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Jueves, 14 de Noviembre 2019
Cultura | “El vértigo de las listas”

La última obsesión de Umberto Eco

El autor italiano publica un estudio antológico de la afición humana por las enumeraciones

Por: EL INFORMADOR

CIUDAD DE MÉXICO.- “El que lea mis novelas verá que en ellas abundan las listas, y los orígenes de esta predilección se remontan a mis estudios juveniles”, manifiesta Umberto Eco. Tal vez por ello, ahora que es uno de los más consagrados autores mundiales ha decidido recapitular su vieja inquietud y publica El vértigo de las listas, un estudio antológico de la afición humana por las enumeraciones, a partir de textos literarios y obras de arte de todos los tiempos. Lo lanzó el mes pasado en la Feria del Libro de Frankfurt la editorial italiana Bompiani y en las próximas semanas aparecerá de forma simultánea en 15 países.

En la tónica de proyectos anteriores del semiólogo de Alessandria como la Historia de la belleza (2004) y la Historia de la fealdad (2007), se trata de un volumen cuidado y ricamente ilustrado, que sin llegar al objeto de bibliófilo está cerca de lo que en el argot editorial se conoce como coffetable book. Eco lo hace coincidir con un ciclo de conferencias sobre el tema que dirigirá para el Museo del Louvre durante este mes.

En su análisis realizado por el autor de El péndulo de Foucault, las listas aparecen en las culturas primitivas, que tienen una imagen imprecisa del universo y enumeran sus propiedades sin establecer entre ellas una relación jerárquica. Y reaparecen en el mundo medieval, el renacimiento y el barroco, “y especialmente en el mundo moderno y posmoderno”. ¿Con qué criterios se forman? A continuación se pueden ver algunos:

Lista visual. Plantea sus enumeraciones en el espacio. Cuadros como El jardín de las delicias del Bosco y su minucioso registro de personajes y situaciones chocantes: Los once mil mártires de Pontorno y su repetición de crucificados: representaciones de batallas y ejércitos que aspiran a crear la sensación de mostrar la totalidad de sus integrantes.

Listas de cosas. Como las enumeraciones de sustancias malignas que aparecen en Macbeth, de Shakespeare: “Garguero de buitre y de vil renacuajo; / alas de murciélago, piel de escarabajo, / ojos de lagarto, lengua de mastín, / plumas de lechuza y piel de puerco espín”. La colección de objetos guardados en un cajón de la cocina de Leopold Bloom en el Ulises de Joyce… “A veces son simplemente olores, o bien hedores, como en las ciudades descritas por Suskind”.

Listas de lugares.
Charles Dickens enumera en su obra Casa desolada una veintena de espacios londinenses envueltos por la niebla. Italo Calvino, en Las ciudades invisibles, recrea el álbum del gran Kan, donde aparecen mapas de todas las urbes del mundo. Aunque la clásica lista de lugares es la de El Aleph de Borges, aquella “pequeña esfera tornasolada de casi intolerable fulgor” en la que el argentino vio “ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”.

Listas de “Mirabilia”. Enumeraciones medievales de criterios vagos, donde cabe de todo. Como las Etimologías de Isidoro de Sevilla, que mezclan gramática con medicina, agricultura o trabajos domésticos.

Colecciones y tesoros. Las de los grandes señores romanos o renacentistas, o de los museos de nuestro tiempo. Privan “el gusto por la acumulación y el incremento ad infinitum”.

Listas excesivas. De la época barroca en adelante, se encuentran muchas listas elaboradas por el mero placer de deformar. El mayor ejemplo lo brinda François Rabelais, que enumera en tono grotesco desde los juegos que Gargantúa sabía jugar hasta las adjetivaciones del miembro viril o “tantos y tan inauditos modos de limpiarse el trasero”. De esta tendencia surge la “enumeración caótica” característica de la modernidad: el que se encuentra en las Iluminaciones de Rimbaud o en el Cortejo de Jacques Prévert: “Un húsar de la farsa con una víctima de la muerte / Una serpiente de café con un molinillo de cascabel / Un cazador de cuerda floja con un volantinero de cabezas / Un mariscal de espuma con una pipa en retiro…”.

Para Umberto Eco, en fin, la poética de la lista ha invadido la cultura contemporánea: desde las sopas de Warhol hasta la world wide web, “la gran madre de todas las listas”. Es la que, en palabras del semiólogo, ofrece un catálogo de informaciones que “nos hace sentir ricos y omnipotentes al precio de no saber cuál de sus elementos se refiere a datos del mundo real y cuál no, sin distinciones ya entre verdad y error”.


Las listas y los catálogos no son fruto de la casualidad, sino de una mente que, al clasificar la realidad, la transforma”

Umberto Eco, intelectual, semiólogo y escritor

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