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Lunes, 16 de Septiembre 2019
Cultura | El tapatío inaugura exposición en la galería juan soriano,a las 20:30 horas

Balo Pulido, pintor por accidente

Literatura ilustrada. Una interpretación pictórica de la literatura, es la muestra del pintor que abre este viernes

Por: EL INFORMADOR

Pulido explica en entrevista que la expo en puerta mostrará el trabajo hecho como si se lo hubiera encargado una editorial.  /

Pulido explica en entrevista que la expo en puerta mostrará el trabajo hecho como si se lo hubiera encargado una editorial. /

GUADALAJARA,JALISCO (05/DIC/2012).- Son las 11 de la mañana y hace calor en pleno noviembre. Sentado sobre una mesa de un café ubicado en el Centro Histórico, que mira hacia Avenida Juárez, el pintor Balo Pulido (Guadalajara, 1975) pide una cerveza. El mesero repele su petición, pues todavía es temprano. Leobardo –su verdadero nombre- viste una chamarra de piel y pantalón de color oscuro. El pelo suelto como un rebelde sin causa, hojea un periódico sin concentración. Pide un café.

Balo Pulido quería ser músico pero se volvió pintor autodidacta. Una fractura en la pierna, tras caerse de una motocicleta cuando trabajaba como cobrador, lo dejó un año fuera de los pequeños escenarios en los que se presentaba con su banda de covers. La pierna rota le permitió pintar pero no tocar. Se incapacitó. Era un pintor de tiempo completo.

Su carrera ha tenido pinceladas de suerte. Luego de las explosiones del 22 de abril de 1992, hubo una manifestación artística en Plaza de la Liberación que se llamó “Que el arte estalle en las calles”. Balo, cuyo padre trabajó como rotulador, ayudó llevando pintura a los artistas participantes. Sobró una manta y la intervino. Ayudarle a su padre le había enseñado a mezclar colores y trabajar el pulso. La manta que Balo pintó se subastó y fue la segunda más cotizada, después de una de Javier Campos Cabello. Un accidente lo descubrió en el oficio.

Otro gesto ocurrió en 2010 cuando resultó uno de los ganadores del Jardín Bicentenario, un jardín escultórico en el Parque Morelos, en donde destacó con la pieza El nicho de la patria, y este 2012, cuando resultó uno de los ganadores del Primer Premio de Escultura Juan Soriano con su pieza Suspendida en la atmósfera. Esos dos fueron los primeros concursos de escultura en los que participó el pintor.

Se considera extrovertido, al contrario de su hermano Roberto Pulido –también pintor-. Una vez un cliente de León, Guanajuato, le preguntó si estaba triste pero Balo le respondió que no. En su paleta maneja azules grisáceos, verdes olivos, pero cuando pinta no piensa en plasmar su tristeza.

Ya no se acuerda si le costó trabajo convertirse en pintor. Lo que sí recuerda es cuando la gente decía que el “hermanito” de Roberto Pulido pintaba. La manera humilde en que tomó la crítica le ayudó a no generar ego. Es el más chico de tres hermanos. En su pequeña casa cuajada de cuadros pintados por él, convive con una gata gorda que se siente tigre y con una pequeña perra ciega que choca con todos los muebles.

—¿De qué habla tu obra?

— Antes de 2000 me dedicaba a hacer figura humana y muchos temas nocturnos, incluso especies de rumberas, escenas de noche, cabaret. Después me he cargado un poco más hacia el paisaje. He tenido una búsqueda de cuando rompí con la figura humana precisamente para buscar el paisaje. La figura humana es un invitado para dar un punto de  partida, pero ya no es la clave importante de la pieza. En el paisaje estoy volviéndolo más alternativo, un punto de vista más contemporáneo, jugando más con la textura y espontaneidad con la espátula. Este 7 de diciembre tengo la exposición Interpretación literaria, en la Galería Juan Soriano. La temática de esta exposición es que hago la pintura de una manera como si una editorial me pidiera que ilustrara un libro, pero sin importar si tengo conocimiento del libro. Lo que trato de mostrar es la interacción que hay entre el lector y un libro cuando se encuentran, tú igual no conoces nada del autor ni del libro, pero la portada y el título tiene mucho que ver. Manejo obras maestras, libros que incluso no he leído. Entre los autores están Franz Kafka, con El castillo; La Divina Comedia, Pedro Páramo…

—¿Te gusta la literatura?

—Me gusta la literatura, pero últimamente he estado en la literatura más que nada sintiéndola de una manera visual, por ejemplo Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es imposible ilustrarla si la lees. Bueno, sí la puedes ilustrar pero te quedas muy limitado porque es muy visual. Tienes infinidad de pasajes que estarías sacrificando por uno.

—¿Es tu novela favorita?

—No es mi novela favorita pero es en la que más me he enfocado. He hecho varios temas de esta novela. Quisiera tener más tiempo para leer pero no alcanza entre una cosa y otra.

Eso es una pintura, parece como si te estuviera platicando con pinturas todo el tiempo. Entonces tienes que ir fluido porque si te quedas a ver la pintura… Yo suelo cerrar el libro y quedarme contemplando y a veces ya se te va y se va el ritmo, pero es un bombardeo de imágenes.

—Háblame de ti.


—Soy tapatío, nací el 18 de enero de 1975. Soy capricornio. Se nota que ya no aguanta uno las desveladas.

—El ritmo de vida del artista…


—También. El arte es muy alcahuete. Hay que sobrevivir a eso. Un colega una vez me dijo: “Yo cuando estaba en artes plásticas quería vivir de la forma en que ahora vivo, con acceso a la vida social y pública; las exposiciones, la bohemia y todo eso. Y ahora que vivo así estoy cansado”.

—¿De qué te diste cuenta  con todo este ambiente?

—Me he dado cuenta de que la vida de un artista se nutre de emociones, de esa vida bohemia y del mundo social, pero al mismo tiempo es algo que a la larga puede traicionarte y desgastarte, ponerte en riesgo la disciplina y la salud, porque ya después te das cuenta que el tiempo es muy corto para lo que quieres lograr en tu pintura. Ya es mucha ventaja lograr mantenerte vivo muchos años más. En una ocasión Alejandro Colunga mencionó que se encontró a Rufino Tamayo y le preguntó cuándo ya se podía considerar uno un artista. Tamayo le contestó que uno era artista cuando llegaba a los 50 años, que era cuando podías empezar a pintar de verdad. Si así fueron las palabras de Tamayo, porque no me constan, quiere decir que previo a los 50 es un ensayo general o los preparativos para una gran batalla. También es necesario que llegue la madurez del artista, porque durante los años salvajes hay cosas que son necesarias para el artista como en campo de acción o resistir al mundo apático hacia las artes.

—¿Y cómo ves a los artistas actualmente?

—Antes un artista era temido, cosa que ahora no, a menos que seas una vaca sagrada reconocida a nivel mundial. Muchos son reconocidos a nivel mundial porque también alguien mencionó una vez que el artista debe ser un buen artista y un buen comerciante para que sea un artista completo: saberse vender. Y yo veo muchos artistas, sin mencionar nombres, porque en gustos se rompen géneros, que son buenos porque se han sabido vender. Toda raya que hacen la venden porque ya hay una mercadotecnia detrás de ellos. Ya se vuelve una empresa. No estoy en contra, simplemente ahora algunos artistas son temidos por su poder mercantil y ya no se involucran tanto en la vida política.

—¿Cuáles son las emociones que intentas plasmar más en tus obras?

—No vivo pensando qué pintar.  La pintura no hizo a Balo Pulido. Si tuviera otro oficio tendría el mismo carácter. Mi forma de ser no se la agradezco totalmente a la pintura, porque cuando yo voy al mar o a la montaña me olvido de la pintura. Antes cargaba con papel y todo para hacer bocetos pero entonces reflexionaba: “No voy a estar pensando en pintar todo el tiempo”. Mejor me entrego a las pasiones, a las emociones. Sí hago anotaciones, pero para pintar el amor necesito enamorarme. Si soy una persona que se abre al amor y a los riesgos como cualquier persona, creo que por ahí van las emociones con la pintura,  (hay que vivirlas) más que agruparlas o estarlas registrando.

—¿Qué tan fiel has sido al oficio?

—Cuando empecé a pintar, y que pretendía hacerlo de una manera profesional, quería tener las tablas suficientes para ser un gran maestro, que era llegar a pintar la realidad a la perfección. Luego me olvidé del bigotito y la pestañita y pinté a la persona en una silueta, con unos manchones detrás. Había más pasión y honestidad que el estar una semana sobándole y sobándole.

—¿Y tus influencias?

—No estoy seguro cuáles sean. Edward Munch me marcó mucho. Los clásicos impresionistas. Cézanne…

—¿Cómo defines esta etapa de tu carrera?

—Este etapa es clave porque estoy cosechando algo de hace mucho tiempo. Ya empiezan a verse los frutos, aunque la responsabilidad se está volviendo más dura todavía. Tengo 37 años y no me siento viejo ni joven. Están saliendo canas pero siento que mi obra está madurando. Mi estilo se está logrando. Ahora hay que traducirlo y no solamente quedarse en Guadalajara, porque decían que el que nada más es famoso en Guadalajara no es famoso en ningún lugar del mundo.

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