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Lunes, 16 de Septiembre 2019
Cultura | Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM)

El Degollado se llenó de experiencia

Con la Orquesta Sinfónica del Estado de México, que festeja sus 30 años de trayectoria, el director fundador fue el gran ovacionado

Por: EL INFORMADOR

La OSEM prensentó un programa que incluyó varios ballets como El sombrero de tres picos. E. PACHECO  /

La OSEM prensentó un programa que incluyó varios ballets como El sombrero de tres picos. E. PACHECO /

GUADALAJARA, JALISCO (01/AGO/2011).- Tres décadas no pasan en balde. Dicen sus biógrafos que Enrique Bátiz Campbell nació y creció músico, pero también nació y creció inquieto. “Son los inquietos quienes conquistan el mundo” aseguran los que lo conocen. La noche del sábado, en el Teatro Degollado, este hombre que el siguiente año cumplirá 70, hizo vibrar al respetable público con los 68 músicos de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) con una sola mano, la que lleva la batuta. La otra sólo la utiliza para cambiar de página sus partituras y para demostrar que esos 30 años que tiene como director de la orquesta, en efecto, no han pasado en balde.

La confusión reinó desde antes del concierto. Según el portal de Ticketmaster, la presentación daría comienzo a las 20:00 horas del sábado. Pero en el programa y en las cortesías que se repartieron, con remitente de la Secretaría de Cultura del Estado, la hora señalada era las 20:30 horas. Media hora de tolerancia no hizo que el Degollado se llenara: varios huecos en la luneta y los balcones superiores desolados. “Qué lástima”, dirían después una pareja que se sentó en la tercera fila, “si supieran que esto se escucha fantástico hasta hubieran gastado los 170 pesos que costaba el boleto”.

El programa comenzó con El Cid, de Massenet, una ópera en cuatro actos que fue representada por primera vez en el Teatro de la Ópera de París, el 30 de noviembre de 1885. Le siguió el ballet El amor brujo, una pieza que cuenta la historia de una joven gitana, cuyo amor por Carmelo se ve atormentado por su antiguo amante. La obra posee ritmos marcadamente andaluces, y por eso las castañuelas son la que parten plaza para que la voz de Grace Echaury le diera el tinte melancólico y el grito ahogado que el cine les ha asignado a los gitanos dolidos.

Intermedio
Según el programa han pasado 41 minutos desde que inicio la velada. De su asiento se levanta, con la sonrisa en el rostro y una camisa a cuadros azul, excelentemente planchada y fajada, Diego Yael Rodríguez Rodríguez. Tiene siete años y por lo tanto su presencia está prohibida, según el reglamento que se puede leer en el folleto donde viene el programa y que ha distribuido la OSEM.  Pero es que Yael, aunque esté bien portadito, sentado derechito y con el cabello perfectamente engomado, no viene a ver a la orquesta ni tampoco a su director. Él viene a ver a su tío.

Arturo Rodríguez es el tío artista de Yael, toca el contrabajo en la orquesta sinfónica desde hace 12 años, mismos que tiene residiendo en Toluca. “Yo soy de aquí, estudié aquí a ladito, en la cárcel esa…” , dice bromeando y apunta hacia la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara (UdeG). “Me tuve que ir porque allá sí hay más respeto por los músicos. Allá me pagan más del doble de lo que me podrían pagar aquí; me fui por falta de oportunidades”.

Es hora de regresar para escuchar la última parte del concierto, El sombrero de tres picos, una pieza de ballet de Manuel de Falla. Es tiempo, también, de ver que hay gente que siente la tristeza de la música y en el caudal de sus ojos ruedan las lágrimas. Con el compás que Enrique Batiz marca con su batuta la gente se contorsiona en sus asientos. Personas cuyos poros se convierten en pequeños puntos donde los vellos se erizan. A veces la nariz los traiciona y sollozan. Se quieren reprimir pero es demasiado tarde, sollozan porque sienten, porque la música les ha recordado alguna experiencia en sus vidas. Ese fue el regalo que dio la OSEM al público tapatío.

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