Cultura | Conmemoran a Barragán y De la Peña en el día del arquitecto El arte de crear y ser iconos En su día, creado hace siete años, se recuerda a dos de los grandes de Jalisco: Luis Barragán y Julio de la Peña Por: EL INFORMADOR 1 de octubre de 2011 - 01:34 hs Uno de los espacio de la casa estudio Luis Barragán en la Ciudad de México. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (01/OCT/2011).- Si la arquitectura es el arte y la técnica de proyectar y diseñar edificios y espacios que forman el entorno humano, en el último tramo de la historia universal sus hacedores además han sabido construir sus propios personajes. Figuras de la talla del alemán Walter Gropius (1883-1969), el germano americano Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), el suizo francés Le Corbusier (1887-1965) y el norteamericano Frank Lloyd Wright (1867-1959), quienes conformaron una generación que marcó acentuadas diferencias en la manera de concebir la arquitectura –gracias a la llegada del acero y el concreto-, heredaron también una conciencia de sí mismos como portadores de una singular personalidad profesional. El primero de ellos, Gropius, es el pionero en introducir el uso de estructuras metálicas finas, superficies acristaladas y techos planos. Con estas ideas, funda la escuela de diseño Bauhaus (1919) de donde surgen edificios, muebles y objetos por demás originales sin dejar de lado la característica de lo funcional. Inicia también una significativa labor en el diseño de complejos de vivienda en los que innova con el empleo de fachadas lisas y líneas rectas, dando lugar a una arquitectura moderna internacional. Por su parte, Mies van der Rohe, conocido como el padre del minimalismo, revoluciona también de manera radical el concepto de vivienda en la posguerra de principios del siglo pasado. Una de sus obras emblemáticas convertida en referente de la historia de la arquitectura contemporánea es el Pabellón alemán en Barcelona hecho en 1929 y reconstruido en los ochenta. Sin lugar a dudas, su diseño para la silla Barcelona, entre otros, instauró el modernismo clásico del siglo XX. Él deja como legado cánones novedosos para la arquitectura bajo las premisas de “Menos es más” y “Dios está en los detalles”. Le Corbusier, a su vez, es uno de los arquitectos más influyentes del pasado siglo. Su verdadero nombre fue Charles Edouard Jeanneret-Gris pero adoptó el seudónimo una vez que radicaba en París. De su primer trabajo con Auguste Perret aprendió la técnica del uso del concreto armado con la cual se enfocó al diseño de edificios residenciales donde funcionalidad y belleza convergen, y su fuerte tendencia urbanista lo llevó a concebir el concepto de la Ciudad Contemporánea. De él es la frase: “La arquitectura no es solo una profesión, es una manera de ser”. Y Frank Lloyd Wright, inspirador de múltiples profesionistas que han sabido continuar el criterio de espacios abiertos con transparencia visual, profusión de luz y sensación de amplitud. Una de sus obras maestras, la Casa Fallingwater (1939) ubicada en Pennsylvania, que está edificada sobre una enorme roca y encima de una cascada con un estilo moderno absolutamente adelantado a su época, ha sido modelo recurrente para generaciones subsecuentes. Por lo que a su vida privada respecta, Wright motivó a la escritora Ayn Rand que en su novela El Manantial (1943) se basa parcialmente en el talento personal de este arquitecto. Mitos y leyendas sobre estos grandes de la arquitectura nunca han demeritado la imagen que de sí mismos construyeron. De Gropius se dice que el hecho de no haber sabido dibujar no le impidió convertirse en una de las figuras más trascendentes de la arquitectura del siglo XX y el creador de una escuela que si bien debió cerrar en 1933 por la ocupación nazi en Alemania, se tradujo en toda una tendencia estilística a la postre. Sobre Mies van der Rohe se ha dicho que no tuvo empacho en expulsar estudiantes a diestra y siniestra de la Bauhaus cuando fue director de la misma, debido a su mal carácter. Y otra imagen que lo persigue es aquella de un martini en su mano a temprana hora del día y la expresión de “Dios está en los pequeños detalles” mirando a las aceitunas de la copa. A Le Corbusier le trascendió el hecho de que fue periodista por formación –por ello prolífero en las letras- y que su habilidad arquitectónica la obtuvo al trabajar en el despacho de Auguste Perret en Francia; mientras que de Wright se comenta que su muy escasa estatura lo llevó al uso de proporciones pequeñas, tales como techos y puertas demasiado bajas, en contraposición a una frase suya carente de sutileza: “No pretendo ser el mayor arquitecto que haya existido hasta ahora, quiero ser el más grande que llegue a existir jamás”. Es así como estas grandes figuras de la arquitectura moderna que supieron cultivar sus propios personajes además de sus pensamientos, se convirtieron en “artistas que han quedado atrapados en su propio ingenio”, como sostienen Anatxu Zabalbeascoa y Javier Rodríguez Marcos en el libro Vidas construidas (1998). Tapatíos universales Guadalajara ha otorgado su cuota de arquitectos estrella al mundo, en el sentido de que fueron individuos que legaron teoría y modelos a su disciplina, al tiempo que llevaron sus vidas dentro de un esquema de cierta excentricidad, manteniendo de manera genuina el binomio intelecto y personalidad. El primero de ellos es Luis Barragán (1902-1988) quien le da a México la máxima presea en arquitectura, el Premio Pritzker que obtuvo en 1980. Aunado a haberle aportado al mundo un “estilo mexicano universal”, su personalidad en demasía intimista, privada y ciertamente ortodoxa, combinada con factores como los de ser culto, bien vestido y selectivo para socializar –únicamente con personas de reconocida inteligencia-, generó todo un mito del cual quizás él no estuvo enterado. El devenir de su acervo intelectual también contribuye de manera contundente a la construcción de la leyenda que lleva su nombre ya que éste fue subastado en Nueva York y adquirido por la Fundación Barragán de Basilea, Suiza, en 1996. El segundo tapatío que brilla con facilidad en esta lista, es Julio de la Peña (1917-2002). De personalidad alegre y carismática, fungió como el polo de la modernidad arquitectónica tanto en esta ciudad como en otras partes del país. Amiguero, dicharachero y cordial, diseñó su personaje mediante el uso diario de unas gafas redondas, su eterna loción Barón, cejas y bigote inglés, capas invernales y el reloj por encima del puño de la camisa, así como su preferencia por los vehículos descapotables. Para él, el trabajo del arquitecto debía basarse en “la búsqueda imperfecta de una perfección inalcanzable”, lo cual procuraba allende su campo profesional. Julio de la Peña logró la cohesión del gremio local, lo cual consiguió al presidir el Capítulo Guadalajara de la Academia Nacional de Arquitectura. Con ellos, la figura del arquitecto que ha sabido diferenciarse mediante el diseño de una personalidad llevada a lo espectacular en el siglo XX, deja lugar a unos cuantos que solo con el tiempo lograrán signar su nombre en esta lista. Ana Guerrerosantos ''Dios arquitecto del universo; él y yo: colegas.'' Luis Barragán, arquitecto ''En mí se premia entonces a todo aquel que ha sido tocado por la belleza.'' Julio de la Peña, arquitecto Temas Arquitectura Artes Visuales Lee También El Festín de los Muñecos cumple 20 años; anuncian el cierre de un ciclo Cantos de tierra y exilio: Illapu vuelve a Guadalajara Un octubre artístico para celebrar los 31 años del MUSA Guadalajara: la ciudad que respira arte Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones