección como quisiera quien presupone que una obra básica en el repertorio, como ésta, debiera de tocarse casi de memoria, fue un agasajo por sí misma; Nancy de la Caridad Calcedo, en el corno inglés, en el segundo movimiento (adagio) del Concierto de Aranjuez, de Rodrigo, eclipsó al solista por la inspiración que puso en el dúo con la guitarra y brindó a la concurrencia (muy buena entrada una vez más) los momentos musicales más plenos de la velada…
El vaso medio vacío: faltó solista… y faltó batuta.

El programa, denominado “Desde el Mediterráneo” -por su factura entre española e “italiana”-, fue un paréntesis en la tercera temporada de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) en el Teatro Degollado, dedicada a “El canto, la ópera y la zarzuela”. Enrique Radillo, director asistente, estuvo en el pódium.

Las obras Obertura del Cantábrico, En el Castro, Ayer vite en la fonte y Sal a bailar, del joven compositor avilesino Daniel Sánchez Velasco, corresponden a las notas del programa de mano: “Son fáciles de escuchar, pues maneja un limpio lenguaje tonal, el ritmo es simple y sin sobresaltos, sus melodías tienen pinceladas de un discreto neorromanticismo”. Faltaría decir, si acaso, que ni son capaces de conmover ni consiguen quedarse en la memoria; en una palabra, que es música descafeinada.

El Concierto de Aranjuez fue, probablemente, el gran imán de taquilla. Sergio Medina fue invitado a fungir como solista. Tras el prometedor desplante de hacer retirar el atril, vinieron los problemas. Puesto que de esta obra el público tiene demasiados referentes -se recuerdan, por ejemplo, interpretaciones de Enrique Flórez y José María Gallardo del Rey en ese mismo escenario-, las exigencias previas son altas. Medina se quedó por debajo de ellas. Acusó problemas de afinación e insuficiencias de volumen. La suya fue, siempre, una guitarra tímida. Lo mejor, como ya se apuntó, fue aportado por el corno inglés.

La ejecución de la sinfonía Italiana sufrió, desde el principio, por los excesos de la trompeta y disonancias de los metales. La obra sonó como si se tratara de la primera lectura de una pieza desconocida para los músicos. Faltó batuta -ya se dijo también- para darle pulimento en los ensayos. A Enrique Radillo aún le falta aprender que la mano de los grandes directores (como de los toreros) es la izquierda: la que modula, la que matiza, la que dosifica pianos y fortes, la que permite tocar la música y no sólo las notas. En fin…

Si lo del viernes sirvió de ensayo, es de desearse que hoy que se repite el programa, a las 12:30 horas, en el mismo escenario, los resultados sean mejores. Amén.

Jaime García Elías

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